Piedras incas en los muros de la Catedral Vieja de Cuenca
La Catedral Vieja o Iglesia del Sagrario es el templo hispano fundacional de Cuenca, iniciado en 1557 con piedras de la Tomebamba incaica. Hoy convertida en Museo de Arte Sacro, custodia un órgano de fuelles de 1739 y la placa de la Misión Geodésica Francesa.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026
La Catedral Vieja de Cuenca es el templo colonial más antiguo de Cuenca en Ecuador. Funcionó como sede diocesana hasta la construcción de la Catedral Nueva en el siglo XX.

Misión Geodésica Francesa y retablos coloniales
En su torre campanario se conserva una placa que recuerda a la Misión Geodésica Francesa liderada por La Condamine, quienes utilizaron la torre como vértice fundamental para medir el arco del meridiano terrestre. En su interior reposan tallas barrocas y pinturas murales originales al temple.
Es una visita clave para entender la evolución histórica del trazado urbano fundacional descrita en la guía de Cuenca.
Consejo del viajero
Fíjate en el órgano histórico de fuelles, que se introdujo en el templo en 1739.
Historia: el primer templo de la ciudad española
La historia de la Catedral Vieja empieza prácticamente con la de la propia Cuenca. La ciudad fue fundada en 1557 por Gil Ramírez Dávalos, por encargo del virrey del Perú, sobre las tierras donde antes habían vivido los cañaris y donde los incas habían levantado Tomebamba.
Junto a la plaza mayor, que hoy es el Parque Calderón, se reservó el solar para la iglesia principal, y su construcción arrancó en esos primeros años. Según la tradición, parte de la piedra utilizada procedía de los restos de las edificaciones incas de la zona.
Aquella primera iglesia fue creciendo y transformándose con el paso de los siglos. Cuando Cuenca se convirtió en sede de un obispado a finales del siglo XVIII, el Sagrario pasó a ser la catedral de la diócesis, con las ampliaciones y reformas que eso supuso.
Mantuvo ese papel hasta que la Catedral Nueva, levantada justo enfrente, empezó a acoger el culto principal. A partir de entonces el viejo templo fue quedando en un segundo plano y llegó a sufrir un deterioro importante.
A finales del siglo XX se emprendió una restauración de fondo que recuperó los muros, las pinturas y la estructura. Desde entonces el edificio funciona como museo de arte religioso y como espacio para conciertos y actos culturales, lo que le ha devuelto vida sin perder su carácter sagrado.
Cuenca y la medición de la Tierra
Uno de los episodios más curiosos ligados al templo tiene que ver con la ciencia.
En la década de 1730 llegó a la Real Audiencia de Quito la Misión Geodésica Francesa, un grupo de científicos enviados para medir un arco de meridiano cerca del ecuador y resolver un debate de la época: si la Tierra era achatada en los polos o alargada.
Entre sus integrantes estaban Charles-Marie de La Condamine, Pierre Bouguer y Louis Godin, acompañados por los marinos españoles Jorge Juan y Antonio de Ulloa.
La red de triangulaciones de la misión se extendió a lo largo de los Andes ecuatorianos y Cuenca fue uno de sus extremos, por lo que la torre del Sagrario se usó como punto de referencia en sus mediciones.
La placa que recuerda ese trabajo es uno de los detalles que más llaman la atención a quienes conocen la historia.
La estancia de los franceses en Cuenca también dejó un episodio trágico: el cirujano de la expedición, Jean Seniergues, murió tras un altercado durante una corrida de toros en la ciudad, un suceso que complicó durante un tiempo la relación de los científicos con los vecinos.
Qué ver dentro del museo
El recorrido empieza por la propia nave, de proporciones mucho más modestas que las de la Catedral Nueva y por eso más íntima. Fíjate en las paredes: durante la restauración aparecieron pinturas murales que habían quedado ocultas bajo capas posteriores, y hoy se pueden apreciar fragmentos de esa decoración original.
La sencillez del espacio ayuda a imaginar cómo era una iglesia colonial andina antes de las grandes reformas del siglo XIX.
Las salas exponen imaginería, pinturas y objetos litúrgicos vinculados a la tradición artística colonial de la región, emparentada con la llamada escuela quiteña. Hay tallas policromadas de santos y vírgenes, crucifijos y piezas de platería que dan una idea de la riqueza de la vida religiosa cuencana durante siglos.
El órgano, que el artículo ya menciona, es una de las piezas históricas del conjunto, aunque hoy no está en funcionamiento.
Pinturas murales recuperadas en la restauración.
Tallas policromadas de la tradición colonial andina.
Objetos litúrgicos y piezas de platería.
El órgano histórico de fuelles, hoy fuera de servicio.
La torre ligada a la Misión Geodésica Francesa.
Dos catedrales frente a frente
Pocas ciudades permiten ver en una misma plaza a la catedral antigua y a la que la reemplazó. En Cuenca basta con cruzar el Parque Calderón para pasar de un templo colonial, bajo y de muros encalados, a otro monumental de ladrillo y cúpulas azules.
La diferencia de escala cuenta por sí sola la historia de la ciudad: una pequeña fundación española del siglo XVI que, con el tiempo, se convirtió en uno de los centros culturales y religiosos más importantes del país. Para los cuencanos, la Catedral Vieja sigue siendo el lugar donde todo empezó.
Consejos para disfrutar la visita
El museo se recorre con calma en unos 45 minutos, algo más si te gusta detenerte en cada pieza o leer las explicaciones.
Vale la pena preguntar en la entrada si hay visitas guiadas, porque muchos de los detalles, como las pinturas recuperadas o la historia de la misión francesa, se entienden mucho mejor con alguien que los explique.
Las condiciones de acceso pueden cambiar, así que conviene consultar horarios y precios en la información oficial antes de ir.
Si te interesa la música, revisa la agenda cultural de la ciudad: los conciertos en la Catedral Vieja son una manera estupenda de conocer el templo con otra atmósfera. Dentro el ambiente es fresco, por lo que una chaqueta ligera viene bien incluso en días soleados.
Qué ver cerca
La Catedral Vieja está en una de las esquinas del Parque Calderón, de modo que la visita se combina de forma natural con la Catedral Nueva, que se alza al otro lado de la plaza.
Comparar los dos templos en la misma mañana es la mejor forma de entender cómo cambió la ciudad entre la época colonial y el siglo XX.
A pocas cuadras tienes el mercado de flores de la plazoleta del Carmen, la plaza de San Francisco y, bajando hacia el sur, la Calle Larga y el paseo del Barranco junto al río Tomebamba. Todo se puede recorrer a pie, aunque conviene tomárselo con calma por la altitud.
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