El lago Todos los Santos, agua esmeralda al pie de tres volcanes

El Lago Todos los Santos, también llamado Lago Esmeralda, es un lago andino de 178 km² enclavado en la cordillera rodeado por los volcanes Osorno, Puntiagudo y Tronador. Es célebre por sus aguas de color verde intenso y por ser el inicio de la navegación hacia Peulla.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Aguas color esmeralda del lago Todos los Santos rodeadas de tupidos bosques andino-patagónicos y cumbres cordilleranas
HaSt, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El corazón esmeralda del Parque Vicente Pérez Rosales

El Lago Todos los Santos debe su peculiar color verde esmeralda al aporte continuo de sedimentos glaciares microscópicos (harina de roca) arrastrados por los torrentes que descienden de los ventisqueros andinos.

Encerrado en una profunda depresión de origen glaciar y volcánico, este cuerpo de agua no posee carreteras perimetrales, preservando una atmósfera de aislamiento prístino.

Navegar por sus aguas constituye una de las vivencias más memorables de Chile y una excursión cumbre descrita en nuestra guía de Puerto Varas.

Desde el muelle de Petrohué zarpan lanchas tradicionales que ofrecen navegaciones panorámicas de corta duración, acercándose a las orillas boscosas y a la isla Margarita.

Desde la embarcación se obtiene una buena perspectiva del cono perfecto del Osorno reflejado en las aguas tranquilas y de la afilada aguja de hielo del volcán Puntiagudo.

Para quienes disponen de una jornada completa, el catamarán lacustre navega durante casi dos horas hasta la remota aldea de Peulla, en el límite con Argentina.

Cómo llegar y combinaciones

Se accede por la Ruta 225 desde Puerto Varas pasando por Ensenada y los Saltos del Petrohué. En la playa de Petrohué se puede practicar pesca con mosca, kayak de travesía o emprender caminatas por el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales.

Historia jesuita:

Los primeros europeos en visitar el lago fueron misioneros jesuitas, en 1670, quienes buscaban un paso cordillerano hacia las misiones de Nahuel Huapi en la actual Patagonia argentina.

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Origen volcánico y el taponamiento de lavas del volcán Osorno

Conocido popularmente como el Lago Esmeralda por el color verde profundo de sus aguas, el Lago Todos los Santos ocupa una cuenca de origen glaciar, rodeada de volcanes.

Los hielos que cubrieron la zona en el pasado excavaron la depresión que hoy ocupan sus aguas.

Hoy el lago desagua por el río Petrohué, que atraviesa antiguos flujos de lava del volcán Osorno, y desemboca, tras un curso corto, en el estuario de Reloncaví.

El intenso color esmeralda de sus aguas procede de las finas partículas de sedimentos glaciares que aportan los ventisqueros del monte Tronador.

Selva valdiviana húmeda y navegación entre fiordos lacustres

El lago está completamente encajonado por laderas escarpadas de la cordillera de los Andes cubiertas por una densa y virgen selva valdiviana, donde coihues gigantes, ulmos, tepas y lumas descienden hasta besar el espejo de agua.

La ausencia de caminos costeros terrestres ha preservado el carácter pristino de sus orillas, accesibles únicamente a través de la navegación lacustre.

Al surcar sus aguas desde el puerto de Petrohué hacia la recóndita aldea de Peulla, los catamaranes navegan entre bahías abrigadas e islas boscosas como la Isla Margarita.

Durante toda la travesía se disfruta de vistas hacia las cumbres nevadas del cerro Puntiagudo y los glaciares colgantes del Tronador, en un silencio sólo roto por el murmullo de cascadas ocultas en la espesura.

  • Embarcar en el puerto de Petrohué para realizar la navegación escénica hacia Peulla o los paseos cortos a Isla Margarita.

  • Llevar cámara fotográfica preparada en cubierta para capturar el reflejo del volcán Osorno sobre las aguas esmeralda.

  • Combinar la visita al lago con un recorrido a pie por las pasarelas de los cercanos Saltos del Petrohué.

El camino histórico hacia el otro lado de los Andes

El lago no solo es un paisaje; también fue una vía de paso. Desde antes de la llegada de los españoles, los pueblos originarios usaban los senderos de la zona para comunicarse con las tierras al este de la cordillera.

Los misioneros jesuitas exploraron la región en los siglos XVII y XVIII, y a mediados del siglo XIX Vicente Pérez Rosales recorrió esta ruta para abrir un camino entre el Pacífico y el Atlántico.

Hoy esa historia se recuerda en el nombre del paso fronterizo y del parque nacional, y se revive en la excursión que combina navegación y tramos por tierra hasta territorio argentino. Mientras cruzas el lago, imaginar las dificultades que enfrentaban los viajeros de entonces ayuda a valorar la comodidad actual.

Selva húmeda, helechos y lluvia que alimenta el lago

Las laderas que rodean el lago están cubiertas por bosque valdiviano, una selva templada donde crecen coigües, ulmos, tepas y una gran variedad de helechos, musgos y líquenes. La abundante lluvia mantiene vivo ese verdor y alimenta los arroyos que llegan al lago.

Con frecuencia las nubes bajas se enganchan en las laderas y cambian la apariencia del paisaje en cuestión de minutos.

Prepárate para un clima variable. Una chaqueta impermeable y una capa de abrigo son más útiles que cualquier pronóstico optimista, y los días cubiertos tienen su propio encanto, con el agua verde oscura y las montañas semiocultas.

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