Desde la Torre del Oro los almohades vigilaban el puerto de Sevilla

La Torre del Oro, construida en el siglo XIII por orden del gobernador almohade Abu l-Ulà para vigilar el acceso al puerto de Sevilla, alberga desde 1944 el Museo Marítimo, dependiente de la Armada Española, con cartografía histórica, maquetas de navíos y objetos relacionados con la Carrera de Indias. Conviene consultar horarios y precios en la web oficial antes de ir.

Por

Ubicación
Paseo de Cristóbal Colón, s/n, junto al Guadalquivir
Construcción
Siglo XIII, orden del gobernador almohade Abu l-Ulà
Museo Marítimo desde
Año 1944, dependiente de la Armada Española

La Torre del Oro vigila el río Guadalquivir a su paso por Sevilla desde hace más de ochocientos años.

La Torre del Oro junto al río Guadalquivir en Sevilla.
Harvey Barrison from Massapequa, NY, USA (CC BY-SA 2.0)

Una torre de vigilancia almohade con nombre legendario

Construida en el siglo XIII por orden del gobernador almohade Abu l-Ulà, la torre formaba parte del sistema defensivo del puerto de Sevilla, controlando el acceso de mercancías y personas por el río y, según la tradición, sosteniendo un extremo de una cadena que cerraba el paso a barcos hostiles.

Su nombre popular proviene de una leyenda extendida según la cual en su interior se almacenaba el oro traído de las Américas durante la Carrera de Indias, aunque el origen real del nombre podría deberse simplemente al brillo dorado del revestimiento de cal y paja prensada que lo cubría.

Del control del puerto al Museo Marítimo

Desde 1944, la torre alberga el Museo Marítimo de la Torre del Oro, dependiente de la Armada Española, con cartografía histórica, maquetas de navíos, instrumentos de navegación y piezas como un mascarón de proa del siglo XIX, todo relacionado con la histórica relación de Sevilla con el Guadalquivir y el comercio con América.

La terraza superior, a la que se accede por una estrecha escalera de caracol, ofrece vistas sobre el río, el Puente de Triana y la Giralda.

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La cadena defensiva sobre el Guadalquivir y la panorámica desde la terraza

La Torre del Oro desempeñó un papel estratégico capital en el sistema defensivo de la Sevilla almohade a comienzos del siglo XIII.

Levantada en la orilla izquierda del río Guadalquivir como una torre albarrana exenta, estaba conectada mediante un tramo de muralla fortificada con la vecina Torre de la Plata, protegiendo el acceso al fondeadero del Arenal y a las atarazanas reales.

Según la tradición, su función militar más célebre consistía en sujetar un extremo de una colosal cadena de hierro forjado que se tendía a través del cauce del río hasta otra atalaya en la orilla opuesta, bloqueando de manera eficaz la entrada de navíos hostiles que pretendieran remontar las aguas fluviales hacia el corazón de la ciudad.

La silueta característica que hoy admiramos es fruto de una evolución arquitectónica escalonada en tres etapas a lo largo de más de cinco siglos.

El primer cuerpo, de planta dodecagonal construida con argamasa de cal y guijarros, data de 1221; el segundo cuerpo, también dodecagonal pero rematado con almenas de ladrillo visto, se atribuye al reinado de Pedro I, en el siglo XIV; y finalmente, el cuerpo circular superior coronado por una pequeña cúpula semiesférica dorada se añadió en 1760 tras los graves daños estructurales causados por el gran terremoto de Lisboa.

Su nombre legendario no proviene de tesoros coloniales almacenados en sus sótanos, sino del brillo dorado que la mezcla de paja y cal prensada de su revestimiento original reflejaba sobre el río.

Subir a la terraza superior almenada permite disfrutar de una de las mejores panorámicas abiertas sobre el río Guadalquivir, con una perspectiva frontal privilegiada hacia el barrio marinero de Triana, el puente de Isabel II y el paseo fluvial de las Delicias.

En el interior, la escalera de caracol conecta las dos plantas dedicadas al Museo Marítimo, donde maquetas históricas de naos e instrumental de navegación ilustran el protagonismo de Sevilla como puerto de salida de la expedición de Magallanes y Elcano.

Concluir la visita al atardecer facilita continuar con un agradable paseo peatonal a nivel del muelle ribereño.

Un monumento salvado de la demolición

Con el paso de los siglos la Torre del Oro cambió varias veces de función. Se utilizó como capilla, almacén y prisión, y sus muros sufrieron desgaste, reformas y añadidos.

Se planteó derribarla para ensanchar las calles del puerto, pero la protesta de los sevillanos frenó el proyecto y la torre se mantuvo en pie.

Ese episodio explica en parte el cariño que la ciudad le tiene hoy: no es solo un monumento medieval, sino un símbolo que los propios vecinos defendieron.

Mirarla con ese contexto cambia la visita. Sus dos cuerpos poligonales, su remate circular y su silueta aislada junto al agua no son fruto de un diseño unitario, sino de varias épocas superpuestas, y cada una dejó su huella.

Lo que parece una torre simple es en realidad un edificio con una historia larga, marcada por reparaciones y usos distintos.

El Arenal, el río y los alrededores de la torre

La torre se levanta en el barrio del Arenal, el antiguo fondeadero de Sevilla, donde atracaban las naves que remontaban el Guadalquivir desde el Atlántico.

Durante la Carrera de Indias, esta orilla fue el corazón comercial de la ciudad, con muelles, talleres, almacenes y mucho movimiento de gentes de todas partes. Hoy esa actividad ha desaparecido, pero el paseo junto al río conserva el ambiente de zona portuaria que sigue ligada a la identidad sevillana.

A pocos pasos se encuentra el Hospital de la Caridad, cuya iglesia guarda obras de Murillo y Valdés Leal, y la Plaza de Toros de la Maestranza. Del otro lado del río se ve Triana, y río arriba aparece la silueta de la Catedral y la Giralda.

Por eso la Torre del Oro funciona bien como punto de partida de un paseo: desde ella se puede seguir la ribera, cruzar el puente y recorrer en poco tiempo varios episodios de la historia de la ciudad.

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