Las cúpulas azules de la Catedral Nueva dominan el cielo de Cuenca

La Catedral de la Inmaculada Concepción es el símbolo arquitectónico de Cuenca. Sus tres gigantescas cúpulas de azulejos azules y blancos de Checoslovaquia dominan el perfil andino. El ascenso a su terraza mirador brinda una vista elevada del Parque Calderón.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La Catedral Nueva de Cuenca es el mayor monumento religioso de la joya colonial de Cuenca en el sur andino de Ecuador. Comenzada en 1885 bajo el diseño del hermano redentorista alemán Juan Bautista Stiehle, combina estilos neorrománico, gótico y renacentista.

Cuenca, Ecuador: Main altar of Catedral de la Inmaculada Concepcion (Immaculate Conception), commonly designated as Cate en cuenca
Cayambe, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Cúpulas vidriadas y baldaquino dorado

Las cúpulas exteriores están recubiertas por azulejos vidriados traídos desde la antigua Checoslovaquia que resplandecen bajo el sol andino. En el interior, el altar mayor deslumbra con su fastuoso baldaquino tallado en cedro y revestido en pan de oro fino, inspirado en la basílica vaticana.

El ascenso por la estrecha escalera de caracol conduce a la terraza de las cúpulas, permitiendo admirar de cerca los rosetones y el trazado cuadricular de la ciudad, reseñado en la guía de Cuenca.

Consejos de visita

Sube a primera hora de la mañana para aprovechar la mejor iluminación natural sobre los vitrales y evitar las horas de mayor afluencia.

Historia de una catedral que tardó casi un siglo

A finales del siglo XIX la vieja iglesia del Sagrario, al otro lado del parque, se había quedado pequeña para una ciudad que crecía y que se sentía cada vez más orgullosa de su fe.

El obispado decidió entonces levantar un templo a la altura de esa devoción, y el encargo recayó en Juan Bautista Stiehle, un hermano redentorista alemán que ya había dejado su huella en otras construcciones de la ciudad.

Su proyecto era enormemente ambicioso: una catedral capaz de reunir a buena parte de la población cuencana en una sola celebración.

Las obras avanzaron despacio, al ritmo de las donaciones de los fieles y de los recursos de la diócesis, y se prolongaron durante buena parte del siglo XX.

Muchos cuencanos aportaron dinero, materiales o trabajo, de modo que el edificio se convirtió en una empresa colectiva más que en un encargo oficial.

Esa larga gestación explica por qué la catedral mezcla tantos lenguajes: el neorrománico de sus arcos y su planta, toques góticos en los vitrales y la verticalidad, y un eco renacentista en las cúpulas.

En enero de 1985, durante su viaje a Ecuador, el papa Juan Pablo II visitó la catedral, un momento muy recordado en la historia reciente de la ciudad.

Para muchos cuencanos aquella visita reforzó a la Catedral Nueva como el gran símbolo religioso y urbano de Cuenca, por encima incluso de su antecesora.

Las torres que nunca se terminaron

Si miras la fachada desde el Parque Calderón notarás que las dos torres delanteras parecen cortadas, como si a la catedral le faltara el remate. No es una impresión: los campanarios previstos en el proyecto original nunca llegaron a construirse a su altura completa.

La explicación más difundida apunta a la falta de fondos y a unos cimientos poco profundos para sostener unas torres tan altas, así que se optó por dejarlas truncadas.

Lejos de restarle encanto, esas torres a medio camino se han vuelto parte de la personalidad del edificio.

Son una de las curiosidades que los guías locales cuentan con más gusto y un buen ejemplo de cómo la ciudad adaptó sobre la marcha un proyecto que, en su origen, quizá era demasiado grande para la técnica y los medios disponibles.

Qué mirar en el interior

Al entrar, lo primero que impresiona es la escala. La nave central es amplia y luminosa, y la luz se filtra a través de vitrales de colores que proyectan manchas cambiantes sobre el suelo a medida que avanza el día.

Los vitrales de la nave y el rosetón se hicieron a partir de diseños de Guillermo Larrazábal, mientras que los del transepto son de origen belga. Fíjate en el rosetón de la fachada desde dentro: es una de las piezas que mejor se aprecian a contraluz.

El baldaquino del altar mayor, con su revestimiento dorado, es el gran foco de atención y recuerda inevitablemente al de la basílica de San Pedro en Roma.

Merece la pena recorrer también las capillas laterales, donde hay imágenes de devoción popular y pequeños altares que los cuencanos siguen visitando a diario. El mármol de los suelos y el alabastro de algunos elementos aportan una calidez que contrasta con la sobriedad del ladrillo exterior.

Recuerda que es un templo en uso. Si coincides con una misa, guarda silencio, evita circular por la nave central y deja las fotos para después de la celebración.

Curiosidades de la Catedral Nueva

  • Sus cúpulas de azulejo azul y blanco se ven desde casi cualquier punto elevado de la ciudad y se han convertido en la imagen más repetida de Cuenca en postales y recuerdos.

  • El edificio ocupa casi todo un lado del Parque Calderón, justo enfrente de la Catedral Vieja, de modo que en una misma plaza conviven el templo fundacional y el que lo sustituyó.

  • Se construyó sobre todo con ladrillo, un material muy presente en la arquitectura cuencana, combinado con piedra y mármol de la zona.

  • Su tamaño es tan grande en relación con la ciudad de la época que todavía hoy domina el perfil del centro histórico, donde casi no hay edificios altos.

Consejos para la visita

Para ver la catedral con calma basta con una media hora en el interior, aunque conviene sumar algo más de tiempo si quieres subir a la terraza de las cúpulas. La escalera es estrecha y empinada, así que no es la mejor opción para personas con vértigo o movilidad reducida.

El acceso a la terraza y al interior puede tener condiciones o tarifas distintas según la temporada, por lo que conviene consultar horarios y precios en la información oficial antes de ir.

Cuenca está a unos 2.500 metros de altitud y el sol andino es intenso incluso en días nublados. Si vas a subir a las cúpulas, lleva protector solar, gafas de sol y una capa de abrigo, porque arriba el viento enfría rápido.

Las mañanas suelen ser más despejadas que las tardes, cuando a menudo aparecen nubes y algún chaparrón.

Qué ver alrededor de la catedral

La visita encaja de forma natural en un paseo por el corazón del centro histórico. Frente a la fachada se extiende el Parque Calderón, con sus araucarias y sus bancos siempre ocupados, y al otro lado está la Catedral Vieja, hoy convertida en museo.

A un costado de la catedral, en la plazoleta del Carmen, funciona el pequeño mercado de flores, uno de los rincones más fotogénicos de la ciudad, junto a la iglesia del Carmen de la Asunción.

Desde allí puedes seguir hacia la plaza de San Francisco, con sus puestos de textiles y artesanía, o bajar hacia la Calle Larga y el Barranco del río Tomebamba. En pocas cuadras se reúnen así los tres grandes paisajes de Cuenca: el religioso, el comercial y el ribereño.

Para saber más