Desde el mirador Bellavista, Baños parece encajado en el cañón

El Mirador Bellavista y las pasarelas de Runtún se ubican sobre la cresta montañosa de Baños. Ofrecen vistas panorámicas del casco urbano encajonado en el cañón del río Pastaza y pasarelas escultóricas suspendidas sobre el vacío como Las Manos de Dios.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El Mirador Bellavista y las Pasarelas de Runtún son el gran balcón fotográfico de Baños de Agua Santa en Ecuador.

Banos, Ecuador en banos-de-agua-santa
Manuel Rivas Coronel, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Esculturas sobre el abismo y vistas nocturnas

Estructuras de madera y cristal sobresalen sobre el acantilado permitiendo tomar fotografías originales suspendido sobre el valle. Al caer la noche, se aprecia el trazado iluminado del pueblo entre las laderas oscuras del Tungurahua.

Es una visita ideal para combinar en el mismo trayecto con la Casa del Árbol, tal como se sugiere en la guía de Baños.

Recomendación

Llega al caer la tarde para disfrutar del atardecer con un café caliente o chocolate con queso andino.

Un pueblo encajonado entre el volcán y el río

Para entender por qué los miradores de Baños resultan tan llamativos hay que mirar primero la geografía. El pueblo ocupa una pequeña terraza al borde del cañón del río Pastaza, en la provincia de Tungurahua, justo donde la sierra andina empieza a descender hacia la Amazonía.

A un lado se levanta el volcán Tungurahua y al otro, laderas empinadas cubiertas de vegetación subtropical. Desde abajo, el paisaje parece cerrarse sobre las calles; desde arriba, en cambio, se entiende de un vistazo cómo el casco urbano se acomoda en el único espacio llano disponible.

Esa sensación de balcón natural es la que aprovechan el Mirador Bellavista y los puntos panorámicos de Runtún. Desde sus bordes se distinguen la basílica, la cuadrícula de calles, los puentes que cruzan el Pastaza y los caminos que suben por las montañas.

En días despejados, además, puede asomar la silueta del Tungurahua, cuyo nombre suele traducirse del quichua como algo parecido a garganta de fuego, una pista de la relación tan estrecha, y a veces tensa, que el pueblo mantiene con su volcán.

Bellavista y Runtún: dos niveles del mismo paseo

Aunque a menudo se mencionan juntos, conviene distinguirlos. El Mirador Bellavista es el más cercano al centro: se reconoce desde el pueblo por la gran cruz blanca que corona la ladera y se alcanza por un sendero empinado con tramos de escalones.

Es la opción clásica para quien quiere ganar altura sin alejarse demasiado y tener una vista frontal del casco urbano.

Runtún, en cambio, es una pequeña comunidad rural situada bastante más arriba, en la misma cresta. Allí se concentran varias de las atracciones que hoy asociamos con los miradores de Baños: plataformas y pasarelas asomadas al vacío, esculturas monumentales pensadas para la foto, columpios y la famosa Casa del Árbol.

A Runtún se puede llegar caminando desde Bellavista o subir en taxi, camioneta o en los vehículos turísticos que salen del centro.

Muchos viajeros combinan ambos puntos en una misma caminata: suben a Bellavista, continúan por el sendero hasta Runtún y regresan al pueblo por otra ruta, como la que baja hacia el mirador de la Virgen, sobre las termas.

Es un recorrido exigente por la pendiente, pero permite ver el valle desde ángulos muy distintos.

Qué mirar desde las alturas

Más allá de las pasarelas y las esculturas, el principal atractivo es leer el paisaje.

Desde arriba se aprecia con claridad el curso del Pastaza, que se abre paso hacia el este entre paredes verticales rumbo a la selva, y el contraste entre los campos cultivados de las laderas y la vegetación más densa de las quebradas.

También se ven los hilos blancos de algunas cascadas que caen desde las montañas que rodean el pueblo.

Vale la pena fijarse en cómo cambia la luz a lo largo del día.

Por la mañana el aire suele estar más limpio y las cumbres se recortan mejor; a medida que avanza la jornada, las nubes que suben desde la Amazonía pueden cubrir el valle en pocos minutos y convertir el mirador en una isla sobre un mar de niebla.

Al anochecer, como ya se menciona más arriba, las luces del pueblo dibujan su trazado entre las laderas oscuras.

  • El casco urbano con la basílica de Nuestra Señora del Rosario de Agua Santa en el centro.

  • El cañón del Pastaza y los puentes que lo cruzan.

  • Las laderas del Tungurahua, cuando las nubes lo permiten.

  • Los campos y huertas de las comunidades altas, como la propia Runtún.

El Tungurahua, un vecino que se vigila de cerca

Los miradores de la cresta tienen también una lectura menos turística. El Tungurahua entró en un largo ciclo de actividad a finales de 1999, cuando la población de Baños fue evacuada durante varios meses.

Muchos vecinos regresaron por su cuenta cuando aún no estaba permitido, y el pueblo reconstruyó poco a poco su economía, muy ligada al turismo. La actividad volcánica se prolongó con altibajos durante más de una década y media.

Esa historia explica que en la zona alta haya señalización de rutas de evacuación y que el volcán esté bajo vigilancia científica permanente. Para el visitante, significa sobre todo algo práctico: si en algún momento hay alertas, conviene seguir las indicaciones de las autoridades locales.

Mirar el volcán desde Runtún, sabiendo todo lo que el pueblo vivió, le da al paisaje un peso distinto.

Consejos para la visita

Si decides subir caminando, lleva calzado con buen agarre: los senderos tienen pendientes fuertes y, con la lluvia frecuente de la zona, el barro y los escalones mojados pueden resultar resbaladizos.

Carga agua, una capa impermeable y algo de abrigo, porque en la cresta hace más fresco que en el pueblo y el tiempo cambia rápido. Si no quieres hacer el esfuerzo de la subida, una buena alternativa es ir en taxi o camioneta hasta Runtún y bajar a pie.

Calcula medio día si quieres encadenar Bellavista, Runtún y la Casa del Árbol con calma, o un par de horas si sólo vas a uno de los miradores.

Algunas pasarelas, columpios y plataformas son de gestión privada y cobran su propia entrada, así que conviene consultar horarios y precios en el lugar o con tu alojamiento antes de subir.

Si te dan miedo las alturas, puedes disfrutar igual de las vistas desde las zonas con barandas, sin necesidad de asomarte a las estructuras más expuestas.

Para las fotos, las primeras horas suelen ofrecer el cielo más despejado, mientras que el atardecer regala los tonos más cálidos y el encendido de las luces del pueblo.

Si subes a esa hora, planifica bien la bajada: los senderos no están iluminados y es preferible hacer el regreso en vehículo o con linterna.

Qué ver cerca

La subida a los miradores encaja bien con otras visitas clásicas de Baños.

Al volver al pueblo puedes relajarte en las Termas de la Virgen, a los pies de la cascada del mismo nombre, o recorrer la basílica y sus cuadros que narran los milagros atribuidos a la Virgen de Agua Santa. En la calle principal, los talleres de melcocha son una parada dulce casi obligatoria.

Si te quedan más días, la Ruta de las Cascadas, que sigue el cañón del Pastaza en dirección a Puyo, completa la perspectiva que se obtiene desde arriba: allí verás de cerca, y desde abajo, las paredes y los saltos de agua que desde Runtún se adivinan a lo lejos, entre ellos el conocido Pailón del Diablo.