Miles de cintas de colores atadas a la verja de Nosso Senhor do Bonfim
La Basílica Santuario de Nosso Senhor do Bonfim es el principal templo de devoción popular y sincretismo religioso de Salvador de Bahía, inaugurada en 1754 en la colina de Itapagipe. Famosa por sus miles de cintas multicolores atadas a la verja exterior y la fiesta del lavado de escalinatas.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El altar mayor de la devoción y el sincretismo
La Iglesia de Bonfim es el corazón espiritual de Salvador de Bahía. En su atmósfera convergen la fe católica con el misticismo del candomblé, donde el Señor de Bonfim se identifica con Oxalá, creador de la vida y portador de paz en Brasil.
El ritual de la Fita do Bonfim
La verja metálica exterior que rodea el atrio está tapizada con decenas de miles de cintas de algodón multicolores.
La tradición manda que otra persona ate la cinta a tu muñeca izquierda con tres nudos, pidiendo un deseo secreto en cada nudo; los deseos se cumplirán cuando la cinta se desgaste y se rompa de manera natural.
Desde Itapagipe se puede descender hacia el Mercado Modelo o conocer la historia del ritmo en la sede de Olodum.
Exvotos y agradecimientos:
No dejes de visitar la Sala dos Milagres en el interior del santuario, donde cuelgan fotografías y exvotos de cera que dan testimonio de favores concedidos durante más de dos siglos.
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El sincretismo con Oxalá, la Sala de los Milagros y el lavado de las escalinatas
Erigida en la cima de la Colina Sagrada en la península de Itapagipe a mediados del siglo XVIII, la Iglesia de Nosso Senhor do Bonfim es el centro devocional más venerado de Bahía y el símbolo supremo del sincretismo religioso afrobrasileño.
La devoción fue traída por el capitán de marina portugués Teodósio Rodrigues de Faria en agradecimiento por haber sobrevivido a una feroz tormenta atlántica, pero con el paso de los siglos el pueblo bahiano fusionó la figura de Cristo crucificado con Oxalá, la deidad suprema de la creación, la blancura y la paz en el Candomblé.
El exterior del templo destaca por su fachada rococó revestida de azulejos portugueses decimonónicos y, sobre todo, por la reja perimetral de hierro forjado, completamente tapizada por miles de coloridas cintitas de tela de algodón (fitas do Bonfim).
Esta tradición centenaria manda anudar la cinta a la muñeca o a la reja con tres nudos consecutivos, formulando en secreto una plegaria o deseo por cada nudo, los cuales, según la fe popular, se cumplirán cuando la tela se desgaste y caiga de forma natural.
En el interior del templo se ubica la Sala de los Milagros (Sala dos Ex-votos).
En este recinto cuelgan del techo y de las paredes miles de figuras escultóricas de cera blanca —brazos, piernas, cabezas y órganos vitales— junto a fotografías, diplomas y cartas testimoniales depositadas por los devotos en ferviente gratitud por curaciones milagrosas atribuidas a la intercesión de Nosso Senhor do Bonfim.
Cada enero se celebra la multitudinaria fiesta de la Lavagem do Bonfim: una procesión de ocho kilómetros que parte de la Ciudad Baja y culmina cuando cientos de baianas ataviadas con faldas almidonadas y turbantes blancos riegan con agua de olor y pétalos de jazmín las escalinatas del templo.
Atar la cinta tradicional del Bonfim con tres nudos formulando tres deseos íntimos en la reja del atrio.
Visitar la conmovedora Sala de los Exvotos para apreciar la profunda fe popular expresada en piezas de cera.
Contemplar las pinturas religiosas del techo de la nave, obra de un maestro bahiano del siglo XIX.
Probar el acarajé caliente preparado en los puestos tradicionales de baianas instalados en la plaza de la colina.
Una devoción que mezcla tradiciones
En Bahía, la religiosidad no sigue un camino único. Católicos, practicantes de religiones afrobrasileñas y simples curiosos conviven en torno a esta iglesia, y esa mezcla da lugar a una experiencia singular.
Es habitual ver a personas que acuden con ropa blanca, que dejan flores o que ofrecen pequeños objetos como agradecimiento por favores recibidos. Observar estos gestos con respeto ayuda a comprender cómo se vive la fe en la región.
Las cintas de colores que se atan en rejas y puertas son uno de los símbolos más reconocibles. Cada una representa un deseo o una promesa, y se dice que cuando se desata sola, el deseo se cumple. Si decides atar una, hazlo con calma y sin molestar a quienes estén rezando.
Un barrio con vida propia
El templo se encuentra en un barrio alejado del centro histórico, lo que permite ver una cara menos turística de Salvador. Mientras caminas por los alrededores, fíjate en los puestos que venden recuerdos, cintas, imágenes y comidas locales.
Es una buena oportunidad para conversar con vendedores y vecinos, y para sentir el ritmo cotidiano de la ciudad.
Procura ir con ropa cómoda y calzado cerrado, lleva agua y respeta las normas del lugar. En los días de celebraciones religiosas la afluencia es muy alta y el ambiente es festivo, pero también puede resultar abrumador, por lo que conviene ir preparado y mantener tus pertenencias bien guardadas.





