Al caer el sol, miles de zorros voladores dejan la isla Kalong

La Isla Kalong (Pulau Kalong, 'Isla de los Murciélagos') es un islote cubierto de densos manglares en el Parque Nacional de Komodo. Es célebre por el éxodo de decenas de miles de murciélagos frugívoros gigantes (zorros voladores) que despegan al unísono al atardecer hacia la isla de Flores.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Ubicación
Parque Nacional de Komodo, cerca de la isla de Rinca
Especie protagonista
Zorro volador, murciélago frugívoro de gran tamaño
Observación
Desde la cubierta de los barcos fondeados en la bahía frente a los manglares
Destino de su vuelo
Selvas frutales de la vecina isla de Flores en busca de alimento nocturno

El ballet aéreo de los zorros voladores

Al aproximarse el crepúsculo en las Islas Komodo, decenas de barcos apagan sus motores frente a los manglares de la Isla Kalong en Indonesia.

Atardecer dorado sobre las colinas onduladas y la bahía de Labuan Bajo en la isla de Flores.
Arnas Goldberg, Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

El éxodo de miles de zorros voladores

A medida que los últimos destellos anaranjados y violetas tiñen el horizonte, los árboles de mangle cobran vida con chillidos agudos y, de repente, una marea interminable de zorros voladores de gran envergadura alza el vuelo en formación continua, oscureciendo el cielo durante más de treinta minutos mientras cruzan hacia Flores para alimentarse.

Una parada habitual en los cruceros liveaboard

Esta experiencia es el cierre habitual del primer día de crucero antes de fondear para cenar bajo las estrellas. Se combina a la perfección con la visita vespertina a la Isla Rinca o la subida a la Isla Kelor.

Quiénes son los zorros voladores

Aunque se les llama murciélagos, estos animales se parecen poco a los pequeños insectívoros que solemos imaginar. Los zorros voladores son murciélagos frugívoros de gran tamaño, con cara alargada y orejas pequeñas que recuerdan a la de un zorro, de ahí su nombre.

No cazan insectos ni se orientan con ecolocalización como otros murciélagos: se guían sobre todo por la vista y el olfato para encontrar frutos maduros, flores y néctar. Su aspecto impresiona, pero son animales tranquilos que no representan un peligro para las personas.

Durante el día duermen colgados boca abajo entre las ramas de los manglares, agrupados en colonias donde cada uno ocupa su lugar. Cuando cae la luz, se despiertan, se desperezan y empiezan a moverse.

Su papel ecológico es importante: al desplazarse de noche por grandes distancias, dispersan semillas y polinizan plantas, y de ese modo ayudan a mantener la salud de los bosques de las islas y de la costa cercana.

Cómo conviene vivir el atardecer

El espectáculo depende de la puntualidad. Los barcos suelen llegar con tiempo para fondear en la bahía antes de que empiece el vuelo, y conviene estar atento desde el primer momento.

Primero se oyen los chillidos y se ven movimientos entre las copas; después comienzan a despegar los primeros ejemplares, y el flujo se vuelve continuo.

Lo mejor es mantenerse en silencio, apagar luces innecesarias y dejar que la escena ocurra sin molestar a los animales, que reaccionan mal al ruido y a los focos.

Si quieres fotografiarlo, prepara la cámara antes de que oscurezca. Una cámara con buen rendimiento con poca luz ayuda, y un teléfono moderno también puede dar buenos resultados si lo apoyas en una superficie firme.

Es un momento difícil de captar bien, de modo que quizá sea mejor guardar un rato la cámara y simplemente mirar. El contraste de siluetas oscuras contra un cielo anaranjado es una imagen que se queda grabada, incluso si no consigues la foto perfecta.

Un ecosistema de manglar

La isla está cubierta de manglares, un tipo de bosque que crece en aguas saladas y que cumple una función clave en la costa.

Sus raíces entrelazadas protegen la orilla frente a la erosión, sirven de refugio a peces jóvenes y crustáceos, y filtran parte de los sedimentos que arrastra el agua.

Por eso los manglares se consideran verdaderas guarderías del mar, y su conservación es importante tanto para la fauna como para las comunidades que viven de la pesca.

Observarlos desde el barco permite apreciar esa red de raíces que emerge del agua, sobre todo cuando la marea está baja. Con suerte, verás aves posadas en las ramas más bajas o peces saltando cerca de la superficie.

Mientras esperas el vuelo de los murciélagos, es un buen momento para fijarte en estos detalles y comprender que lo que parece una simple orilla verde es en realidad un entorno lleno de vida.

Consejos para disfrutar la parada

Lleva una prenda de abrigo ligera, porque en el barco la brisa puede refrescar al caer la tarde, y un repelente de mosquitos, que se agradece cerca de los manglares.

No arrojes basura al agua ni te acerques demasiado a la orilla con lanchas auxiliares, ya que las colonias son sensibles a las molestias. Consulta las normas vigentes del parque nacional y sigue las indicaciones de la tripulación, que conoce bien los mejores puntos de observación.