Puertas azul añil y talleres de imagineros en el barrio de San Blas

San Blas es el emblemático barrio bohemio y artesanal de Cusco, conocido en época inca como Tococache. Famoso por sus estrechas callejuelas empedradas, casonas encaladas con puertas azul añil, miradores panorámicos y los históricos talleres de familias de artesanos imagineros.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Callejón empedrado y casonas blancas con carpinterías azules en el barrio tradicional de San Blas en Cusco
Jorge Láscar from Australia, Wikimedia Commons (CC BY 2.0)

El refugio de los maestros artesanos andinos

Situado en la ladera noreste de Cusco, San Blas es el rincón más pintoresco, apacible y creativo de la ciudad. Sus calles empinadas de suelo adoquinado conservan canales de agua prehispánicos y fachadas encaladas con carpinterías pintadas en el característico azul cielo cusqueño.

Talleres familiares y el púlpito de San Blas

Alrededor de su coqueta plazoleta operan los legendarios talleres de imaginería religiosa, famosos mundialmente por las vírgenes y arcángeles de cuellos estilizados creados por Hilario Mendívil y continuados por sus descendientes.

En la sobria iglesia parroquial de San Blas se preserva un púlpito virreinal barroco del siglo XVII, esculpido en un único tronco de cedro con gran virtuosismo anatómico y floral.

Atardeceres: Camina hasta la Plaza San Cristóbal o las terrazas superiores de San Blas para disfrutar del crepúsculo con vista a los tejados coloniales de la ciudad.

De T'oqokachi a barrio de artistas

Mucho antes de que llegaran los españoles, la ladera que hoy ocupa San Blas ya estaba habitada. En tiempos incas era uno de los barrios que rodeaban el centro ceremonial de la ciudad, y se le conocía como T'oqokachi.

Desde su posición elevada se dominaba la capital del Tawantinsuyu, y sus terrazas y canales formaban parte del sistema que abastecía de agua a las zonas bajas.

Tras la conquista, los españoles reorganizaron la ciudad en parroquias de indios y levantaron en este sector una de las primeras iglesias parroquiales de Cusco, dedicada a san Blas.

Con el tiempo, el barrio se fue llenando de casas de adobe con balcones de madera y patios interiores, muchas de ellas construidas sobre cimientos incas que todavía se distinguen en la base de los muros.

Esa superposición de piedra inca, adobe colonial y vida contemporánea es la que da a San Blas su carácter tan particular.

Durante el siglo XX, la tradición artesanal del barrio cobró fama más allá de Cusco.

Familias de imagineros, ceramistas y talladores abrieron sus talleres al público, y San Blas empezó a atraer también a pintores, músicos y viajeros que buscaban un ambiente más tranquilo que el de la Plaza de Armas.

De ahí nace la fama bohemia que conserva hoy, con galerías, cafés y pequeños hostales escondidos en sus callejones.

El púlpito y sus leyendas

Por fuera, la iglesia de San Blas es un edificio modesto, con muros de adobe sobre una base de piedra y una espadaña sencilla. Nada hace sospechar que en su interior guarda una de las obras más admiradas del arte colonial andino.

El púlpito, tallado en madera con una densidad de figuras, columnas y motivos vegetales casi abrumadora, representa santos, doctores de la Iglesia y escenas simbólicas que se van escalonando hasta la parte superior.

La autoría del púlpito se atribuye tradicionalmente a Juan Tomás Tuyru Túpac, un artista indígena de ascendencia noble, aunque los especialistas debaten hasta qué punto trabajó solo o con un taller.

A la obra la acompaña una leyenda muy repetida por los guías: el cráneo que aparece en lo alto sería el del propio tallador.

Nadie ha podido demostrarlo, pero la historia forma parte del encanto de la visita y explica por qué tantos viajeros entran a la iglesia buscando ese detalle con la mirada.

Qué ver en el barrio

La mejor manera de conocer San Blas es caminar sin un plan demasiado rígido, subiendo y bajando por sus calles empinadas. Aun así, hay algunos rincones que conviene no perderse:

  • La calle Hatun Rumiyoq, que conecta el barrio con el centro y conserva el muro inca donde se encuentra la famosa piedra de los doce ángulos.

  • La cuesta de San Blas, empinada y estrecha, flanqueada por tiendas de artesanía, galerías y talleres abiertos.

  • La calle Tandapata, donde un canal de piedra de origen prehispánico corre todavía junto a las escalinatas.

  • La plazoleta de San Blas, con su fuente y la iglesia parroquial, punto de encuentro natural del barrio.

  • El arco de Sapantiana, un antiguo acueducto colonial en la parte baja del sector, menos visitado y muy fotogénico.

Los talleres son el alma del barrio. Además de la familia Mendívil, con sus figuras de cuello alargado, en San Blas trabajaron otros artistas reconocidos, como el ceramista Edilberto Mérida, cuyas figuras de manos y rostros desproporcionados expresan el sufrimiento y la fuerza del mundo campesino andino.

Muchos de estos talleres siguen siendo negocios familiares, y entrar en ellos es una oportunidad para ver de cerca cómo se trabaja la pasta, la madera policromada o la cerámica.

Curiosidades de San Blas

Las puertas y ventanas pintadas de azul son casi una seña de identidad del barrio, y hay varias explicaciones populares sobre su origen, desde la influencia de la arquitectura colonial hasta la simple costumbre.

Lo cierto es que el contraste del azul con el blanco de las paredes y el ocre de los tejados se ha convertido en una de las imágenes más repetidas de Cusco.

Otra curiosidad es la cantidad de cimientos incas que aparecen en las calles menos transitadas: basta con fijarte en la parte baja de los muros para descubrir sillares perfectamente encajados bajo el adobe.

San Blas es también uno de los barrios con más vida nocturna tranquila de la ciudad.

Al caer la tarde, sus bares pequeños y peñas acogen música en vivo, desde ritmos andinos hasta propuestas más actuales, y los restaurantes de cocina vegetariana o de autor conviven con picanterías de ambiente local.

Esa mezcla entre vecinos de toda la vida, artistas y viajeros es parte de lo que hace del barrio un lugar especial.

Consejos para la visita

Ten en cuenta que San Blas se encuentra en una ladera y que Cusco está a más de 3.300 metros de altitud.

Las cuestas, aunque cortas, cansan mucho los primeros días, así que sube despacio, haz pausas y no lo dejes para el mismo día de tu llegada si todavía no te has aclimatado.

Usa calzado con buena suela, porque las piedras del suelo pueden resultar resbaladizas, sobre todo después de una lluvia.

Para disfrutarlo con calma, dedícale media mañana o una tarde completa, combinando paseo, visita a la iglesia y algún taller. Si quieres entrar al templo, conviene consultar antes los horarios y las condiciones de acceso, ya que la iglesia forma parte de un circuito religioso con entrada propia.

De noche, el barrio es animado en sus calles principales, pero algunos callejones quedan poco iluminados; si vuelves tarde a tu alojamiento, mejor hacerlo por las vías más transitadas.

Qué ver cerca

Desde San Blas, el centro histórico queda a pocos minutos a pie bajando por Hatun Rumiyoq. En el camino puedes desviarte hacia la plaza de las Nazarenas, donde se encuentra el Museo de Arte Precolombino, y seguir hasta la Plaza de Armas y la catedral.

Si prefieres subir, desde la parte alta del barrio parten caminos que llevan hacia la zona de San Cristóbal y, más arriba, al complejo arqueológico de Sacsayhuamán, ideal para combinar en una misma jornada arte colonial, artesanía y patrimonio inca.

Para saber más