Desde las tumbas meriníes, toda Fez a la hora del rezo
Las Tumbas Meriníes son los restos monumentales de una necrópolis real del siglo XIV emplazada en la colina de al-Qolla, al norte de la medina de Fez. Aunque las construcciones de adobe están en ruinas, el lugar es uno de los miradores más espectaculares para contemplar toda la ciudad y escuchar la llamada al rezo.
Por Daniel · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Mejor momento
- Media hora antes del atardecer
Encaramadas sobre la cresta montañosa septentrional que custodia Fez, las Tumbas Meriníes ofrecen una amplia perspectiva aérea del urbanismo medieval de Marruecos. Bajo sus arcos de arcilla descansa la memoria de la dinastía que convirtió a la ciudad en faro cultural.

Vestigios de la dinastía meriní
Edificadas durante el siglo XIV, las tumbas consistían en mausoleos monumentales donde fueron sepultados miembros de la dinastía meriní.
Aunque el paso del tiempo ha erosionado buena parte de las construcciones, sus arcos de herradura recortados contra el cielo conservan un aura mística.
La llamada a la oración al atardecer
El mejor momento llega al caer la tarde.
Cuando el sol tiñe de tonos malva y dorados los valles del Rif, los minaretes de las cientos de mezquitas de Fes el-Bali comienzan a entonar al unísono el adhan (llamada a la oración del magrib), generando un eco polifónico estremecedor que inunda toda la cuenca urbana.
Recomendación de regreso: Tras la puesta de sol, la colina queda en penumbra. Si subiste a pie, es prudente regresar hacia la medina antes de que anochezca del todo o acordar con un taxista que te espere para el descenso.
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Quiénes fueron los meriníes
Los meriníes fueron una dinastía de origen bereber que se hizo con el poder en Marruecos a mediados del siglo XIII, tras el declive de los almohades.
Fez se convirtió en su capital y recibió un impulso enorme: fundaron Fes el-Jdid, levantaron palacios y, sobre todo, construyeron madrazas, colegios donde se enseñaban teología, derecho y ciencias. Gran parte de lo que hoy nos fascina de la medina, como las madrazas Bou Inania y al-Attarine, es obra suya.
Ese mecenazgo explica por qué Fez conserva una fama intelectual tan fuerte. Los sultanes querían presentarse como protectores del saber y de la fe, y cada edificio refleja esa ambición.
Las tumbas de la colina son el último capítulo de esa historia: un lugar pensado para que los gobernantes descansaran contemplando la ciudad que ellos habían engrandecido.
Lo que queda de los mausoleos
Los restos que ves hoy son sobre todo muros, arcos y fragmentos de cúpulas, resistentes al paso del tiempo pero muy erosionados. No esperes un monumento restaurado ni un recorrido cerrado con paneles: la atracción es el conjunto en ruinas y el paisaje que lo rodea.
Las siluetas de los arcos contra el cielo, especialmente al final del día, son lo que más suele fotografiarse.
Conviene saber que el lugar no está pensado como museo. Los visitantes caminan con bastante libertad, y por eso resulta importante comportarse con respeto, sin trepar a los muros ni dejar basura.
Cerca hay cementerios en uso, de modo que lo más adecuado es mantener un tono discreto y tratar el entorno como lo que es: un espacio funerario con siglos de historia.
La vista sobre Fes el-Bali
Desde la colina se aprecia de un vistazo la extensión de la medina, con sus tejados de tonos tierra, sus terrazas, las antenas y los minaretes que despuntan entre las casas.
Es una de las pocas ocasiones en que puedes ver la ciudad como un todo, y entender por qué recibe el apelativo de laberinto: desde arriba no se distingue una sola calle, solo un entramado continuo.
Con un poco de atención, intenta localizar los puntos que ya conoces o que vas a visitar. Los tejados de teja verde de la mezquita de al-Qarawiyyin y el minarete de la Madraza Bou Inania son buenas referencias.
Si viajas con prismáticos o un teleobjetivo, notarás todavía más detalles de la vida en las azoteas, desde tendederos hasta antenas parabólicas.
La fortaleza vecina y el camino de subida
Muy cerca de las tumbas se encuentra el Borj Nord, una fortaleza de época saadí que vigilaba la ciudad desde las alturas. Hoy alberga un museo de armas, y su presencia ayuda a entender el valor estratégico de la colina.
Puedes sumar las dos paradas en una misma salida y completar así el panorama defensivo y funerario del Fez medieval.
Para llegar tienes varias opciones: un taxi desde la medina, que es lo más cómodo, o una subida a pie en cuesta que merece la pena si te gusta caminar y llevas calzado adecuado.
Si decides subir andando, hazlo con luz y con cierta atención al camino, porque el terreno es irregular. Para el regreso, lo más prudente es dejarlo acordado con un conductor.
Consejos para disfrutar del atardecer
El mejor plan consiste en subir con tiempo suficiente para encontrar un buen sitio antes de que se llene. Lleva una chaqueta ligera, porque al ponerse el sol la temperatura baja con rapidez, y algo de agua.
Consulta la hora del ocaso del día concreto, ya que cambia a lo largo del año, y calcula tu llegada para disponer de un margen cómodo.
Cuando suene la llamada a la oración desde los minaretes de la medina, quédate en silencio unos minutos. La superposición de voces desde distintos puntos de la ciudad crea un efecto muy particular que no se parece a nada que puedas escuchar desde dentro de las callejuelas.
Después, baja con calma y aprovecha para cenar en la medina, donde la actividad continúa hasta bien entrada la noche.





