Cruzar a pie el puente Hercílio Luz, símbolo de Florianópolis

El Ponte Hercílio Luz es el monumento y símbolo arquitectónico indiscutible de Florianópolis, inaugurado en 1926 para conectar la isla con el continente. Con unos 820 metros de largo, es el mayor puente colgante de Brasil y destaca por su sistema de barras de ojal y un animado paseo peatonal.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El histórico puente colgante Hercílio Luz iluminado sobre la bahía norte de Florianópolis al atardecer.
Sofia Zluhan de Amorim, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

El coloso de acero que unió la isla de Santa Catarina

Conocida como la 'Isla de la Magia', Florianópolis tiene en el Ponte Hercílio Luz su silueta más reconocible en Brasil. Durante décadas fue la única vía de comunicación terrestre de la ciudad.

Paseo peatonal y atardecer en el Parque da Luz

Cruzar a pie sus pasarelas a más de cuarenta metros de altura sobre el mar regala una brisa marina estimulante y vistas de ambas bahías.

Los fines de semana el puente se ha abierto solo a peatones y ciclistas, mientras en el contiguo Parque da Luz locales y turistas comparten mate (chimarrão) aguardando la iluminación nocturna del puente.

Desde el centro histórico se puede continuar hacia las dunas de Praia da Joaquina o el bohemio enclave de Lagoa da Conceição.

Paseo de fin de semana sin coches:

Los fines de semana el puente se ha abierto solo a peatones y ciclistas, un paseo público muy animado; consulta las normas vigentes.

Historia del puente y de su larga restauración

El puente lleva el nombre de Hercílio Luz, político catarinense que gobernó el estado y que impulsó el proyecto.

Su construcción fue una obra de ingeniería ambiciosa para la época, con una estructura de acero colgante que pretendía resolver un problema histórico: unir la isla de Santa Catarina con el continente por tierra.

Antes de existir el puente, el cruce se hacía en barcos, lo que limitaba el comercio y el desarrollo de la ciudad.

Durante décadas fue el único acceso terrestre a la isla y uno de los grandes símbolos de la ciudad. Con el paso del tiempo, el tráfico creció, aparecieron nuevos puentes y el viejo coloso fue perdiendo protagonismo práctico.

Su deterioro llevó a cerrarlo al tránsito de vehículos, y estuvo muchos años inaccesible mientras se debatía cómo restaurarlo. La imagen de un puente cerrado en pleno centro de la ciudad marcó a varias generaciones de vecinos.

Tras una larga obra de recuperación, el puente volvió a abrirse y hoy se visita sobre todo a pie. Su reapertura fue un acontecimiento para la ciudad, porque devolvió a sus habitantes uno de sus emblemas.

La restauración respetó la estética original y mantuvo las grandes cadenas de barras de acero, la parte más reconocible de su silueta, especialmente bonita cuando se ilumina al caer la noche.

Qué ver y cómo recorrerlo

Cruzar el puente es la forma más directa de entender su escala. Desde la pasarela verás las dos bahías, los barcos que entran y salen y las colinas del continente al fondo.

Detente en los puntos donde puedes asomarte a las barandillas y fíjate en los remaches y las piezas metálicas: son detalles de una técnica de construcción que hoy casi no se usa y que hace del puente una pieza de patrimonio industrial.

Desde abajo la perspectiva cambia por completo. En el Parque da Luz y en la zona de la orilla puedes sentarte y contemplar la estructura de frente, con sus torres y cables dibujando una línea elegante contra el cielo.

Es un buen lugar para ver el atardecer y para esperar a que se enciendan las luces, cuando el puente adquiere un aire muy distinto al que tiene de día.

Si disfrutas de la fotografía, prueba distintas horas del día. Por la mañana la luz es suave y el movimiento es menor; al atardecer el cielo se tiñe de colores cálidos; de noche, la iluminación permite imágenes de larga exposición.

Lleva una chaqueta fina, porque junto al mar corre brisa incluso en verano, y evita las horas de más sol si vas con niños o con personas mayores.

Consejos y entorno cercano

Antes de ir, consulta las condiciones de acceso, los horarios y las posibles restricciones en las fuentes oficiales de la ciudad. Las reglas de uso del puente pueden cambiar según el día, el mantenimiento y los eventos, y es mejor enterarse antes que llevarse una sorpresa ya en el lugar.

Procura también llevar documentos y objetos de valor sólo en la cantidad necesaria.

El puente queda muy cerca del centro histórico, de modo que es fácil combinarlo con un paseo por las calles antiguas, la catedral y el mercado. También puedes seguir hasta el borde del agua y ver cómo se transforma el paisaje urbano según avanza el día.

Es un plan sencillo, apto para casi todos, que no exige una gran preparación ni un gasto elevado.

Si te interesa la historia, busca los paneles informativos y pregunta en los puntos de información turística por actividades guiadas. Entender por qué se construyó y qué significó para los habitantes de la isla convierte un simple paseo en una visita con más contenido.

Y recuerda mirar hacia arriba al cruzar: la estructura entera es, en sí misma, la mejor atracción.

Para saber más