¿Cómo es la Garganta del Diablo desde la pasarela brasileña?
La pasarela de la Garganta del Diablo en el Parque Nacional do Iguaçu de Brasil es una audaz pasarela metálica elevada sobre el río que se adentra sobre las aguas turbulentas del río hasta la rompiente del mayor salto de Iguazú. Concluye en una torre con ascensor panorámico de cristal junto al Salto Floriano.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Una inmersión en el rugido del abismo fluvial
Caminar por la pasarela elevada de la Garganta del Diablo en Foz do Iguaçu es la vivencia física más intensa del parque. El estruendo es ensordecedor, el viento empuja la bruma en torbellinos y el agua empapa a los visitantes en segundos.
El balcón circular y el ascensor de cristal
Al final de la pasarela, el balcón circular permite experimentar la sensación de flotar en el corazón de la cascada. Al regresar al acantilado, un ascensor panorámico de cristal asciende hasta la terraza superior, regalando una vista cenital del Salto Floriano y de los rápidos superiores del río Iguazú.
Para completar la descarga de adrenalina náutica, se puede abordar el Macuco Safari o contemplar el paisaje desde el aire con el Vuelo en Helicóptero.
Protección absoluta para cámaras:
La bruma es tan densa que arruinará dispositivos electrónicos no sumergibles. Emplea fundas impermeables con cordón al cuello.
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Qué es la Garganta del Diablo y por qué impresiona tanto
La Garganta del Diablo es un gran escalón en forma de herradura por el que se despeña buena parte del caudal del río Iguazú. Está en la frontera misma entre Brasil y Argentina, y se considera el salto más potente y más famoso del conjunto.
Lo que lo hace especial es su forma cerrada: el agua cae desde tres lados hacia un mismo punto, y la nube de vapor que se levanta cubre casi todo el cañón.
Desde la orilla brasileña llegas a este sitio a través de una pasarela construida sobre el río, con estructuras ancladas a pilares que se adentran en la corriente.
No flota, sino que se apoya en el lecho, y su trazado se prolonga hasta un balcón desde el que se ve y se siente la caída. Es un recorrido corto, pero la intensidad de sus últimos metros lo convierte en uno de los momentos más memorables de la visita.
Los primeros viajeros que se acercaron a estos saltos hablaron de un rugido que se oía desde muy lejos y de una niebla constante sobre el valle.
Hoy, gracias a las infraestructuras que protegen el entorno y ordenan el paso, es posible disfrutar de esa misma potencia con comodidad, sin comprometer la seguridad de las personas ni la integridad del ecosistema que rodea las cascadas.
Cómo es el paseo, paso a paso
El camino parte de la zona alta, ya dentro del parque, y avanza sobre el río en un tramo largo y recto. Al principio, el ruido del agua es sólo un murmullo, y las aguas del río parecen mansas.
A medida que caminas, la corriente se acelera, el cauce se estrecha y el sonido se transforma en un trueno continuo que te acompaña hasta el final.
En los últimos metros la bruma te envuelve. Notarás gotas en la cara, en la ropa y en las lentes de las gafas, y el viento que sube del abismo puede empujar el agua hacia los lados.
Se forma casi siempre un arco iris cuando el sol brilla desde un buen ángulo, y es habitual que los visitantes se detengan a observarlo sin hablar, algo entre fascinados y sobrecogidos.
En el balcón final puedes asomarte a la caída. Allí se aprecia con claridad cómo el agua se pliega sobre sí misma y cómo se pierde en la nube de vapor, sin que se vea el fondo.
Si hay mucha gente, espera tu turno con paciencia, porque la zona es limitada y conviene dejar espacio para que todos disfruten de la vista sin empujones.
Curiosidades y consejos útiles
Un detalle poco conocido es que el caudal puede variar muchísimo de una época a otra. En semanas de lluvias intensas, el agua adquiere un tono rojizo por los sedimentos y la bruma crece hasta cubrir casi toda la pasarela.
En épocas más secas se pueden distinguir mejor los bordes de la roca. En ambos casos, el espectáculo cambia, y por eso muchos viajeros vuelven con ganas de repetir.
Lleva un chubasquero fino o un poncho ligero, que se seca rápido.
Protege el móvil y la cámara con una funda estanca o una bolsa cerrada.
Calza suelas con buen agarre, porque el suelo húmedo resbala.
Si te cuesta caminar mucho, consulta con antelación las opciones de accesibilidad del parque.
Después de la pasarela, el parque ofrece un ascensor panorámico que permite subir a un mirador superior y ver el conjunto desde arriba, con una perspectiva más amplia del río y de los saltos próximos.
Aprovecha esa parada para descansar, tomar agua y observar con calma lo que acabas de recorrer. Verás cómo cambia la sensación al contemplar desde lejos aquello que antes sentías encima.
Para completar la jornada, puedes combinar este paseo con otras actividades en el entorno, tanto de naturaleza como de aventura en el río.
Si tienes poco margen de tiempo, prioriza esta pasarela y el sendero principal del parque, porque entre ambos ofrecen una visión muy completa de lo que representan las cataratas del lado brasileño.





