El puente Queen Emma flota y se abre para dejar pasar los barcos
El puente Queen Emma, un puente flotante inaugurado en 1888 y hoy solo para peatones, une a pie los barrios de Punda y Otrobanda en Willemstad. Apodado «la vieja dama bamboleante», se abre regularmente sobre pontones para dejar pasar barcos hacia el puerto interior de la bahía de Sint Anna.
Por Natalia
- Inauguración
- 1888
- Tipo
- Puente flotante peatonal sobre pontones
- Apodo
- «Swinging Old Lady» (vieja dama bamboleante)
- Función
- Conecta los barrios de Punda y Otrobanda

Historia y consejos de visita
Inaugurado en 1888, el puente Queen Emma es uno de los símbolos más reconocibles de Willemstad: una estructura hoy peatonal que flota sobre una serie de pontones, sostenida por su propio sistema de motores que la desplazan lateralmente para abrir paso a los barcos que entran o salen del puerto interior de la bahía de Sint Anna.
Su apodo, «Swinging Old Lady» (vieja dama bamboleante), refleja el suave movimiento oscilante que se siente al cruzarlo, sobre todo cuando hay tránsito marítimo activo.
Cruzarlo a pie, de día o iluminado de noche, es una de las experiencias más recomendadas para cualquier visitante de la ciudad, conectando literalmente los dos barrios históricos que conforman el centro Patrimonio de la Humanidad.
Mecanismo técnico sobre pontones y maniobra de giro
El puente Queen Emma destaca por ser una pasarela flotante articulada que sigue en funcionamiento. Su estructura descansa sobre dieciséis barcazas o pontones alineados que se ajustan de manera continua a las subidas y bajadas del nivel de la marea.
En el extremo opuesto al gozne, del lado de Punda, se sitúa la cabina de control con los motores que impulsan hélices subacuáticas.
Cuando una embarcación solicita franquear el canal, la pasarela se desengancha de la orilla de Punda y gira sobre su gozne, en el lado de Otrobanda, quedando completamente paralela al muelle hasta que concluye el tránsito marítimo.
Señales acústicas y el servicio alternativo de transbordador
Antes de iniciar la maniobra de apertura se avisa a los peatones. Los viandantes disponen de unos minutos para decidir si esperar a que el puente vuelva a cerrarse o cruzar en el transbordador gratuito.
Mientras el puente permanece abierto, funciona un servicio inmediato de transbordadores públicos gratuitos. Estas pequeñas embarcaciones cruzan el canal de ida y vuelta, asegurando la movilidad entre Punda y Otrobanda.
La curiosa historia del peaje del calzado
Entre 1901 y 1934, cruzar el puente requería el pago de una pequeña tarifa. Sin embargo, había una excepción: las personas que caminaban descalzas no pagaban.
Se cuenta que algunos vecinos se descalzaban justo antes de acceder a la plataforma para guardar sus zapatos en la mano y cruzar libremente, creando una estampa cotidiana que formó parte de la memoria popular de la ciudad.
La pasarela iluminada y recomendaciones para cruzar
Al ponerse el sol, los arcos de iluminación que coronan el puente se encienden. El reflejo de las luces sobre el agua inquieta del canal convierte el paseo nocturno en una vivencia sosegada y muy apreciada por vecinos y visitantes.
Al caminar sobre el puente notarás el suave bamboleo transmitido por el oleaje de las embarcaciones cercanas. Conviene sujetar con firmeza teléfonos y cámaras fotográficas al asomarse a las barandillas para evitar pérdidas accidentales en las aguas profundas del canal.
Durante las horas de pleno sol no existen coberturas para protegerse de la radiación directa en mitad de la pasarela. Llevar sombrero o gafas de sol hace más agradable el cruce, especialmente si te detienes unos minutos a contemplar las vistas portuarias desde el vano central.
Dos orillas, dos maneras de ver la ciudad
El puente une Punda y Otrobanda, dos barrios que han tenido personalidades diferenciadas desde la época colonial. Punda, situada en el lado este de la bahía, fue el núcleo comercial y administrativo, con su fuerte, sus almacenes y sus fachadas de colores.
Otrobanda, cuyo nombre significa literalmente la otra banda, creció como zona de residencias y de comercio más popular. Cruzar de un lado a otro es, en cierto modo, pasar de un carácter a otro.
Willemstad fue inscrita por la Unesco como Patrimonio Mundial en 1997, y buena parte de su atractivo reside en esa arquitectura de influencia neerlandesa pintada con tonos vivos.
Desde el puente se tiene una vista privilegiada de esa línea de fachadas, que cambia con la luz de la mañana y de la tarde.
El puente alto y el puente bajo
Para entender la importancia de esta pasarela flotante conviene compararla con el puente Juliana, una estructura mucho más alta que cruza la bahía para el tráfico de vehículos.
Mientras uno resuelve las necesidades del transporte moderno, el otro mantiene el carácter pausado de la ciudad, con su vaivén y sus aperturas para dejar pasar a los barcos. Observar ambos ayuda a entender cómo se ha adaptado Curazao a las demandas del puerto y del tráfico.
Mientras cruzas, aprovecha para escuchar la ciudad. Es probable que oigas el papiamento, la lengua criolla de la isla, junto con el neerlandés, el español y el inglés. Esa diversidad lingüística refleja la historia de un puerto que ha recibido a gentes de muchos orígenes.
Tómate tu tiempo en el trayecto. Camina despacio, detente en el centro para mirar hacia el mar y hacia la bahía, y no bloquees el paso de otras personas. Si el puente se abre mientras esperas, observa la maniobra con paciencia: es parte del ritmo propio de Willemstad.
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