En el Valle de Uco los viñedos crecen a los pies del volcán Tupungato
El Valle de Uco es una región vitivinícola moderna y de paisajes muy llamativos de Argentina. Emplazado a gran altitud a los pies del volcán Tupungato y el Cordón del Plata, destaca por sus bodegas de diseño arquitectónico futurista y vinos de alta gama.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La Revolución del terroir de alta montaña
Durante las últimas dos décadas, el Valle de Uco ha protagonizado una gran transformación de la vitivinicultura argentina.
La combinación de suelos aluvionales con alto contenido de carbonato de calcio (calcáreo), intensa radiación solar ultravioleta y noches sumamente frescas otorga a los vinos una acidez natural vibrante, taninos minerales y una frescura aromática muy marcada.
La región es una escala obligatoria en cualquier recorrido por Mendoza y un destino de estándar mundial en Argentina.
Arquitectura monumental y bodegas de diseño
El valle asombra por sus bodegas concebidas como obras maestras de la arquitectura contemporánea integradas en el paisaje andino.
Bodega Zuccardi Piedra Infinita, de arquitectura inspirada en el paisaje del valle, o Bodega Salentein, con su imponente cava subterránea en forma de cruz y el centro cultural Killka, son templos de arte y enología.
Los ventanales de los comedores enmarcan directamente las cumbres nevadas del Cordón del Plata.
Gastronomía y planificación del día
Dada la distancia desde la capital mendocina (algo más de una hora por carretera), se recomienda planificar la jornada visitando dos bodegas: una para cata matinal y otra para un almuerzo prolongado de pasos.
Puedes combinar esta experiencia con el circuito de Luján de Cuyo o una escapada hacia el Dique Potrerillos.
Cocina local:
En el Valle de Uco hay restaurantes de cocina de autor que apuestan por los productos de la zona y por la sostenibilidad.
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Tres departamentos y un mismo horizonte
El Valle de Uco reúne tres departamentos: Tupungato, Tunuyán y San Carlos. Cada uno tiene su propio carácter, aunque todos comparten la misma postal de viñedos extendidos al pie de la cordillera. Tupungato, al norte, toma el nombre del volcán que domina el horizonte.
Tunuyán suele funcionar como el centro de servicios del valle, con plazas, comercios y propuestas para comer. San Carlos, más al sur, ofrece un ritmo más tranquilo y paisajes agrícolas más abiertos. Entender esta división te ayuda a planificar el día sin cruzar el valle de punta a punta.
La región recibe el agua de los ríos que bajan de la cordillera, y esa disponibilidad explica que haya cultivos de otras especies junto a la vid, como frutales, hortalizas y nogales.
Al recorrer los caminos secundarios verás acequias, álamos como cortavientos y pequeñas fincas familiares que conviven con propiedades grandes. Esa mezcla le da al valle un aspecto menos uniforme de lo que se podría pensar y permite descubrir una vida rural que va mucho más allá del vino.
Cómo se vive una visita a una bodega
La mayoría de las bodegas funciona con reserva previa, y conviene hacerla con antelación, sobre todo en temporada alta. Una visita típica combina un paseo por los viñedos, una explicación del proceso de elaboración y una cata de varias etiquetas.
Los guías suelen detenerse en las diferencias entre parcelas, que explican por qué vinos de una misma variedad pueden tener personalidades distintas según el suelo, la altura y la orientación de la ladera. Es una forma sencilla de aprender sin necesidad de saber de vino.
Si conduces tú, planifica con cuidado el reparto de las catas y piensa en alternativas para el regreso, como un conductor designado o un servicio de traslado. Es prudente no encadenar demasiadas visitas, porque las experiencias largas, con almuerzo incluido, ocupan buena parte de la jornada.
Elegir dos propuestas distintas, por ejemplo una de carácter más artesanal y otra de arquitectura llamativa, te da una visión más completa del valle.
Cuándo ir y qué llevar
Cada estación tiene su atractivo. En primavera los viñedos brotan y el verde contrasta con las cumbres todavía nevadas. El verano trae días largos y calurosos, con noches frescas.
El otoño es la temporada de cosecha y de colores dorados y rojizos en las hojas, y el invierno ofrece un paisaje austero y muy luminoso.
Lleva ropa por capas, porque la amplitud térmica entre el día y la noche es grande, además de sombrero, gafas de sol y protección solar.
Desde el valle se puede continuar hacia zonas de montaña cercanas, con caminos que se internan en la cordillera y ofrecen senderismo y vistas amplias.
Si dispones de más de un día, es buena idea pasar al menos una noche en la zona: así evitas regresos apresurados, ves el atardecer sobre los viñedos y disfrutas del cielo nocturno, que en estas latitudes y con poca contaminación lumínica suele ser muy claro.





