Bahareque de colores y balcones con flores en la Calle Real de Salento
La Calle Real (Carrera 6) es la arteria peatonal y cultural más famosa de Salento. Destaca por su impecable arquitectura de colonización antioqueña con fachadas de bahareque pintadas en vibrantes colores, balcones con flores, tiendas de artesanías en guadua y cafés especiales.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El desfile de colores de la colonización antioqueña
Caminar por la Calle Real de Salento es sumergirse en la estética viva del Paisaje Cultural Cafetero, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Las casonas de dos plantas exhiben carpinterías de cedro pintadas en intensos contrastes de verde esmeralda, amarillo mostaza, azul y rojo.
Artesanías en guadua y cafés de altura
A lo largo de sus cuadras peatonales, los talleres artesanales ofrecen canastos tejidos en bejuco, lámparas de bambú guadua, sombreros aguadeños tejidos a mano y ruanas de lana virgen de oveja.
En sus balcones y zaguanes tradicionales operan acogedoras cafeterías donde se preparan cafés de origen cultivados en las fincas de la vereda Palestina, acompañados de porciones de torta de café o pandebonos calientes.
Escalinata al mirador: Al final de la Calle Real se inician los más de doscientos escalones decorados con imágenes del vía crucis que ascienden hacia el Alto de la Cruz.
Explora más sobre Salento y Colombia:
Bahareque, puertas coloridas de madera y el ascenso al Mirador Alto de la Cruz
La Calle Real (carrera sexta) es la arteria peatonal más representativa y fotogénica de Salento, sirviendo de puente histórico entre la arbolada Plaza de Bolívar y las escalinatas de ascenso al Mirador Alto de la Cruz.
A lo largo de sus aceras empedradas se despliega un amplio muestrario de arquitectura de colonización antioqueña del siglo XIX, caracterizada por casonas levantadas con el sistema vernáculo de bahareque: estructuras maestras de guadua encañada revocadas con arcilla y paja que han soportado con éxito temblores y el paso de los siglos.
Las fachadas de dos plantas exhiben un festival de colores vivos: marcos, portones de doble hoja, contraventanas y balcones voladizos pintados en tonos verde esmeralda, azul añil, amarillo intenso y rojo bermellón, engalanados con macetas de geranios en flor y helechos colgantes.
En los locales de la planta baja se congregan tiendas de artesanía tradicional, talleres de alfarería, obradores de dulces de café y acogedores cafés de especialidad donde baristas locales preparan extracciones con métodos artesanales como el sifón japonés, la prensa francesa o el cono de goteo V60.
Al final de la calle se inician los más de doscientos escalones decorados que conducen al mirador de la colina.
Desde su cima coronada por una cruz monumental se contempla una panorámica prodigiosa de los tejados de barro cocido de Salento y, hacia el oriente, los verdes valles de niebla que se adentran hacia las altas cumbres de la cordillera Central.
Pasear por esta vía al atardecer, cuando las farolas coloniales se encienden y el aroma a café recién tostado perfuma el aire, es una de las vivencias más memorables del Eje Cafetero.
Caminar por la calle a primera hora de la mañana para fotografiar las puertas multicolores de bahareque con buena luz.
Subir las escalinatas hasta el Mirador Alto de la Cruz para disfrutar de las mejores vistas del pueblo y el paisaje.
Degustar un café de origen cultivado en la cordillera preparado por baristas locales en los cafés de la vía.
Comprar artesanías auténticas en madera, lana y fibras vegetales directamente en los pequeños talleres familiares.
Jeeps, plaza y vida cotidiana en torno a la calle
La Calle Real desemboca en la plaza principal, donde se concentra buena parte de la vida cotidiana del pueblo.
Allí es habitual ver los jeeps Willys, vehículos antiguos que durante décadas han servido para trasladar personas y mercancías por caminos rurales y que hoy llevan a los visitantes hacia el valle de Cocora.
Más allá de su función práctica, forman parte de la imagen de Salento y de la identidad cafetera, y los conductores suelen conocer bien la zona y sus historias.
Pasear sin rumbo fijo es la mejor manera de conocer el entorno. Entra en las tiendas, observa los talleres de artesanía, toma un café de la región y reserva un rato para sentarte en un banco de la plaza a mirar el movimiento.
En la gastronomía local sobresale la trucha, que suele servirse con patacones, y es común encontrar panaderías y dulces típicos. Si te interesa la vida del pueblo más allá de lo turístico, fíjate en las canchas donde se juega al tejo, un deporte tradicional colombiano que combina puntería y compañía.
Al final de la calle, las escaleras que suben al mirador ofrecen una vista abierta de los tejados del pueblo y de las montañas que lo rodean, un buen contrapunto a la animación de la calle.





