Cada provincia tiene su banco de azulejos en la Plaza de España
La Plaza de España, proyectada por Aníbal González como Pabellón de España para la Exposición Iberoamericana de 1929, ocupa unos 50.000 metros cuadrados con una ría navegable de unos 500 metros y cuatro puentes que representan los antiguos reinos de España. Sus bancos de azulejos, uno por cada provincia española, la convierten en un mapa cerámico del país. El acceso es libre y gratuito.
Por Florencia
- Ubicación
- Parque de María Luisa, Sevilla
- Construcción
- Para la Exposición Iberoamericana, inaugurada el 9 de mayo de 1929
- Superficie
- Unos 50.000 m², con ría navegable de unos 500 metros
- Acceso
- Libre y gratuito
La Plaza de España es el gran monumento civil del siglo XX de Sevilla, dentro del Parque de María Luisa.

El pabellón de España para la Exposición de 1929
El arquitecto sevillano Aníbal González proyectó la plaza como el Pabellón de España para la Exposición Iberoamericana, inaugurada el 9 de mayo de 1929 con un acto solemne presidido por la familia real y representaciones diplomáticas de los países participantes.
En los últimos años de las obras, la dirección pasó al arquitecto Vicente Traver.
Un mapa cerámico de España y cuatro puentes
El edificio semicircular de ladrillo y cerámica rodea una ría navegable de unos 500 metros cruzada por cuatro puentes que representan los antiguos reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra.
A lo largo de la fachada, 48 bancos de azulejos representan a cada una de las provincias españolas de la época con un mapa y una escena histórica, convirtiendo un simple paseo por la plaza en un recorrido geográfico por todo el país.
Simbolismo regionalista, barcas en la ría y rodajes cinematográficos
La Plaza de España de Sevilla representa la cumbre indiscutible de la arquitectura regionalista andaluza, una corriente estética promovida por el arquitecto Aníbal González que aspiraba a condensar la identidad cultural del sur peninsular.
Cada elemento ornamental del imponente palacio semicircular responde a una meticulosa simbología: el uso del ladrillo visto de tono cálido, la profusión de azulejería trianera en cornisas y balaustradas, el mármol tallado y el hierro forjado de factura primorosa.
Su planta de forma semicircular abraza metafóricamente el cauce del río Guadalquivir y se orienta hacia América, simbolizando el estrecho lazo histórico y cultural entre España y las naciones del Nuevo Mundo.
Uno de los atractivos más populares y relajantes consiste en navegar por la ría semicircular de unos quinientos metros de longitud que bordea el palacio central.
Las barcas de remos de alquiler permiten recorrer el canal a un ritmo pausado, cruzando por debajo de los cuatro puentes monumentales que homenajean a los antiguos reinos de Castilla, León, Aragón y Navarra.
Desde el nivel del agua se aprecian desde otra perspectiva las enjutas de los arcos, decoradas con medallones cerámicos con retratos de personajes destacados de la historia de España, así como las dos torres Norte y Sur que flanquean con elegancia los extremos del conjunto.
La teatralidad visual de la plaza ha conquistado a directores de cine internacionales a lo largo de las décadas, sirviendo de plató para superproducciones legendarias como Lawrence de Arabia, donde recreó el cuartel británico de El Cairo, o Star Wars: Episodio II, personificando el palacio real del planeta Naboo.
Al caer la tarde, las luminarias artísticas de farolas y arcadas se encienden sobre las fachadas, reflejándose en las aguas de la ría.
Conviene recorrer con calma los bancos cerámicos provinciales para buscar la propia tierra o admirar los minuciosos detalles pictóricos que recrean gestas históricas en azulejos policromados.
Aníbal González y el regionalismo sevillano
Aníbal González, el arquitecto sevillano que firmó el conjunto, fue una de las figuras principales del regionalismo andaluz de comienzos del siglo XX.
Su propuesta consistía en recuperar el lenguaje de la arquitectura histórica de la región, con el ladrillo visto, la cerámica vidriada y los arcos de herencia mudéjar y renacentista, para darle una expresión moderna y propia a la ciudad en vísperas de la Exposición Iberoamericana.
Esa mirada hacia el pasado no era nostalgia vacía. Buscaba afirmar una identidad cultural en un momento en que Sevilla quería presentarse ante el mundo, y para ello combinó elementos de distintas épocas en un conjunto coherente.
Fíjate en cómo el ladrillo cálido dialoga con el azulejo y cómo las torres laterales enmarcan la gran columnata en forma de semicírculo.
La cerámica como protagonista
Buena parte del encanto de la plaza reside en la cerámica, un oficio con raíces profundas en Sevilla y en el barrio de Triana.
Los azulejos de los bancos, las balaustradas y los paneles están pintados con escenas, escudos y mapas, y se elaboraron con técnicas tradicionales que combinan el dibujo a mano con el esmaltado y la cocción en horno. Detenerse a mirar un solo panel permite apreciar detalles que pasan inadvertidos desde lejos.
Cada banco evoca una provincia con su paisaje, su historia o un hecho destacado, de modo que el paseo funciona como un repaso a la geografía y la memoria colectiva de España.
Muchos visitantes buscan el de su lugar de origen para fotografiarse junto a él, un pequeño ritual que se ha vuelto casi tradicional.
Para completar la visita, asómate a los puentes que cruzan el canal y mira el conjunto desde distintos ángulos.
Verás cómo cambia la sensación del espacio, más abierto desde el centro de la plaza y más íntimo bajo los soportales, donde el sonido se amortigua y el paseo gana en calma.





