Asomarse a la Garganta del Diablo, una herradura de agua de 80 metros

La Garganta del Diablo es el salto más imponente y caudaloso de las Cataratas del Iguazú, con más de 80 metros de caída en forma de herradura sobre el cañón del río Iguazú. Se accede mediante una pasarela panorámica de 1.100 metros tras descender del Tren Ecológico de la Selva.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Borde de caída y colosal torrente de agua con nubes de vapor en la Garganta del Diablo.
Falk2, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

Un salto colosal sobre el río Iguazú

Emplazada en el corazón del Parque Nacional Iguazú en Puerto Iguazú, la Garganta del Diablo es el espectáculo culminante de la naturaleza en Argentina. Este abismo en forma de herradura concentra buena parte del caudal del río Iguazú, generando un estruendo ensordecedor y una densa nube de vapor visible a kilómetros de distancia.

El Tren Ecológico y la pasarela flotante

El acceso a la Garganta del Diablo comienza en la Estación Central con el Tren Ecológico de la Selva, un convoy impulsado a gas que atraviesa la selva paranaense sin perturbar el ecosistema hasta la Estación Garganta.

Desde allí, una moderna pasarela peatonal de rejilla metálica cruza los brazos del río Iguazú superior, permitiendo observar carpinchos, yacarés, tortugas de agua y bandadas de vencejos de cascada.

Al llegar al balcón mirador sobre el abismo, la fuerza telúrica del agua es enorme. Para completar la experiencia del parque, se recomienda combinar esta visita con el Circuito Superior y el Circuito Inferior.

Protección contra la bruma:

Lleva funda impermeable para tu teléfono y cámara, además de una capa de lluvia o ropa de secado rápido, ya que el viento proyecta constantemente la bruma del salto hacia el mirador.

El rugido del abismo en herradura y la columna de vapor

La Garganta del Diablo es el punto culminante del sistema de cataratas, una gigantesca fractura geológica en forma de herradura de unos ochenta metros de altura donde confluye buena parte del caudal total del río Iguazú.

Al aproximarse al balcón final, el estruendo sordo de las aguas precipitándose contra el fondo basáltico hace vibrar el suelo metálico de la pasarela con fuerza.

El brutal impacto del torrente genera una gigantesca columna permanente de vapor de agua y bruma densa que se eleva muy alto en el aire, visible desde kilómetros de distancia a través de la espesura selvática.

En este escenario, la masa líquida desaparece en un torbellino blanco e insondable que evoca la potencia primigenia de las fuerzas naturales del planeta.

Retroceso geológico y erosión retrocedente del cañón

Desde una perspectiva geomorfológica, la Garganta del Diablo es un testimonio vivo de los procesos de erosión retrocedente que modelan los valles fluviales del planeta.

Hace miles de años, el frente principal de las cataratas se situaba en la desembocadura del río Iguazú en el río Paraná, a muchos kilómetros de su emplazamiento actual.

Con el transcurso de los milenios, la colosal fuerza de impacto del agua fue socavando las capas basálticas más blandas de la base, provocando el desplome periódico de los bloques superiores y el lento pero continuo retroceso del salto hacia la cabecera.

Este dinamismo erosivo esculpió el serpenteante cañón del río, un desfiladero de paredes rocosas de gran altura cubierto de vegetación virgen.

La travesía sobre el río Iguazú superior y los islotes selváticos

El acceso al mirador principal demanda una caminata de más de un kilómetro a lo largo de una pasarela metálica flotante que cruza transversalmente el ancho cauce del río superior.

Esta estructura avanza sobre aguas tranquilas de color ámbar salpicadas de islotes de vegetación virgen, donde prosperan palmeras, curupíes y orquídeas adaptadas a las crecidas estacionales.

Durante el cruce es habitual avistar carpinchos o capibaras nadando pausadamente en las ensenadas mansas, yacarés overos descansando en los bancos de arena y grandes bandadas de mariposas amarillas que se congregan en las orillas.

El recorrido en el Tren Ecológico de la Selva, impulsado a gas natural para minimizar el impacto acústico y ambiental, transporta a los visitantes desde la estación central a través de una selva densa y protegida.

  • Equiparse con una capa impermeable de calidad y proteger bolsas o cámaras antes de alcanzar el balcón principal.

  • Llegar en los primeros viajes del tren matinal para contemplar el abismo con menor afluencia de visitantes.

  • Observar el vuelo de los vencejos de cascada lanzándose en picado al interior del torbellino de vapor.

Para saber más