Palmeras imperiales y Mata Atlántica en el Jardín Botánico de Río
El Jardín Botánico de Río de Janeiro (Jardim Botânico) es un santuario vegetal fundado en 1808 por el rey Don Juan VI al pie del Corcovado. Custodia más de 6.500 especies de flora tropical, célebres palmeras imperiales plantadas en el siglo XIX y densos bosques de Mata Atlántica.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El paraíso Botánico fundado por la corona
Creado originalmente para aclimatar especias orientales en el Nuevo Mundo, el Jardín Botánico de Río de Janeiro es uno de los centros de investigación botánica más prestigiosos del planeta y un remanso de frescura en Brasil.
La Alameda de palmeras imperiales y viveros tropicales
El recorrido deslumbra al cruzar la imponente Alameda central con sus 134 palmeras imperiales de gran altura. Senderos umbrosos conducen a estanques con nenúfares amazónicos Victoria regia, orquidarios con ejemplares raros y antiguas fuentes de hierro fundido decimonónicas.
La visita se complementa a pie con el contiguo Parque Lage o ascendiendo al Cristo Redentor.
Observación de fauna matutina:
Llega temprano por la mañana para escuchar el canto de decenas de especies de aves y observar a pequeños monos saguis desplazándose entre las ramas de bambú gigante.
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Colecciones científicas, orquidario histórico y fauna de la Mata Atlántica
Fundado en 1808 por el príncipe regente Juan VI de Portugal tras el traslado de la corte lusa a Brasil, el Jardín Botánico de Río de Janeiro (Jardim Botânico) es una de las instituciones científicas y conservacionistas más prestigiosas del planeta.
Declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco, este inmenso pulmón verde ocupa una amplia extensión al pie del macizo del Corcovado, buena parte de la cual corresponde a Mata Atlántica en pendiente protegida de la expansión urbana.
Entre sus colecciones más célebres sobresale el Orquidario histórico, una elegante estructura acristalada de hierro de estilo victoriano levantada a finales del siglo XIX. En su interior se cultivan más de setecientas especies de orquídeas, entre ellas la Cattleya labiata de colores vivos, además de bromelias epífitas.
En el sector acuático, el lago de la Victoria Regia deja atónitos a los visitantes con sus colosales nenúfares gigantes amazónicos (Victoria amazonica), cuyas hojas circulares de bordes alzados pueden alcanzar hasta dos metros de diámetro flotando sobre el agua cristalina.
El jardín es además un refugio privilegiado para la fauna silvestre carioca en plena metrópoli.
Paseando por sus senderos umbríos es habitual escuchar los gritos agudos y divisar saltando entre las copas a pequeñas familias de titíes de pincel blanco (Callithrix jacchus), así como cruzarse con tucanes de pico acanalado y brillantes colibríes libando flores de heliconia.
El rumor constante de las fuentes de hierro fundido decimonónicas, como la Fuente de las Musas, fabricada en Inglaterra, invita al reposo y a la contemplación sosegada en este templo de la botánica mundial.
Recorrer la monumental Alameda de las Palmeras Imperiales con ejemplares centenarios de gran altura.
Visitar el orquidario victoriano y los estanques de nenúfares gigantes amazónicos para apreciar su delicadeza botánica.
Mantener una actitud silenciosa en los senderos boscosos para observar monos titíes y tucanes en su hábitat natural.
Evitar estrictamente alimentar o tocar a los animales silvestres que corretean cerca de los senderos del jardín.
Un descanso verde dentro de la ciudad
Pasar de las calles de Río al interior del jardín es una transición casi inmediata. El ruido del tráfico disminuye, la temperatura baja unos grados por la sombra de los árboles y el aire se llena de sonidos de aves.
Es un lugar ideal para hacer una pausa en un recorrido intenso por la ciudad y recuperar energía caminando sin prisa por los senderos.
Fíjate en la variedad de plantas: árboles de troncos enormes, especies de hojas gigantes, flores de colores vivos y estanques con plantas acuáticas. Muchas están identificadas con carteles que explican su origen y características, lo que convierte el paseo en una pequeña lección de botánica al aire libre.
Cómo organizar el paseo
Dispones de varios caminos que permiten adaptar el recorrido al tiempo y a las ganas que tengas. Puedes hacer un paseo corto por la parte principal o internarte en las zonas más alejadas, donde el ambiente es más silencioso. Lleva agua, repelente de insectos y calzado cómodo.
Si viajas con niños, aprovecha para buscar animales: no es raro ver pequeños monos, aves de colores o mariposas entre la vegetación. Observa sin acercarte demasiado y no les des de comer, pues alimentar a la fauna altera su comportamiento y su salud.





