Una ciudad jardín que fracasó y se volvió parque: Park Güell

Park Güell nació en 1900 como un fallido proyecto de ciudad-jardín residencial de Eusebi Güell, diseñado por Antoni Gaudí: de las 60 parcelas previstas, sólo se vendieron dos, y en 1922 el Ayuntamiento de Barcelona compró la propiedad a los herederos de Güell, inaugurándola como parque público en 1926. Declarado Patrimonio de la Humanidad en 1984, la zona monumental es de pago; conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.

Por

Ubicación
Carrer d'Olot, s/n, Barcelona
Idea original
Ciudad-jardín residencial, encargada por Eusebi Güell en 1900

Park Güell es, junto a la Sagrada Familia, la obra más visitada de Antoni Gaudí en Barcelona, aunque nació de un proyecto que resultó un fracaso comercial.

Terraza ondulada con banco de mosaicos de trencadís en el Park Güell de Gaudí.
Danbu14 (CC BY-SA 3.0)

Una ciudad-jardín inglesa que nunca se llenó

En 1900, el empresario e industrial Eusebi Güell encargó a Gaudí el diseño de una ciudad-jardín residencial al estilo inglés sobre unos terrenos que había comprado en la llamada Montaña Pelada.

El proyecto contemplaba 60 parcelas de lujo con todos los servicios urbanizados por el propio Gaudí, pero el precio elevado de los solares y la lejanía del centro de la ciudad, con malos enlaces de transporte, hicieron que sólo se vendieran dos: una casa para un amigo de Güell y otra, la casa modelo, donde terminó viviendo el propio Gaudí.

El estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914 acabó de paralizar cualquier posibilidad de continuar el proyecto.

De propiedad privada fracasada a parque de la ciudad

Tras la muerte de Eusebi Güell en 1918, sus herederos ofrecieron la propiedad al Ayuntamiento de Barcelona, que aprobó su compra en 1922 y lo inauguró como parque público en 1926, el mismo año de la muerte de Gaudí.

La gran plaza central, sostenida por la célebre Sala Hipóstila de columnas dóricas, y el banco ondulado revestido de trencadís que la rodea son hoy los rincones más fotografiados del parque, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984.

Recorrido por la zona monumental

La visita suele empezar por la entrada principal, en la calle Olot, flanqueada por dos pabellones de cuento con cubiertas onduladas de trencadís y remates que recuerdan a setas. Uno era la casa del guarda y el otro estaba pensado como zona de servicios para los residentes.

Hoy la casa del guarda acoge un pequeño espacio expositivo sobre la historia del parque. Desde aquí arranca la escalinata doble, dividida por fuentes y esculturas, donde se encuentra la famosa salamandra de mosaico que para muchos es el símbolo del parque.

Al subir la escalinata se llega a la Sala Hipóstila, un bosque de columnas pensado como mercado cubierto para la urbanización. Mira hacia el techo: entre las columnas hay grandes medallones de cerámica diseñados por Josep Maria Jujol, colaborador de Gaudí, con motivos que evocan las estaciones y el ciclo lunar.

Encima está la gran plaza, rodeada por el banco ondulado. Su forma sinuosa crea pequeños rincones donde conversar, y su revestimiento de trencadís, hecho con fragmentos de cerámica y vidrio, combina piezas industriales con restos de vajilla.

Arquitectura que se adapta a la montaña

Gaudí quiso intervenir lo menos posible en la topografía de la antigua Montaña Pelada. En lugar de allanar el terreno, trazó caminos que siguen las curvas de nivel y los sostuvo con viaductos de piedra sin labrar, sacada del propio lugar.

Los pórticos inclinados, como el llamado Pórtico de la Lavandera, parecen cuevas o troncos de árbol y se funden con la vegetación mediterránea de la ladera. Pasear por estos caminos permite entender que el parque no es solo decoración colorida, sino también un ejercicio de ingeniería.

Uno de los detalles menos conocidos es el sistema de recogida de agua.

La gran plaza funciona como una enorme superficie de captación: el agua de lluvia se filtra, baja por el interior de las columnas de la Sala Hipóstila y se almacena en una cisterna subterránea, desde donde se pensaba abastecer a la urbanización.

La salamandra de la escalinata no es un simple adorno, porque forma parte de ese circuito y actúa como rebosadero. Gaudí combinaba así belleza y utilidad en un terreno seco y con pocas fuentes naturales.

Curiosidades del parque

El nombre del parque se escribe con la palabra inglesa park, y no con la catalana parc, porque Eusebi Güell se inspiró en las ciudades jardín que había visto en Inglaterra.

Otra curiosidad está en la Casa Museu Gaudí, dentro del recinto: era la casa modelo de la urbanización, diseñada por Francesc Berenguer, colaborador del arquitecto, y Gaudí vivió en ella durante casi dos décadas.

Hoy conserva muebles diseñados por él y objetos personales, y se visita con una entrada independiente de la zona monumental.

El propio Eusebi Güell también se instaló en el parque. Vivió en la Casa Larrard, una antigua casa señorial que ya existía en la finca antes del proyecto y que Gaudí adaptó.

Tras la muerte del empresario, el edificio pasó a manos municipales y hoy funciona como escuela pública, por lo que no se visita por dentro.

Así, durante años, los pocos habitantes de aquella urbanización frustrada fueron el promotor, su arquitecto y algún amigo cercano, una imagen curiosa si piensas en las multitudes que hoy recorren el parque.

En la parte alta del parque se levanta el Turó de les Tres Creus, un montículo coronado por tres cruces donde Gaudí había imaginado una capilla.

Desde allí se obtiene una de las mejores vistas del parque y de la ciudad, con la Sagrada Familia y el mar en el horizonte.

El ascenso tiene algo de esfuerzo, pero suele estar menos concurrido que la plaza central y es especialmente agradable a última hora del día, cuando la luz se vuelve más cálida.

Consejos para la visita

La zona monumental funciona con aforo limitado y entradas con hora asignada, así que conviene reservar con antelación, sobre todo en primavera y verano. Una vez dentro, dedícale al menos una hora y media para verla con calma, y algo más si quieres recorrer los caminos altos.

Las primeras franjas de la mañana suelen ser las más tranquilas y con mejor luz para fotografiar el banco. Las condiciones de acceso y las tarifas cambian con frecuencia, por lo que conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.

El parque está en una ladera, así que prepárate para cuestas y escaleras, y lleva calzado cómodo y agua, porque en verano hay muchas zonas al sol.

Si llegas en metro, las estaciones más habituales son Lesseps y Vallcarca, desde donde hay un paseo en subida, en parte con escaleras mecánicas. En los días de lluvia la cerámica puede resultar resbaladiza, y con viento fuerte algunas zonas pueden cerrarse por seguridad.

Qué ver cerca

Al bajar del parque llegas enseguida al barrio de Gràcia, antigua villa independiente con plazas animadas, como la de la Virreina o la del Sol, y calles llenas de pequeños comercios.

En Gràcia está también la Casa Vicens, la primera casa importante que proyectó Gaudí, con su fachada de azulejos inspirada en la vegetación.

Si te gustan las vistas, a un paseo más largo o un trayecto en autobús se encuentran los antiguos búnkeres del Turó de la Rovira, uno de los miradores más populares de Barcelona para ver el atardecer.

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