El Faro a Colón, la cruz que guarda los restos atribuidos al almirante

El Faro a Colón es un monumento en forma de cruz construido para conmemorar el 500 aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América, e incluye un mausoleo donde se guardan restos que la tradición dominicana atribuye al almirante genovés.

Por

Inauguración
1992, para el 500 aniversario de la llegada de Colón
Forma
Cruz de hormigón de gran escala, visible desde el aire
Contenido
Mausoleo con restos atribuidos a Cristóbal Colón
Ubicación
Zona este de Santo Domingo, cerca del río Ozama
Faro a Colón, mausoleo dedicado a Cristóbal Colón en Santo Domingo.
Jefry Lagrange Reyes (GPL)

Historia y consejos de visita

Inaugurado en 1992 para conmemorar el 500 aniversario de la llegada de Cristóbal Colón a América, el Faro a Colón es un monumento monumental con forma de cruz que, según el diseño original, proyecta luces al cielo formando también una cruz visible desde grandes distancias, aunque su uso se ha limitado por el elevado consumo eléctrico que implica.

En su interior alberga un mausoleo donde se guardan restos que la tradición dominicana atribuye a Cristóbal Colón, en la misma disputa histórica que también reclaman la Catedral Primada de Santo Domingo y la Catedral de Sevilla, en España.

Independientemente de esa controversia, el monumento y sus jardines son un buen ejemplo de la arquitectura conmemorativa dominicana de fines del siglo XX.

El coloso en forma de cruz, la cruz luminosa nocturna y el mausoleo almirante

Erigido de manera monumental en el sector oriental de Santo Domingo, dentro del frondoso Parque Mirador del Este, el Faro a Colón es uno de los monumentos conmemorativos más colosales, singulares y controvertidos erigidos en América.

Inaugurado en octubre de 1992 para conmemorar el quinto centenario del viaje de Cristóbal Colón a las tierras americanas, el proyecto materializó una idea concebida en el siglo XIX por el historiador Antonio Delmonte y Tejada y concretada en un concurso internacional de la Unión Panamericana, cuyo ganador en 1931 fue el arquitecto británico Joseph Lea Gleave.

El monumento impresiona por sus dimensiones ciclópeas: una gigantesca estructura de hormigón armado de unos doscientos metros de longitud y unos treinta y seis metros de altura, trazada en forma de cruz tendida sobre la llanura que simboliza la evangelización y el encuentro entre las culturas del Viejo y el Nuevo Mundo.

En su cumbre cuenta con una batería de proyectores de luz que, cuando el sistema está en funcionamiento, proyectan en el cielo nocturno una inmensa cruz luminosa blanca que se divisa desde decenas de kilómetros a la redonda sobre el mar Caribe.

En el corazón del monumento se ubica el solemne Mausoleo de Cristóbal Colón, una fastuosa capilla conmemorativa donde descansa una urna fúnebre resguardada permanentemente por guardias de honor de las fuerzas armadas dominicanas, custodiando los restos atribuidos al navegante genovés.

Los extensos corredores interiores del faro albergan pabellones y salas museográficas permanentes dedicadas a distintos países, exhibiendo piezas arqueológicas, maquetas de carabelas, indumentarias tradicionales y archivos históricos del intercambio atlántico.

El entorno ajardinado del parque Mirador del Este proporciona amplias zonas de paseo arboladas con flamboyanes y palmeras reales, donde es posible apreciar la magnitud colosal de la mole de hormigón desde diversas perspectivas.

La visita permite reflexionar sobre la magnitud de las rutas marítimas que cambiaron para siempre el destino geopolítico de la humanidad.

  • Contemplar la colosal arquitectura de hormigón armado trazada en forma de gigantesca cruz tendida.

  • Visitar el mausoleo custodiado por guardias donde reposa la urna con los restos atribuidos al almirante.

  • Recorrer las salas de exposición permanente de las naciones americanas y europeas en los pabellones.

  • Aprender sobre la historia del concurso internacional de arquitectura convocado en la década de 1930.

Un debate sobre los restos del almirante

Uno de los temas que más curiosidad despiertan es el de los restos de Colón. Tras morir en España, fue enterrado en distintos lugares y sus restos viajaron entre ciudades a ambos lados del Atlántico.

Hoy, tanto Santo Domingo como Sevilla afirman custodiar parte de ellos, y las investigaciones científicas realizadas no han puesto de acuerdo a todas las partes.

En el mausoleo, lo más sensato es contemplar esa pregunta con curiosidad y no como una certeza. La visita permite conocer el relato dominicano y compararlo con otras versiones, que es una buena manera de mirar la historia: con datos, matices y apertura.

Un encuentro de mundos con muchas lecturas

El monumento conmemora la llegada de Colón a América, pero ese hecho se interpreta de maneras muy distintas. Para unos fue el comienzo de una era de intercambios; para otros, el inicio de la conquista y del sufrimiento de los pueblos originarios.

La isla que hoy comparten República Dominicana y Haití estaba habitada por los taínos, cuya cultura sobrevive en palabras, alimentos y tradiciones.

Mientras recorres los pabellones, piensa en esas varias miradas. El monumento invita a reflexionar más que a simplificar.

El parque del Mirador del Este

El Faro se encuentra en un parque extenso, con árboles, caminos y zonas de sombra, a poca distancia del río Ozama. En los alrededores hay otros lugares naturales de interés, como el parque de Los Tres Ojos, un conjunto de cuevas con lagos subterráneos.

Si dispones de tiempo, puedes combinar ambas visitas para tener una jornada diversa, entre historia, naturaleza y paisaje.

Sigue explorando Santo Domingo, o descubre también Catedral Primada de América: La Primera Catedral del Nuevo Mundo. Más contexto sobre el país en nuestra Guía de República Dominicana.

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