Desde el faro de El Hank se ve la Mezquita Hassan II
El Faro de El Hank (Phare d'El Hank) es una torre de señales marítimas de 51 metros de altura situada en el promontorio rocoso de El Hank en Casablanca. En servicio desde 1920 y remodelado por Albert Laprade, guía la navegación atlántica hacia el puerto y ofrece una vista panorámica de la Mezquita Hassan II.
Por Daniel · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Altura
- 51 metros (alcance luminoso de 30 millas náuticas)
- Construcción
- Entró en servicio en 1920
- Escalones
- 256 peldaños hasta la plataforma superior
- Ubicación
- Punta de El Hank, entre el puerto y Ain Diab
En el escarpado promontorio rocoso que divide la bahía del puerto y las playas de Ain Diab en Casablanca, el Faro de El Hank guía desde hace más de un siglo las rutas de navegación mercante hacia el principal puerto marítimo de Marruecos.

Arquitectura y la escalera de mármol
La torre cilíndrica de piedra labrada presenta elementos ornamentales de inspiración tradicional marroquí. En su interior, una larga escalera de caracol de 256 peldaños asciende hasta la plataforma superior.
Una perspectiva privilegiada de la Mezquita Hassan II
Desde la galería exterior de la linterna superior se contempla una de las vistas más amplias de Casablanca: hacia el este se recorta la silueta monumental de la Mezquita Hassan II adentrándose en el océano, y hacia el oeste se extiende el serpenteante paseo marítimo de La Corniche de Ain Diab.
Barrio marinero de pescadores: A los pies del faro se extiende un pintoresco barrio popular de pescadores donde operan sencillos restaurantes de parrillada de sardinas frescas a precios locales.
Un faro para el gran puerto de Marruecos
El Faro de El Hank está ligado al nacimiento de la Casablanca moderna.
A comienzos del siglo XX, con el inicio del Protectorado francés, se emprendieron grandes obras para convertir la ciudad en el principal puerto del país, con diques capaces de resistir el empuje del Atlántico y muelles para barcos de gran calado.
Un puerto de esa importancia necesitaba una señal luminosa potente en la costa, y la punta de El Hank, que se adentra en el mar al oeste de la bahía, era el emplazamiento natural.
Más de un siglo después, el faro sigue cumpliendo su función original. La costa de Casablanca es baja, con frecuentes brumas y un oleaje considerable, y los buques que se aproximan al puerto continúan utilizando su luz como referencia.
Eso lo diferencia de muchos faros históricos convertidos en simples monumentos: aquí la torre sigue trabajando, y su silueta forma parte del paisaje cotidiano de los pescadores y vecinos del barrio.
La punta de El Hank y su paisaje
El entorno del faro es tan interesante como la propia torre. La punta está formada por rocas oscuras contra las que rompen las olas con mucha fuerza, sobre todo en invierno, cuando los temporales levantan grandes columnas de espuma.
Es habitual ver a pescadores con caña instalados sobre las rocas, a pesar del oleaje, y a familias que se acercan a contemplar el mar en los días de mar agitado.
Desde la base del faro se entiende bien la geografía de la ciudad: a un lado se abre la ensenada que conduce hacia la Mezquita Hassan II y el puerto, y al otro empieza la larga franja de playas y paseos de Ain Diab.
Es un buen punto para tomar conciencia de lo mucho que Casablanca vive de cara al océano, algo que no siempre se percibe cuando se recorre el centro, más alejado de la costa.
Un detalle que pocos notan
Fíjate en cómo cambia el faro según la hora.
De día es una torre blanca y algo austera que destaca contra el azul del cielo; al caer la noche, cuando se enciende la linterna, su haz barre el mar con regularidad y se distingue desde buena parte de la costa y desde los barrios altos de la ciudad.
Muchos casablanqueses lo usan como referencia para orientarse en el litoral, y para quien llega por mar sigue siendo una de las primeras imágenes de Casablanca, mucho antes de que aparezca el perfil de los edificios del centro.
¿Se puede subir al faro?
Esta es la pregunta que se hace casi todo el mundo, y la respuesta no es sencilla. El faro es una instalación en funcionamiento y no se gestiona como un monumento con visitas regulares, horarios publicados o taquilla.
A lo largo de los años, algunos viajeros han podido subir de forma ocasional, pero no es algo con lo que convenga contar al planificar el día.
Lo más sensato es acercarse sin expectativas: si encuentras la puerta abierta y el personal te permite el acceso, perfecto, pero respeta siempre sus indicaciones y no intentes entrar en zonas cerradas.
Si no es posible subir, el paseo hasta la base y las vistas desde las rocas ya justifican la visita. Puedes preguntar en tu alojamiento o en la oficina de turismo si existe alguna jornada de puertas abiertas en las fechas de tu viaje.
Consejos para la visita
El faro se ve desde lejos, pero el acceso a pie pasa por calles de un barrio residencial y popular, así que lo más cómodo es llegar en taxi o caminar desde el extremo de la Corniche.
Calcula entre media hora y una hora para el entorno, más si te quedas a comer pescado en alguno de los locales cercanos.
El atardecer es el mejor momento para las fotos, con el sol cayendo sobre el océano detrás de la torre.
Con mar de fondo, no te acerques demasiado al borde de las rocas: las olas pueden sorprenderte.
Lleva calzado con buena suela si piensas caminar por la zona rocosa, que suele estar húmeda y resbaladiza.
Si fotografías a los pescadores, pídeles permiso antes.
Una buena idea es combinar el faro con la visita a la Mezquita Hassan II el mismo día: primero la mezquita, por la mañana, y después el faro y la costa por la tarde, cuando la luz es más bonita.
Qué ver cerca
La vecina más famosa del faro es la Mezquita Hassan II, que se alza sobre el mar a corta distancia y se ve perfectamente desde la punta.
Es uno de los pocos templos de Marruecos que pueden visitar quienes no son musulmanes, siempre con visita guiada, así que conviene informarse antes de los turnos disponibles. El gran paseo marítimo que la rodea es otro buen lugar para ver el océano.
En la dirección contraria comienza la Corniche de Ain Diab, con sus playas, clubes y restaurantes, que se puede recorrer a pie desde el faro si te apetece una caminata larga junto al mar.
Y si te interesa el lado más cinematográfico de la ciudad, cerca de la antigua medina se encuentra el Rick's Café, un local que recrea el ambiente del bar de la película Casablanca y que se ha convertido en una parada curiosa para los aficionados al cine clásico.
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