La Ciudad Vieja de Montevideo se camina por la peatonal Sarandí
La Ciudad Vieja y su Peatonal Sarandí conforman el casco histórico original de Montevideo. Este barrio peninsular concentra buena parte del legado patrimonial de Uruguay, albergando la Plaza Matriz, el Cabildo, iniciado en 1804, la Catedral Metropolitana, galerías de arte y anticuarios.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El alma colonial y decimonónica de Montevideo
Nacida en la pequeña península que custodiaba la bahía del Río de la Plata, la Ciudad Vieja es el núcleo fundacional de Montevideo. Comenzando en la Plaza Independencia, la Peatonal Sarandí se adentra en un entramado adoquinado donde conviven fachadas neoclásicas, señoriales portales Art Nouveau y casonas coloniales con patios andaluces.
En la Plaza Matriz (Plaza Constitución), la más añeja de la ciudad, se levanta la emblemática Fuente de Mármol de Carrara de 1871 que celebró la llegada del agua corriente a la urbe, rodeada por plátanos centenarios y mesas de café al aire libre.
Cabildo histórico, Catedral y Palacio Taranco
Frente a la plaza se alza el Cabildo de Montevideo, joya del neoclasicismo español, iniciado en 1804 donde se juró la primera Constitución de la República en 1830.
A su lado, la Catedral Metropolitana de San Felipe y Santiago custodia las urnas funerarias de los próceres de la iglesia y la patria.
A pocas cuadras, en la Plaza Zabala, destaca el señorial Palacio Taranco de 1910, palacete de estilo francés que hoy funciona como Museo de Artes Decorativas con mobiliario y objetos decorativos de época.
Paseo de compras y café: En Sarandí encontrarás librerías tradicionales de viejo, talleres de orfebrería criolla con mates de plata labrada y cafeterías de especialidad ideales para una pausa de media tarde.
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De fortaleza española a barrio de memoria
Montevideo nació en el siglo XVIII como plaza fuerte, pensada por la corona española para frenar el avance portugués en el Río de la Plata.
La península sobre la que se levanta la Ciudad Vieja era un emplazamiento ideal: rodeada de agua casi por completo, con una bahía natural a su lado y una sola entrada por tierra.
Un recinto amurallado protegía el casco urbano, y durante décadas la vida de la ciudad giró en torno a esas defensas.
Las murallas se fueron derribando a lo largo del siglo XIX, cuando la ciudad empezó a crecer hacia el este. De aquel sistema defensivo se conserva en pie la Puerta de la Ciudadela, junto a la Plaza Independencia, que sirve de entrada simbólica al barrio.
Si empiezas tu paseo allí y avanzas por la peatonal, estarás repitiendo el mismo recorrido que hacían quienes llegaban a la antigua ciudad amurallada.
Qué mirar al recorrer las calles
La mejor manera de conocer el barrio es caminarlo sin un plan estricto y levantando la vista. Entre las fachadas aparecen balcones de hierro forjado, cornisas decoradas, azoteas con pequeños miradores y portales que dan a patios interiores.
Los edificios de distintas épocas conviven en la misma cuadra, y esa mezcla de estilos, del colonial al art déco, es justamente lo que da carácter a la zona y la convierte en un buen lugar para la fotografía urbana.
Presta atención también a los detalles cotidianos: los carteles antiguos, las tiendas de anticuarios, las librerías y los talleres de artesanía.
El barrio vive entre dos ritmos: durante la semana se llena de oficinas, comercios y estudiantes, y los fines de semana se vuelve más tranquilo, con calles más vacías y una luz muy agradable por la tarde. Elegir un momento u otro cambia mucho la experiencia.
Museos, plazas y rincones con historia
La Ciudad Vieja concentra una buena parte de la oferta cultural de la ciudad. Hay museos dedicados al arte, a la historia y a las artes decorativas, instalados muchas veces en casonas de otra época, además de galerías y centros culturales que organizan exposiciones temporales.
Conviene consultar antes de ir los días de apertura y las condiciones de acceso de cada uno, porque varían y no siempre coinciden entre sí.
Consejos para disfrutar del paseo
Calcula una mañana o una tarde completa y lleva calzado cómodo, porque el adoquinado y las aceras antiguas son irregulares.
En los meses de mucho sol conviene llevar gorra y agua, y en invierno una prenda cortavientos, ya que el viento que llega del río se nota en cuanto sales de las calles más protegidas.
Es útil guardar el mapa en el móvil por si te desorientas entre calles parecidas.
Combina el paseo con una pausa para tomar algo en una de las cafeterías tradicionales, o con una visita a un teatro o museo. Al caer la tarde, algunas zonas se vacían de actividad comercial, así que conviene planificar con antelación el regreso.
Después, puedes continuar hacia la rambla o hacia el mercado del puerto para completar una jornada muy variada.





