Más de 230 lagunas glaciares en el páramo del Parque Nacional Cajas
El Parque Nacional Cajas se ubica a 30 km de Cuenca entre los 3.100 y 4.450 msnm. Custodia un laberinto glaciar de más de 230 lagunas andinas como La Toreadora y Llaviucu, pajonales dorados y bosques de papel Polylepis con fauna andina.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026
El Parque Nacional Cajas es el mayor santuario lacustre de alta montaña del sur de Ecuador, situado a corta distancia de Cuenca. Fue declarado sitio Ramsar de importancia mundial por sus humedales glaciares.

Senderos de trekking y bosques de papel
La Ruta 1 parte de la Laguna Toreadora en una caminata accesible de unas dos o tres horas a través de bosques relictos de Polylepis (árbol de papel), cuyos troncos retorcidos rojizos crean una atmósfera de fantasía. Rutas más exigentes ascienden hacia los miradores de Tres Cruces y la Laguna Negra.
Es hogar de cóndores andinos, osos de anteojos, venados de páramo y truchas arcoíris, constituyendo una excursión imprescindible de la guía de Cuenca.
Equipo básico
El clima en el Cajas es frío y muy cambiante (con lluvias imprevistas y niebla densa). Lleva calzado de montaña impermeable, abrigo térmico en capas y poncho de agua.
Un macizo moldeado por el hielo
Las lagunas del Cajas no son fruto del azar. Durante las glaciaciones del Pleistoceno, grandes masas de hielo cubrieron esta parte de la cordillera Occidental de los Andes y fueron excavando valles en forma de U, cubetas y circos.
Al retirarse los glaciares, esas depresiones se llenaron con agua de lluvia y de escorrentía, y dieron origen al rosario de lagunas que hoy salpica el páramo.
En la actualidad no quedan glaciares activos en el parque, pero su huella se lee por todas partes: rocas pulidas, morrenas cubiertas de pajonal y valles encajonados que se suceden uno tras otro.
Sobre el origen del nombre hay varias versiones. Una lo relaciona con una palabra quechua asociada al frío, y otra con el aspecto de sus valles, que parecen cajas encerradas entre paredes de roca.
Sea cual sea la explicación correcta, las dos describen bien lo que vas a encontrar: un paisaje frío, húmedo y lleno de rincones escondidos, donde detrás de cada loma aparece otra laguna.
El área se protegió primero como zona de recreación y en la década de 1990 recibió la categoría de parque nacional.
Desde entonces ha sumado reconocimientos internacionales: además de su designación Ramsar, forma parte de la reserva de biosfera del Macizo del Cajas, declarada por la UNESCO, que se extiende también por zonas más bajas en dirección a la costa.
El agua de Cuenca nace aquí
Más allá de su belleza, el Cajas cumple una función vital para la región.
El páramo funciona como una gigantesca esponja: los suelos oscuros y ricos en materia orgánica, junto con los musgos y las plantas en almohadilla, retienen el agua de la lluvia y de la niebla y la van liberando poco a poco.
De estas alturas bajan ríos como el Tomebamba y el Yanuncay, que atraviesan Cuenca y aportan buena parte del agua que consume la ciudad. Por eso, para muchos cuencanos, cuidar el parque es cuidar su propio grifo.
El macizo es además una divisoria de aguas continental. Parte de las lagunas y quebradas drenan hacia el océano Pacífico, mientras que otras alimentan ríos que terminan en la cuenca del Amazonas y, a través de ella, en el Atlántico.
Cuando cruzas la zona más alta de la carretera, en los alrededores de Tres Cruces, pasas literalmente de una vertiente a la otra.
Qué ver en el parque
La mayoría de visitantes entra por la carretera que une Cuenca con la costa, que atraviesa el parque de este a oeste. Gracias a ella, varios de sus rincones más conocidos quedan a pocos minutos del asfalto, algo poco habitual en un espacio de alta montaña. Estos son los puntos que suelen concentrar la visita:
Laguna Llaviucu: en la parte baja y oriental, rodeada de bosque andino, ideal para observar aves y dar un paseo suave junto al agua.
Laguna Toreadora: junto al centro de visitantes, es el punto de partida más habitual y el lugar donde informarte sobre los senderos.
Mirador de Tres Cruces: en la parte más alta de la vía, con vistas amplias sobre el páramo y, en días despejados, sobre decenas de lagunas.
Bosques de Polylepis: manchas de árboles de corteza rojiza que se desprende en láminas finas, escondidas en quebradas protegidas del viento.
El contraste entre Llaviucu y Toreadora resume bien la diversidad del Cajas. En la primera, a menor altitud, dominan los árboles cubiertos de musgos, bromelias y líquenes, y el ambiente recuerda a un bosque nublado.
En la segunda, varios centenares de metros más arriba, el paisaje se abre en un pajonal ondulado donde manda el viento y las plantas crecen pegadas al suelo para resistir el frío.
Flora y fauna del páramo
La vegetación del Cajas está adaptada a condiciones duras: noches frías, radiación solar intensa y suelos encharcados. Por eso abundan las plantas en roseta y en almohadilla, los pajonales de hojas rígidas y las achupallas, parientes andinas de las bromelias.
Los bosques de Polylepis, conocidos localmente como quinuales o árboles de papel, se cuentan entre los que crecen a mayor altitud en el mundo y sirven de refugio a muchas especies de aves e insectos.
Para quienes disfrutan observando aves, el parque es un destino muy apreciado. Entre sus habitantes más buscados está la metalura gorgivioleta, un pequeño colibrí de distribución muy reducida que vive en esta zona del sur de Ecuador.
En las lagunas es fácil ver patos andinos y gaviotas andinas, en el pajonal aparecen caracaras y, con suerte, algún cóndor planea sobre las crestas. Los mamíferos, como el venado de cola blanca o el lobo de páramo, son más esquivos y se dejan ver sobre todo al amanecer.
Huellas humanas en la alta montaña
Aunque hoy parezca un territorio salvaje, el Cajas ha sido zona de paso durante siglos.
Por el macizo cruzaban antiguos caminos que conectaban la sierra con las tierras bajas de la costa, y en distintos puntos del parque se conservan restos de senderos y estructuras prehispánicas vinculados a la red vial que los incas ampliaron en esta región.
Algunos tramos se pueden recorrer con guías locales y ayudan a imaginar cómo se movían personas y productos entre ambos mundos, a través de un terreno que todavía hoy exige respeto.
Consejos para la visita
La altitud es lo primero que debes tener en cuenta. Si llegas a Cuenca desde la costa o desde otro país, conviene pasar uno o dos días en la ciudad antes de caminar por el parque, porque por encima de los 4.000 metros el esfuerzo se nota mucho más.
Camina a ritmo pausado, bebe agua con frecuencia y deja las rutas largas para cuando te sientas aclimatado. Las mañanas suelen ser más despejadas que las tardes, cuando la niebla tiende a subir y puede cerrar la visibilidad en cuestión de minutos.
En los puntos de control, como el centro de visitantes de Toreadora o la entrada de Llaviucu, se suele pedir que te registres e indiques la ruta que vas a hacer.
No lo tomes como un trámite menor: la niebla puede desorientar incluso a caminantes con experiencia, y saber quién está en cada sendero facilita cualquier búsqueda.
Mantente en los caminos señalizados, no te acerques a las orillas encharcadas de las lagunas y lleva un mapa o una aplicación con el recorrido descargado, porque la cobertura de teléfono es irregular.
Para una primera visita, medio día alcanza para conocer Toreadora y Llaviucu con un paseo corto en cada una; si quieres hacer una de las rutas largas, reserva el día completo.
Puedes llegar en excursión organizada, en coche propio o en los autobuses que salen de la terminal de Cuenca hacia la costa por esta carretera, pidiendo al conductor que te deje en la entrada.
Antes de ir, conviene consultar en la web oficial del parque las condiciones de acceso y los senderos habilitados.
En el camino de regreso a Cuenca hay restaurantes y criaderos donde se sirve trucha, el plato que muchos asocian a esta excursión.
Y si te queda energía, combinar el Cajas con un paseo por el centro histórico de Cuenca al atardecer es una buena manera de cerrar el día: pasar del silencio del páramo a las calles empedradas de la ciudad muestra dos caras muy distintas del sur de Ecuador.





