La presa de Aruba, un embalse de guardaparques sobre el río Voi
La Presa de Aruba (Aruba Dam) es un embalse artificial construido en 1952 por los primeros guardaparques de Tsavo Este a lo largo del río Voi. Cubriendo más de 85 hectáreas en época de lluvias, constituye uno de los grandes imanes de vida salvaje de las resecas llanuras meridionales, congregando a numerosos animales.
Por Daniel
La Presa de Aruba (Aruba Dam) es un embalse artificial construido en 1952 por los primeros guardaparques de Tsavo Este a lo largo del río Voi. Cubriendo más de 85 hectáreas en época de lluvias, constituye uno de los grandes imanes de vida salvaje de las resecas llanuras meridionales, congregando a numerosos animales.
- Construcción
- 1952 como presa de tierra para retener el agua del río estacional Voi
- Superficie de embalse
- Hasta 85 hectáreas de espejo de agua dulce en época de lluvias
- Espectáculo faunístico
- Grandes manadas de elefantes rojos, búfalos, cebras y leones
- Alojamiento cercano
- Ashnil Aruba Lodge (situado a orillas del embalse)
- Mejor momento
- Mediodía y primeras horas de la tarde para ver animales abrevando

La creación de un oasis artificial en la sabana árida
Cuando se fundó Tsavo en 1948, el primer alcaide David Sheldrick comprendió que los animales necesitaban puntos de agua permanentes para no verse obligados a abandonar el parque durante los meses secos.
La construcción de la presa de tierra en Aruba transformó una llanura polvorienta en una pradera aluvial rebosante de biodiversidad.
El desfile incesante de megafauna
Apostar el vehículo todoterreno a orillas de Aruba durante las horas centrales del día regala un espectáculo cinematográfico inagotable: caravanas de cebras de Burchell que entran al agua nerviosas temiendo a los leones, jirafas abriendo sus patas en una incómoda postura para alcanzar el agua y familias de elefantes chapoteando entre nubes de barro rojo.
El territorio de caza de las manadas de leones
Donde hay agua y herbívoros concentrados, los depredadores nunca andan lejos. Las manadas de leones de Tsavo Este aprovechan los montículos de tierra y los matorrales ribereños de Aruba para tender emboscadas mortales al ganado salvaje cuando acude con la guardia baja a calmar la sed.
El baño de polvo y arcilla ocre de los elefantes rojos
La presa de Aruba congrega una de las mayores concentraciones de paquidermos de Kenia, célebres internacionalmente como los míticos elefantes rojos de Tsavo.
Tras abrevar copiosamente en las orillas del embalse para saciar la sed acumulada durante horas de marcha por la sabana seca, las manadas familiares se entregan a placenteros baños de lodo en las calas arcillosas.
A continuación, se rocían el cuerpo con el fino polvo de laterita roja de las llanuras, creando una capa protectora contra los parásitos y el sol ardiente que tiñe su piel grisácea de un tono ocre encendido verdaderamente espectacular.
Ver a decenas de estos colosos de color teja caminar en fila india hacia el agua es uno de los sellos de identidad visual más célebres de África.
Aves zancudas y cormoranes en las aguas someras del embalse
La vasta lámina de agua de Aruba crea un refugio idóneo para una notable comunidad de aves acuáticas que contrasta con la aridez de la sabana circundante.
En los bancos de limo y carrizales se observan bandadas de espátulas africanas barriendo el agua con su pico en forma de cuchara, garzas reales y cigüeñas de pico ensillado de llamativo plumaje tricolor.
Sobre los troncos de árboles secos que emergen del agua descansan cormoranes africanos y anhingas extendiendo sus alas al sol para secar las plumas tras sus inmersiones de pesca.
Al caer la tarde, bandadas ruidosas de gangas de garganta amarilla descienden al borde del embalse para beber en rápidos sorbos antes de buscar dormideros en la estepa.
Estrategias de espera en los miradores perimetrales
Para disfrutar de la presa de Aruba sin interferir en la fauna, es aconsejable estacionar el vehículo en las zonas de parada habilitadas a lo largo del dique y apagar el motor.
Permanecer en silencio paciente durante media hora suele verse premiado con la llegada imprevista de cebras, antílopes órix y gacelas de Grant que se aproximan con prudencia al agua.
Disponer de un teleobjetivo potente y prismáticos con buen alcance permitirá capturar escenas espontáneas de depredadores y presas compartiendo el oasis sin necesidad de invadir su espacio vital.
Los leones de Tsavo y su leyenda
El nombre de Tsavo se asocia a una historia que dio la vuelta al mundo a finales del siglo diecinueve. Mientras se construía el ferrocarril que unía la costa con el interior, dos leones atacaron repetidamente a los trabajadores cerca del río Tsavo y paralizaron las obras durante un tiempo.
El ingeniero encargado, John Henry Patterson, acabó dando caza a los animales, y su relato se convirtió en un libro muy popular que inspiró películas.
Los leones que viven hoy en la región tienen fama de ser algo distintos de los de otras zonas: los machos suelen mostrar melenas escasas o inexistentes, un rasgo que se ha relacionado con el calor del clima.
Si ves uno, fíjate en ese detalle, que sorprende a quienes esperaban la imagen clásica del león de melena frondosa.
Cuando el agua artificial cambia el paisaje
Una presa como esta es un ejemplo de cómo la gestión del agua influye en la fauna.
Concentrar el agua en un punto atrae a muchos animales, lo que facilita su observación, pero también puede aumentar la presión sobre la vegetación de los alrededores, donde se acumulan pisadas y se consume el pasto.
Los gestores de los parques estudian estos efectos para decidir dónde mantener o retirar puntos de agua artificiales.
Para el viajero, es un buen recordatorio de que muchos paisajes de safari han sido modelados por decisiones humanas.
Eso no les resta belleza, pero invita a mirar con curiosidad y a preguntar a los guías cómo se gestiona el agua en la región, qué cambios se han producido con los años y cómo responden los animales.
Mientras esperas junto a la orilla, observa con atención el orden en que llegan los animales. Algunas especies beben con rapidez y se marchan, otras permanecen más tiempo y las más desconfiadas se acercan solo cuando el entorno parece seguro.
Ese pequeño ejercicio de observación enseña más sobre la vida de la sabana que cualquier descripción.
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