Neruda llenó La Sebastiana de mapas marinos y mascarones de proa
La Sebastiana es la emblemática casa museo del poeta Pablo Neruda en Valparaíso, encaramada en el Cerro Bellavista. Construida en cinco plantas con ventanales circulares que emulan un navío, custodia mapas marinos antiguos, mascarones de proa, vidrios de colores y juguetes de colección.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La Casa que Parecía flotar en el aire
Buscando una casa que 'pareciera flotar en el aire, pero que estuviera bien asentada en la tierra' en Valparaíso, Pablo Neruda encontró en 1959 la inconclusa estructura de Sebastián Collado en lo alto del Cerro Bellavista y la convirtió en su observatorio personal del océano.
Mascarones de proa, mapas celestiales y fuegos artificiales
A través de sus estrechas escaleras de caracol se accede al comedor con vajilla francesa de época, al bar decorado con mascarones de madera marina y a su dormitorio con cama orientada directamente hacia la entrada de los barcos en la bahía.
Desde su despacho superior y su torreón de trabajo, el poeta contemplaba la bahía y celebraba allí el Año Nuevo, redactando versos sobre el viento y los marineros del puerto.
Museo a Cielo Abierto contiguo: Al descender del cerro recorre las calles del Cerro Bellavista para descubrir el Museo a Cielo Abierto, con 20 murales de artistas emblemáticos como Nemesio Antúnez y Roberto Matta.
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Sebastián Collado y la génesis de una morada inverosímil
Hacia 1959, hastiado del bullicio de Santiago y buscando un refugio costero donde escribir en soledad y celebrar el Año Nuevo porteño, el poeta Pablo Neruda encomendó a sus amigas Sara Vial y Marie Martner una misión casi poética: encontrar en Valparaíso una casa 'que pareciera flotar en el aire, pero que estuviera bien asentada en la tierra; que no estuviera ni muy arriba ni muy abajo; que fuera solitaria, pero no en exceso'.
La búsqueda culminó en la cima del cerro Bellavista, donde encontraron una singular estructura inconclusa de cuatro niveles levantada por un excéntrico constructor español llamado Sebastián Collado.
Collado, un apasionado de las alturas que soñaba con divisar el océano desde su propia torre, había fallecido dejando la obra inconclusa.
Fascinado por el emplazamiento vertiginoso del inmueble, Neruda decidió adquirirlo en copropiedad con la artista Marie Martner y su esposo, Francisco Velasco.
Los amigos acordaron dividirse el edificio: el matrimonio adquirió los dos primeros pisos, mientras que el poeta reservó para sí los pisos tercero y cuarto junto a la torre mirador superior, bautizando la casa como La Sebastiana en homenaje a su constructor original.
Arquitectura náutica y objetos de fascinación: el mundo íntimo del poeta
Diseñada como un buque varado sobre la ladera de la colina, la casa se despliega a lo largo de niveles angostos comunicados por empinadas escaleras de caracol semejantes a las escalas de una fragata mercante.
Neruda intervino minuciosamente cada rincón con maderas recuperadas de demoliciones portuarias, puertas estancas de camarote, ojos de buey de bronce y vigas a la vista, creando una atmósfera marinera donde los muros curvos parecían mecerse con el viento del Pacífico.
En sus estancias se conservan las colecciones personales que revelan las pasiones coleccionistas del premio Nobel: mascarones de proa tallados en madera, viejos mapas celestes, bargueños coloniales, un imponente caballo de madera de carrusel traído de un anticuario parisino, delicadas cajas de música mecánicas y decenas de botellas de vidrio soplado de colores verdes y ámbares dispuestas sobre repisas soleadas para refractar la luz marina.
Destaca de modo especial su pequeño bar privado, conocido como La Taberna, donde Neruda oficiaba de anfitrión ataviado con gorra náutica, preparando cócteles para amigos cercanos tras una barra rústica decorada con grabados marineros decimonónicos.
El ritual del Año Nuevo y la noche de los fuegos artificiales
El espacio más emblemático de La Sebastiana es su dormitorio y escritorio del último piso, con vistas panorámicas sobre el anfiteatro de los cerros porteños y la inmensidad de la bahía.
Sentado en su sillón 'la nube' —tapizado en suave pana verde y colocado frente a los grandes ventanales—, el vate leía y escribía mirando la bahía, contemplando el vuelo rasante de los pelícanos y el arribo de buques de bandera extranjera.
Cada noche del 31 de diciembre, la casa se llenaba de amigos. Neruda solía pasar allí el Año Nuevo con sus amigos y entregaba una carta con el menú, con nombres inventados para los platos.
Desde su atalaya privilegiada sobre el cerro Bellavista, la vista de la bahía recuerda al puerto al que dedicó su 'Oda a Valparaíso', un homenaje que forma parte de su obra poética.
El Museo a Cielo Abierto de Cerro Bellavista: antesala pictórica
El ascenso hacia La Sebastiana ofrece la oportunidad de recorrer el Museo a Cielo Abierto de Valparaíso, una pionera iniciativa de arte público inaugurada en 1992 en los pasajes, muros de contención y escalinatas de Cerro Bellavista.
Gestado a partir de una propuesta de los estudiantes y profesores del Instituto de Arte de la Universidad Católica de Valparaíso a fines de la década de 1960, este circuito pictórico reúne veinte murales monumentales concebidos por destacados maestros del arte moderno chileno y latinoamericano.
Al serpentear por el sendero escalonado, el caminante descubre composiciones abstractas y figurativas de figuras cimeras como Roberto Matta, Nemesio Antúnez, Mario Toral, Roser Bru y José Balmes.
Los murales, integrados orgánicamente en la trama de muros ciegos y medianeras de calamina, crean un sugerente diálogo estético entre las vanguardias visuales del siglo XX y la lírica nerudiana que corona la cima de la colina.
Memoria y renacimiento: del abandono a la recuperación patrimonial
Tras el fallecimiento de Pablo Neruda en septiembre de 1973, en los días convulsos posteriores al golpe de Estado en Chile, La Sebastiana sufrió allanamientos y actos vandálicos que dañaron parte de su mobiliario y dispersaron libros y piezas de su colección personal.
Durante más de una década, la torre permaneció clausurada y deshabitada, resistiendo el abandono y los temporales marinos gracias a la custodia leal de vecinos y amigos del poeta.
A principios de los años noventa, con el retorno a la democracia, la Fundación Pablo Neruda —creada por su viuda Matilde Urrutia— impulsó una minuciosa labor de rescate arquitectónico con el apoyo de entidades culturales internacionales.
Valiéndose de fotografías de época y testimonios de quienes frecuentaron las tertulias nerudianas, se restauraron los empapelados originales, las carpinterías marinas y los vitrales coloreados, reabriendo la casa como museo público en enero de 1992.
Su condición de Monumento Histórico Nacional consolidó de manera permanente su estatus como faro cultural ineludible de las letras hispanoamericanas.
En torno a la torre se preserva un jardín escalonado de especies autóctonas y flores silvestres donde los visitantes pueden pasear entre buganvillas, hortensias y senderos de piedra, contemplando la singular volumetría exterior de la construcción antes de iniciar el descenso hacia las avenidas principales del puerto.
Consejos prácticos para recorrer La Sebastiana y el cerro Bellavista
Para planificar la visita a la casa museo y disfrutar de su entorno con comodidad, resulta útil considerar las siguientes recomendaciones:
Coordina con antelación tu turno de ingreso y aprovecha el dispositivo de audioguía individual multilingüe para recorrer las habitaciones a tu propio ritmo.
Calza zapatillas con buen agarre para subir a pie por la calle Ferrari o descender por las escaleras del Museo a Cielo Abierto hacia la avenida Alemania.
Sube cómodamente combinando el ascensor Espíritu Santo en la calle Condell con una caminata suave a través de los pasajes altos del cerro Bellavista.
Respeta la prohibición de tocar los objetos de la colección o tomar fotografías con flash en los interiores protegidos de la residencia del poeta.
Visita la terraza del centro cultural y la cafetería contigua a la casa museo para descansar mientras contemplas las vistas panorámicas del puerto.





