Neruda bautizó La Chascona por el pelo revuelto de Matilde Urrutia

La Chascona es la casa museo construida en 1953 por el poeta chileno y Premio Nobel de Literatura Pablo Neruda a los pies del cerro San Cristóbal, en Bellavista. Bautizada en honor a la cabellera despeinada de su amante Matilde Urrutia, exhibe colecciones marítimas y arte.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Entrada y jardines escalonados de La Chascona, residencia histórica del poeta Pablo Neruda en Bellavista.
Vera & Jean-Christophe, Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)

El barco terrestre y amor Clandestino del poeta

Enclavada en las laderas boscosas del barrio bohemio de Bellavista en Santiago, La Chascona fue concebida por Pablo Neruda como un refugio romántico secreto para sus encuentros con la cantante Matilde Urrutia, quien se convertiría en su tercera y última esposa.

Arquitectura náutica y colecciones de coleccionista

La vivienda parece un navío encallado en la montaña: techos curvados como camarotes, comedores con mesas de barco, mascarones de proa tallados en madera y un pequeño arroyo que cruza los jardines escalonados.

En el living principal se expone el célebre óleo pintado por el muralista mexicano Diego Rivera donde se retrata el rostro de Matilde con dos perfiles, ocultando en su melena enmarañada el perfil secreto de Pablo Neruda.

Trilogía de casas: La Chascona forma la trilogía nerudiana junto a La Sebastiana en Valparaíso y la Casa de Isla Negra en la costa central.

La arquitectura náutica del poeta, colecciones marinas y el refugio de Bellavista

Enclavada al pie del cerro San Cristóbal, en el pintoresco y bohemio barrio Bellavista, La Chascona es una de las tres legendarias residencias del poeta y premio Nobel de Literatura chileno Pablo Neruda.

Construida a partir de 1953 con el apoyo del arquitecto catalán Germán Rodríguez Arias, la vivienda fue concebida inicialmente como un refugio clandestino para cobijar su romance secreto con Matilde Urrutia, a quien el poeta bautizó cariñosamente como 'la Chascona' por su indómita y abundante cabellera rojiza (término derivado de la palabra quechua chasca, que alude a pelo desgreñado).

Fiel al espíritu lúdico y la pasión marinera de Neruda —coleccionista de objetos marinos—, la arquitectura de la casa adopta singulares soluciones constructivas que evocan un navío anclado en la ladera boscosa.

Las estancias se distribuyen en terrazas escalonadas comunicadas por pasarelas exteriores, con techos bajos curvados que simulan camarotes de barco, ventanas de ojo de buey, escaleras de caracol estrechas y un comedor de aire marinero.

El interior custodia las insólitas colecciones atesoradas por el vate a lo largo de sus viajes por el mundo: mascarones de proa de madera policromada con rostros serenos de mujeres marinas, botellas de vidrio de colores, caracolas, libros y objetos de distintos países.

Entre sus tesoros plásticos más conmovedores sobresale el célebre retrato de Matilde Urrutia con dos cabezas pintado por el maestro muralista mexicano Diego Rivera, en cuya espesa melena se camufla con sutileza el perfil del propio Neruda.

Pasear por sus jardines aterrazados al rumor de la acequia de agua que desciende de la colina permite comprender la profunda simbiosis entre la poesía, el amor y la geografía que definió la vida del autor.

  • Descubrir la singular arquitectura escalonada inspirada en la estructura interior de un barco.

  • Observar los mascarones de proa de madera y las colecciones de caracolas marinas del poeta.

  • Admirar el retrato original de Matilde Urrutia pintado por el muralista mexicano Diego Rivera.

  • Recorrer la biblioteca y el comedor señorial con muebles de época y cristalería policromada.

El nombre de la casa y el amor que la inspiró

Pablo Neruda construyó La Chascona para Matilde Urrutia, su compañera, a quien conoció en los años cuarenta. El nombre alude a la melena abundante y desordenada de ella: en Chile, «chascona» es una persona despeinada.

Mandó levantarla al pie del cerro San Cristóbal, en un lugar discreto, y la fue ampliando con el tiempo, de manera casi orgánica, con habitaciones que se suman unas a otras como estancias de un barco.

Recorrerla es leer, a través de los espacios, la historia de una pareja y una época de la vida del poeta.

Una casa que atravesó tiempos difíciles

Tras el golpe de Estado de 1973, la vivienda sufrió daños y fue escenario del velatorio de Neruda, en circunstancias muy tensas. Después, Matilde y quienes la apoyaron se ocuparon de restaurarla y conservarla, hasta que pasó a manos de la fundación que hoy la gestiona.

Ese pasado añade profundidad a la visita, que no es solo un paseo por objetos curiosos, sino un fragmento de la historia reciente de Chile.

Lleva contigo algún poema del autor, porque muchos visitantes disfrutan releyendo sus versos en la propia casa, en el entorno que los inspiró.