La Casa de los Colibríes se esconde en el bosque de niebla de Acaime

La Reserva Natural Acaime, conocida popularmente como 'La Casa de los Colibríes', es un santuario biológico privado ubicado en las profundidades del bosque de niebla del Valle de Cocora, en Salento. Famoso por congregar decenas de colibríes multicolores silvestres en bebederos naturales.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Bosque de niebla y colibríes en la Reserva Natural Acaime en el circuito de senderismo del Valle de Cocora
AmiGueko, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El santuario Escondido de los colibríes de altura

Continuando el trekking del Valle de Cocora más allá de los miradores de palmas cerca de Salento, el sendero se interna en la selva andina cruzando puentes colgantes de troncos y helechos arborescentes hasta alcanzar la cabaña rústica de Acaime.

El vuelo de las joyas aladas y chocolate con queso

En los jardines de la cabaña, decenas de colibríes de plumajes iridiscentes (como el colibrí coludo azul, el inca acollarado y el brillante coroniverde) vuelan a centímetros de los visitantes emitiendo su característico zumbido al alimentarse de los bebederos.

En la cabaña se ofrece el tradicional refrigerio montañero: una taza de chocolate caliente espeso servida con un generoso trozo de queso fresco campesino para sumergir en la bebida.

Ruta circular completa: Desde Acaime continúa el ascenso hacia la Finca La Montaña para completar el circuito panorámico de bajada hacia los miradores de palmas de Cocora.

El bosque de niebla del cañón del río Quindío y las especies de colibríes

La Reserva Natural Acaime, enclavada a dos mil setecientos metros de altitud en las gargantas altas del cañón del río Quindío, es un santuario biológico privado dedicado con fervor a la preservación del bosque de niebla andino y de sus polinizadores alados.

El acceso pedestre desde la planicie del Valle de Cocora remonta un sendero agreste y empinado que serpentea entre densas arboledas primarias cubiertas de musgos aterciopelados, orquídeas epífitas y helechos gigantescos.

Durante el ascenso, los caminantes deben sortear varios puentes colgantes rústicos de madera y cables de acero que cruzan sobre las aguas bravas y transparentes del torrente fluvial.

El murmullo constante de las cascadas y la condensación de la bruma andina crean un ambiente de selva virgen donde es posible avistar tucanes de montaña y mirlas negras picoteando bayas silvestres.

Al alcanzar la rústica cabaña de madera de Acaime, conocida cariñosamente como la Casa de los Colibríes, los visitantes pueden tomar una humeante taza de chocolate caliente con queso campesino fresco.

En los aleros de la vivienda cuelgan bebederos de agua azucarada donde decenas de colibríes de montaña revolotean sin cesar a escasos centímetros de las miradas: el colibrí picoespada (Ensifera ensifera) —la única ave del mundo cuyo pico supera la longitud de su propio cuerpo—, el inca ventridorado y el brillante colibrí gorgiturquesa.

Es aconsejable iniciar el retorno hacia el valle antes de media tarde para cruzar los desfiladeros y puentes con plena luz natural antes de la caída de la niebla.

  • Llevar calzado de montaña con suela de buen agarre o botas de caucho para sortear tramos húmedos y pedregosos.

  • Disfrutar del tradicional chocolate caliente con queso campesino servido en la cabaña de descanso de Acaime.

  • Permanecer en silencio y sin movimientos bruscos junto a los bebederos para fotografiar los colibríes de cerca.

  • Emprender la caminata de regreso con tiempo suficiente para cruzar los puentes colgantes con buena luz diurna.

Cómo funcionan los colibríes

Los colibríes son pequeños campeones del vuelo. Pueden batir las alas decenas de veces por segundo, quedarse suspendidos en el aire y hasta volar hacia atrás.

Para sostener ese esfuerzo necesitan alimentarse muchas veces al día de néctar, que obtienen con una lengua larga y fina, y complementan con pequeños insectos. Su metabolismo es tan acelerado que, en las noches frías, algunas especies reducen su actividad para ahorrar energía.

Observarlos de cerca permite apreciar el brillo metálico de su plumaje, que cambia de color según el ángulo de la luz. Fíjate en cómo se disputan los bebederos, con persecuciones rápidas y pequeños gestos de amenaza.

Un bosque de niebla vivo

El camino hasta la reserva atraviesa un bosque húmedo donde los troncos están cubiertos de musgos, helechos y orquídeas. Esas plantas, que crecen sobre las ramas sin dañar al árbol, captan el agua de la neblina y sirven de refugio a insectos y pequeñas ranas.

Camina despacio y mira hacia arriba y hacia los lados: gran parte de la vida del bosque se encuentra a la altura de las copas.

Las raíces y el suelo esponjoso retienen el agua y la liberan poco a poco hacia los ríos, por lo que estos bosques cumplen un papel esencial en el abastecimiento de las poblaciones cercanas.

Observación respetuosa

Cuando llegues a los bebederos, siéntate en silencio y evita movimientos bruscos. No intentes tocar a las aves ni dejes que se posen en tus manos, y desactiva el flash de la cámara.

Si llevas ropa de colores llamativos, es posible que las aves se acerquen más, pero lo importante es no alterar su rutina. Una observación tranquila te dará mejores recuerdos que cualquier fotografía apresurada.