¿Dónde está el dragón de Sant Jordi en la Casa Batlló?

Casa Batlló, reformada por Antoni Gaudí entre 1904 y 1906 para el industrial textil Josep Batlló, es una de las obras más representativas de Gaudí en su etapa naturalista. Su tejado ondulante y su torre con cruz representan, según la interpretación más extendida, el lomo y la espada de la leyenda de Sant Jordi y el dragón. Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.

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Ubicación
Passeig de Gràcia, 43, Barcelona
Reforma por Gaudí
1904-1906, para Josep Batlló

Casa Batlló es una de las obras más fotografiadas del Passeig de Gràcia de Barcelona, y una alegoría arquitectónica completa de una leyenda catalana.

Fachada ondulante de Casa Batlló, obra de Antoni Gaudí en Barcelona.
Bernard Gagnon (CC BY-SA 3.0)

Un edificio existente transformado por completo

En 1903, el industrial textil Josep Batlló compró un edificio ya construido en pleno Passeig de Gràcia y encargó a Antoni Gaudí su reforma integral, dándole total libertad creativa.

Entre 1904 y 1906, Gaudí transformó la fachada, la estructura interior y la azotea, convirtiéndola en una de las obras más representativas de su etapa naturalista, la más orgánica y biomórfica de toda su producción.

La leyenda de Sant Jordi escondida en la fachada

La interpretación más célebre de la fachada lee en ella la leyenda de Sant Jordi, patrón de Cataluña: el tejado ondulante de tejas iridiscentes representa el lomo escamado del dragón, la torre rematada en cruz de cuatro brazos simboliza la espada del santo clavada en la bestia, y los balcones con formas óseas de las plantas inferiores aluden a los restos de sus víctimas.

En el vestíbulo privado de la vivienda de los Batlló, una escalera con remates que recuerdan vértebras refuerza esa misma lectura del espinazo del dragón.

Recorrido por el interior

La visita empieza en el vestíbulo y sube por la escalera privada que conducía a la vivienda de la familia Batlló, en la planta principal.

Allí se encuentra el gran salón que da al Passeig de Gràcia, con su ventanal de formas ondulantes enmarcado por columnas que parecen huesos o troncos. Desde dentro se entiende que Gaudí pensó la fachada también como un filtro de luz y de vistas hacia la avenida.

En toda la planta noble dominan las líneas curvas: techos que parecen remolinos, marcos de puertas sin ángulos rectos, vitrales de colores y una chimenea con forma de seta integrada en un rincón, pensada para que la familia se sentara a su alrededor.

Gaudí diseñó también buena parte de los elementos cotidianos, como los tiradores de las puertas, moldeados para adaptarse a la mano, y algunos muebles que hoy se conservan en otras colecciones.

El patio de luces y el desván

Uno de los espacios más ingeniosos es el patio de luces central, revestido de azulejos en distintos tonos de azul: más intensos en la parte alta y más claros a medida que se baja.

Así, la luz que entra por arriba se reparte de forma más uniforme por todos los pisos. Las ventanas también cambian de tamaño según la altura, más grandes abajo, donde llega menos luz, y más pequeñas arriba.

Bajo la azotea está el desván, que servía como zona de servicio, lavaderos y almacenes.

Lo recorre una sucesión de arcos catenarios pintados de blanco que crean la sensación de estar dentro de la caja torácica de un animal, otra referencia a la imagen del dragón que atraviesa todo el edificio.

La azotea y la fachada vistas de cerca

La visita termina en la azotea, donde se aprecia de cerca el lomo del dragón: el remate ondulado cubierto de piezas cerámicas de colores cambiantes, la torre con su cruz y las chimeneas agrupadas y revestidas con trencadís, la técnica de fragmentos de cerámica y vidrio que Gaudí utilizó en muchas de sus obras.

Desde aquí también se ven los tejados del Eixample y otras cubiertas modernistas del entorno.

En la fachada, la piedra de las plantas inferiores contrasta con la superficie superior, revestida de discos cerámicos y fragmentos de vidrio de colores que brillan de forma distinta según la hora y la luz.

En la decoración colaboró Josep Maria Jujol, uno de los principales colaboradores de Gaudí. Por el aspecto de sus balcones y columnas, en Barcelona se la conoce popularmente como la casa de los huesos.

La manzana de la discordia

Casa Batlló forma parte de un tramo del Passeig de Gràcia que se ganó el apodo de manzana de la discordia.

En pocos metros se encuentran obras de los tres grandes arquitectos del modernismo catalán, que compitieron, en cierto modo, por dejar su huella en la avenida más elegante de la ciudad a comienzos del siglo XX.

  • Casa Batlló, de Antoni Gaudí.

  • Casa Amatller, de Josep Puig i Cadafalch, con su fachada escalonada de inspiración flamenca.

  • Casa Lleó Morera, de Lluís Domènech i Montaner, en la esquina con la calle del Consell de Cent.

El nombre juega con el doble sentido de la palabra manzana, que en castellano designa tanto la fruta como el bloque de edificios, y alude al mito griego de la manzana de la discordia. Vale la pena mirar las tres fachadas juntas desde la acera de enfrente para comparar estilos.

Patrimonio y curiosidades

Casa Batlló forma parte, junto a otras obras de Gaudí, del conjunto declarado Patrimonio Mundial por la Unesco.

Tras la época de la familia Batlló, el edificio cambió de manos y tuvo distintos usos, hasta que a finales del siglo XX fue adquirido por la familia Bernat, que lo restauró y lo abrió al público en los años noventa. Desde entonces se ha convertido en uno de los edificios más visitados de Barcelona.

Una curiosidad: la fachada se ilumina de forma especial en algunas fechas señaladas, y cada año, en torno al día de Sant Jordi, el 23 de abril, el edificio se decora con rosas rojas, en homenaje a la leyenda que inspira su arquitectura y a la tradición catalana de regalar rosas y libros ese día.

Consejos para la visita

Casa Batlló es una de las visitas más demandadas de la ciudad, así que conviene reservar por internet con antelación, sobre todo en temporada alta y fines de semana.

Hay distintas modalidades de entrada, algunas con acceso a espacios adicionales o experiencias audiovisuales; consulta horarios y precios en la web oficial antes de ir, porque cambian a lo largo del año. Calcula al menos una hora para recorrerla con calma.

Las primeras franjas de la mañana suelen ser más tranquilas. La visita incluye una guía con dispositivo que explica cada estancia y ofrece recreaciones de cómo era la casa en época de los Batlló.

Si te interesa la fotografía, tómate un rato al terminar para ver la fachada desde la acera de enfrente, donde se aprecia mejor el juego de colores.

Qué ver cerca

Subiendo por el Passeig de Gràcia, a pocos minutos a pie, está La Pedrera, la otra gran obra de Gaudí en la avenida. Hacia abajo se llega a la Plaça de Catalunya y, desde allí, a Las Ramblas y al Barrio Gótico.

La Sagrada Familia queda algo más lejos, pero bien comunicada en metro, así que es fácil organizar una jornada dedicada a Gaudí y al modernismo.

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