La cárcel de reincidentes que pobló Ushuaia es hoy un museo

El Museo Marítimo y del Presidio de Ushuaia ocupa el histórico edificio de la cárcel de reincidentes que funcionó entre 1902 y 1947, motor del poblamiento moderno de la ciudad. El complejo alberga el Museo del Presidio, el Museo Marítimo, el Museo Antártico y una destacada galería de arte marino.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Pabellón histórico de celdas del antiguo Presidio de Ushuaia y actual Museo Marítimo.
Gastón Cuello, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

La prisión del Fin del Mundo que forjó Ushuaia

En pleno casco cívico de Ushuaia, el Ex Presidio y Cárcel de Reincidentes es uno de los monumentos históricos más significativos de la Patagonia austral. Concebida por el Estado nacional a principios del siglo XX para afirmar la soberanía territorial, albergó a los criminales más peligrosos y presos políticos del país.

Pabellones intactos, celdas y Museo marítimo

El Pabellón 1 se conserva exactamente en su estado original sin restaurar, transmitiendo el frío implacable y el aislamiento que experimentaban los presidiarios.

En otros pabellones se exhiben maquetas a escala de buques expedicionarios antárticos, relatos de naufragios en el Cabo de Hornos e historias de las misiones indígenas yaganes y selk'nam.

La visita se articula naturalmente con el viaje en el Tren del Fin del Mundo y una navegación por el Canal Beagle.

Boleto válido por 2 días consecutivos:

La entrada al complejo del presidio es válida para dos jornadas consecutivas con previa revalidación en boletería, lo que permite recorrer todos sus museos sin prisas.

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Génesis del presidio: colonización penal y soberanía en Tierra del Fuego

La historia urbana de Ushuaia se encuentra indisolublemente ligada a la creación de su establecimiento penal a fines del siglo XIX.

Con el objetivo estratégico de afianzar la soberanía territorial de Argentina en los confines australes de la Patagonia y disuadir pretensiones limítrofes extranjeras, el Estado nacional impulsó el traslado de reclusos militares y penados de alta peligrosidad hacia la isla Grande de Tierra del Fuego.

Lo que comenzó en 1896 como un precario campamento de madera y chapa en Puerto Golondrina se transformó pocos años después en un complejo penitenciario de mampostería proyectado según las teorías carcelarias más modernas de la época.

Entre 1902 y 1920, fueron los propios presidiarios quienes levantaron los muros de la prisión, extrayendo piedra de las canteras locales y talando miles de árboles en los densos bosques de lenga del canal Beagle.

El diseño adoptó un esquema radial o panóptico compuesto por cinco pabellones dispuestos en abanico que convergían en un vestíbulo central de vigilancia.

Alrededor del presidio creció el trazado fundacional de Ushuaia: los talleres penitenciarios de herrería, zapatería, panadería y carpintería abastecían a los vecinos pioneros, mientras que la primera red eléctrica, el servicio telefónico y el muelle de la bahía fueron construidos por la mano de obra carcelaria.

Asimismo, la presencia continuada de personal militar y penitenciario estimuló el comercio marítimo austral y consolidó la soberanía argentina sobre el archipiélago fueguino frente a los desafíos geopolíticos de la época.

El pabellón histórico: aislamiento sin restaurar y condiciones extremas

Entre las cinco galerías que integran el complejo, el Pabellón 1 permanece deliberadamente intacto, conservado en su estado original sin obras de restauración arquitectónica. Adentrarse en este corredor frío y despojado permite comprender con crudeza las penurias cotidianas de los internos en la cárcel más austral del planeta.

Las trescientas ochenta celdas individuales, de escasos cuatro metros cuadrados, carecían originariamente de calefacción central en un clima donde el invierno polar hace descender los termómetros por debajo de los diez grados bajo cero.

Las paredes de mampostería encalada, las estrechas aspilleras que hacían las veces de ventanas y las puertas macizas de chapa con mirillas de hierro transmiten una atmósfera opresiva y sombría.

La humedad persistente que rezuma por las grietas, los suelos desgastados de cemento y el silencio helado del pabellón recrean de forma gráfica el régimen de aislamiento celular y la rigidez disciplinaria a la que eran sometidos los reclusos considerados incorregibles por la justicia federal de principios del siglo XX.

Caminar por esta galería en silencio permite conectar con el aislamiento geográfico absoluto de Tierra del Fuego en aquellos años, cuando la fuga equivalía a una muerte casi segura en los turbales helados.

Reclusos célebres: el Petiso Orejudo, Simón Radowitzky y Mateo Banks

El presidio albergó en sus celdas a algunos de los personajes más notorios de la crónica criminal y política argentina.

Entre ellos destaca Cayetano Santos Godino, conocido popularmente como el 'Petiso Orejudo', el primer homicida múltiple de la historia policial del país, quien pasó décadas recluido en Ushuaia hasta su fallecimiento en 1944.

Su figura y sus pertenencias personales forman parte de los paneles documentales que analizan la evolución de la criminología positiva de la época.

En el plano político, el presidio confinó a Simón Radowitzky, el joven anarquista ucraniano condenado por el atentado contra el jefe de policía Ramón Falcón en Buenos Aires en 1909.

Radowitzky protagonizó una audaz y novelesca fuga en 1918 cruzando hacia costas chilenas antes de ser recapturado en Punta Arenas. También cumplió condena aquí Mateo Banks, responsable de una sonada masacre familiar en la pampa bonaerense durante la década de 1920.

El análisis de estas biografías ofrece una radiografía detallada de las tensiones sociales que atravesaron al país en su conformación moderna.

El tren de los presos: explotación maderera en el valle del río Pipo

Dada la escasez crónica de combustible mineral en Tierra del Fuego, la supervivencia de la cárcel y de la población civil dependía de la recolección masiva de leña para alimentar las calderas y las cocinas.

Para trasladar a los reclusos y las pesadas cargas de troncos desde los bosques interiores hasta la costa, el presidio construyó una línea ferroviaria de trocha angosta (sesenta centímetros) que en sus inicios funcionó con tracción a sangre sobre rieles de madera antes de incorporar locomotoras a vapor.

Cada mañana, cuadrillas de penados encadenados partían en vagones abiertos hacia las laderas del monte Susana y los valles del río Pipo, trabajando a la intemperie en la tala con hachas y sierras de mano en condiciones de frío extremo.

La huella de aquella explotación forestal extensiva aún resulta visible hoy en los tocones centenarios que salpican el paisaje del parque nacional. En la actualidad, una sección recuperada de ese histórico trazado ferroviario funciona con fines turísticos bajo el nombre del Tren del Fin del Mundo.

Museo Marítimo, Antártico y de Arte Marino: colección multidisciplinar

Tras la clausura del penal ordenada en 1947 por el presidente Juan Domingo Perón por razones humanitarias y edilicias, el predio quedó bajo custodia de la Armada Argentina.

A partir de la década de 1990, una asociación civil transformó las instalaciones en un ambicioso centro cultural multidisciplinar que reúne cuatro museos complementarios bajo un mismo techo histórico.

Además del Museo del Presidio, el visitante puede recorrer el Museo Marítimo de Ushuaia, que expone maquetas de barcos exploradores, mapas antiguos del canal Beagle y relatos de los naufragios en el cabo de Hornos; el Museo Antártico José María Sobral, dedicado a las expediciones científicas y los reclamos territoriales en el continente blanco; y el Museo de Arte Marino, con una valiosa pinacoteca de obras costeras argentinas.

Los visitantes pueden contemplar maquetas de embarcaciones históricas, enriqueciendo la comprensión de las primeras travesías por los fiordos fueguinos.

Recomendaciones para recorrer el complejo penitenciario

Para aprovechar al máximo la visita a este monumento histórico nacional y recorrer sus salas con comodidad, conviene considerar las siguientes pautas:

  • Lleva abrigo adecuado incluso en meses estivales, pues el Pabellón 1 carece de calefacción y conserva temperaturas muy frías en su interior.

  • Dedica al menos dos horas completas a la visita para recorrer con calma las salas del presidio y las exposiciones marítimas y antárticas anexas.

  • Participa en las visitas guiadas temáticas que se ofrecen en el vestíbulo central para conocer detalles y anécdotas de la vida penitenciaria.

  • Aprovecha las galerías de arte ubicadas en los pabellones superiores, donde exponen artistas patagónicos contemporáneos.

  • Fotografía con luz natural en los pasillos históricos evitando el uso de flash directo para no alterar las pátinas originales de la mampostería.