Casonas colgadas sobre el río en El Barranco del Tomebamba
El Barranco del Tomebamba es el paseo ribereño más romántico de Cuenca. Una hilera de casonas señoriales del siglo XVIII cuelgan sobre el acantilado rocoso junto al río. En su recorrido se alza el histórico Puente Roto de 1849, reconvertido en mirador cultural.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026
El paseo de El Barranco del río Tomebamba marca la frontera natural entre el Centro Histórico colonial y la zona moderna de Cuenca, Patrimonio de la Humanidad en Ecuador.

Arquitectura colgante y memoria del Puente Roto
Las fachadas traseras de las elegantes casonas señoriales se apoyan sobre muros de piedra, con balcones de madera tallada que miran hacia los sauces y alamedas que flanquean el río.
El Puente Roto, cuyos arcos truncados permanecen como testimonio de la riada de 1950, acoge hoy ferias artesanales y música en vivo.
Caminar por la orilla al atardecer permite descubrir tostadoras de café de especialidad azuayo y restaurantes gourmet integrados en la guía de viajes de Cuenca.
Recomendaciones para el paseo
El sendero es un paseo concurrido; disfruta de las escalinatas de piedra que conectan la Calle Larga con la ribera del río.
Un río que da nombre a la ciudad
Cuenca está atravesada por cuatro ríos: el Tomebamba, el Yanuncay, el Tarqui y el Machángara. No es casualidad que su nombre completo sea Santa Ana de los Ríos de Cuenca.
De todos ellos, el Tomebamba es el que mejor se integra en la vida del centro histórico, porque corre justo al pie del escarpe sobre el que se asentó la ciudad colonial.
Su nombre recuerda a Tomebamba, la ciudad inca que se levantaba en esta misma zona antes de la llegada de los españoles.
Durante siglos el río fue fuente de agua, lugar de trabajo y espacio de encuentro.
Las lavanderas extendían la ropa sobre la hierba de las orillas para que se secara al sol, una imagen que aparece en muchas fotografías antiguas de la ciudad y que todavía se puede ver de vez en cuando.
El Barranco, el talud que separa la parte alta de la ribera, era entonces una zona de huertos, molinos y caminos que bajaban hasta el agua.
Las casas colgadas del Barranco
Lo que hace único a este paseo son las casas que se asoman al vacío desde lo alto del talud.
Muchas tienen dos caras muy distintas: hacia la Calle Larga muestran una fachada urbana, ordenada y de pocas alturas, mientras que hacia el río se descuelgan en varios niveles, con balcones, galerías y muros de contención que siguen la forma del terreno.
Esa doble personalidad recuerda a las casas colgadas de Cuenca, en España, la ciudad que dio nombre a la ecuatoriana.
Estas construcciones combinan técnicas tradicionales, como el adobe, el bahareque y la madera, con la piedra de los basamentos. Algunas se han restaurado como viviendas, otras como hoteles, galerías, museos o restaurantes.
Desde la orilla opuesta, sobre todo desde la avenida que bordea el río, se obtiene la mejor vista del conjunto, con las cúpulas de la Catedral Nueva asomando por detrás de los tejados.
La Calle Larga, que corre por la parte alta del Barranco, es una de las vías más antiguas y animadas de Cuenca. Durante el día reúne museos, tiendas de artesanía y cafés; al caer la tarde se llena de bares y restaurantes frecuentados tanto por cuencanos como por viajeros.
Pasear por ella y asomarse de vez en cuando a los miradores que dan al río es la mejor manera de entender cómo la ciudad vive literalmente al borde del barranco.
Qué ver a lo largo del paseo
El recorrido se puede hacer por abajo, siguiendo el sendero junto al agua, o por arriba, por la Calle Larga. Lo ideal es combinar ambos y usar las escalinatas de piedra para subir y bajar entre uno y otro nivel. Estos son algunos puntos que merece la pena tener en cuenta:
El Puente Roto, con sus arcos interrumpidos sobre el río, convertido en mirador y escenario de actividades culturales.
Las escalinatas que conectan la Calle Larga con la ribera, cada una con su propio carácter y vistas distintas del río.
Los museos de la Calle Larga, entre ellos el Museo Remigio Crespo Toral y el Museo Manuel Agustín Landívar, junto a los restos arqueológicos de Todos Santos.
La iglesia de Todos Santos y las panaderías del barrio, conocidas por su pan tradicional horneado en hornos de leña.
El extremo oriental del paseo, donde se encuentra el Museo Pumapungo, con sus ruinas incas y sus jardines.
Entre punto y punto, el propio paseo es el atractivo.
Los sauces, eucaliptos y alisos dan sombra, el río suena con fuerza en época de lluvias y los bancos invitan a sentarse a mirar cómo pasa la vida: estudiantes, familias, corredores y paseantes que convierten la ribera en uno de los espacios públicos más queridos de la ciudad.
Curiosidades del Barranco
El caudal del Tomebamba cambia mucho según la temporada: en época seca deja ver las piedras del lecho y en la de lluvias baja crecido y ruidoso.
Las crecidas del río han marcado la historia de la ciudad; el Puente Roto es el recuerdo más visible de una de ellas.
El Barranco forma parte del centro histórico que la UNESCO declaró Patrimonio de la Humanidad en 1999.
Al otro lado del río se extiende la zona de El Ejido, con un trazado más moderno, de modo que el Tomebamba funciona como frontera entre dos Cuencas.
Consejos para recorrer el Barranco
Para hacer el paseo con calma, incluyendo alguna subida a la Calle Larga y una parada en un café, calcula entre una y dos horas.
Las escalinatas son empinadas y la ciudad está a unos 2.500 metros de altitud, así que es normal notar el esfuerzo: tómate tu tiempo y haz pausas. Lleva calzado cómodo y con buen agarre, porque la piedra puede resbalar después de la lluvia.
La luz más bonita llega a primera hora de la mañana y al final de la tarde, cuando el sol ilumina las fachadas colgadas y el río refleja el cielo.
Por la noche, la iluminación de las casas crea un ambiente distinto, aunque conviene moverse por las zonas más concurridas y evitar los tramos solitarios del sendero. Si quieres entrar a los museos de la Calle Larga, conviene consultar horarios y precios en la información oficial antes de ir.
Qué ver cerca
El Barranco es la puerta de entrada al centro histórico. Subiendo por cualquiera de las escalinatas llegas en pocos minutos a la Calle Larga y, desde allí, al Parque Calderón con sus dos catedrales.
También estás muy cerca de los talleres y tiendas de sombreros de paja toquilla, varios de ellos en la propia Calle Larga, y del Mercado 10 de Agosto, ideal para probar la cocina cuencana.
Si cruzas el río hacia el sur, puedes acercarte a la zona universitaria y seguir hasta el mirador de Turi, desde donde se ve todo el valle, el curso de los ríos y el perfil de la ciudad que acabas de recorrer.
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