444 peldaños numerados hasta el faro del cerro Santa Ana
El Cerro Santa Ana es la cuna histórica de Guayaquil. Ascendiendo por su pintoresca escalinata de 444 peldaños numerados entre casas coloniales de colores, se alcanza la cima con su faro naval de 18 metros y miradores con vistas de 360 grados sobre los ríos Guayas y Daule.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026
El Cerro Santa Ana es el mirador patrimonial por excelencia de Guayaquil en Ecuador. En sus faldas se asentó la fundación de la urbe en su sitio actual en el siglo XVI.

Las 444 escalinatas, faro naval y capilla
El circuito de 444 escalones está flanqueado por coloridas viviendas de madera restauradas en tonos pastel que albergan cafés, tiendas de artesanía y galerías de pintura.
En la cúspide se alza un faro naval de franjas azules y blancas, la Capilla de Santa Ana y cañones coloniales de la época de los ataques piratas.
El mirador superior del faro brinda una visión completa de la desembocadura de los ríos Daule y Babahoyo, recomendada en la guía urbana de Guayaquil.
Consejos prácticos
Lleva agua fresca y calzado deportivo cómodo; a lo largo del ascenso hay múltiples puestos de venta donde tomar jugos de frutas tropicales o cerveza helada.
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Un cerro con memoria de ciudad
Antes de ser un paseo para visitantes, este cerro fue una de las referencias del primer asentamiento de Guayaquil. Los pobladores buscaban terreno algo elevado junto al río, lejos de las zonas inundables, y las laderas de Santa Ana y de su vecino, el cerro del Carmen, ofrecían justo eso.
De aquellas primeras casas queda poco en pie, pero el trazado estrecho y empinado de las calles de la zona conserva ese sabor de barrio portuario antiguo.
El aspecto actual es mucho más reciente. A comienzos de los años dos mil se emprendió una gran regeneración urbana que ordenó las escalinatas, restauró fachadas, enterró cables y convirtió un sector que se percibía descuidado en uno de los recorridos favoritos de los guayaquileños.
Por eso, al subir, conviene mirar con atención las casas: muchas combinan madera tradicional con reparaciones modernas hechas para devolverles su apariencia de antaño.
Cómo es la subida paso a paso
La escalinata arranca junto al barrio de Las Peñas, y los escalones están numerados, de modo que siempre sabes cuánto te falta para llegar arriba.
Eso la vuelve muy amable para quien no está acostumbrado a subir: puedes hacer pausas en los descansos, entrar a mirar una galería o sentarte unos minutos en un banco sin perder la cuenta de lo avanzado.
Por el camino verás plazoletas pequeñas, murales, placas conmemorativas y rincones con mesas donde se escucha música. A medida que ganas altura, el ruido del tráfico se atenúa y se impone la brisa del río.
Conviene subir sin prisa, porque cada tramo cambia el encuadre de la ciudad y es fácil que quieras detenerte a fotografiar los tejados, los barcos y las torres del centro.
Ya arriba, el espacio se abre en una explanada con la capilla, el faro y los miradores. Desde allí se distingue el curso ancho del río Guayas, los puentes que lo cruzan, la silueta del malecón y, hacia el otro lado, el mosaico de cubiertas del casco antiguo.
Es el mejor lugar para entender cómo se ordena la ciudad en torno al agua.
Las Peñas, el barrio que acompaña la subida
El barrio de Las Peñas es inseparable de esta visita.
Su calle principal, que lleva el nombre del poeta Numa Pompilio Llona, es considerada una de las más antiguas de la ciudad, y a lo largo de ella se alinean casas de madera con balcones, talleres de artistas y pequeños espacios culturales.
Es un lugar donde la vida cotidiana de los vecinos convive con el turismo, así que conviene caminar con calma y respetar la tranquilidad de las viviendas.
Muchos visitantes aprovechan para recorrer primero esta calle, subir luego por las escaleras y bajar por el mismo camino cuando el sol ya está más bajo.
Esa secuencia ofrece dos ambientes distintos: la intimidad de las callejuelas al principio y la amplitud del panorama al final, con la ciudad iluminándose poco a poco si te quedas hasta el atardecer.
Consejos para sacarle partido a la visita
Sube con el ánimo de pasear, no de llegar rápido: la gracia está en las paradas intermedias.
Lleva algo para cubrirte del sol y evita las horas centrales del día, cuando la escalinata apenas tiene sombra.
Si te interesa la fotografía, el atardecer regala una luz cálida sobre el río, aunque habrá más gente en los miradores.
Antes de ir, consulta en fuentes oficiales si hay actividades, cierres temporales o eventos que afecten el acceso.
Como complemento, puedes combinar el cerro con un paseo por el cercano malecón o con una parada en el casco antiguo. Así completas una jornada que mezcla historia, miradores y vida de barrio sin necesidad de grandes desplazamientos.





