¿Por qué hay una selva pintada en la Iglesia de la Compañía de Arequipa?
La Iglesia de la Compañía de Jesús de Arequipa es uno de los grandes ejemplos del barroco mestizo tallado en sillar volcánico, erigida entre 1590 y 1698 en la Plaza de Armas. Sobresale por su profusa portada labrada, sus claustros de piedra y la Capilla de San Ignacio con frescos selváticos.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La portada de sillar del barroco mestizo
En la esquina suroriental de la Plaza de Armas de Arequipa, la Iglesia de la Compañía exhibe una de las portadas de sillar más ricas y primorosamente labradas de América virreinal. Sobre la roca volcánica conviven ángeles con rostros indígenas, flores y frutos andinos, y monogramas sagrados.
La capilla de San Ignacio y los claustros de sillar
En su interior, la Capilla de San Ignacio de Loyola deslumbra por su cúpula y pechinas enteramente cubiertas de pinturas al temple polícromas que recrean una exuberante selva tropical poblada de guacamayos, flores exóticas y motivos geométricos incaicos.
Contiguos al templo se abren los Claustros de la Compañía, dos señoriales patios barrocos con pilares esculpidos en sillar donde hoy funcionan selectas boutiques de finas prendas de alpaca y cafés al aire libre.
Retablo mayor: Admira el retablo del altar mayor, de madera tallada y revestido con pan de oro.
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Los jesuitas en Arequipa
La Compañía de Jesús llegó a Arequipa en el último cuarto del siglo XVI, pocas décadas después de la fundación de la ciudad, y pronto se convirtió en una de las órdenes más influyentes de la región.
Los jesuitas se dedicaron a la enseñanza, la predicación y la administración de haciendas, y su colegio formó a buena parte de la élite local.
La iglesia fue la pieza central de ese conjunto y se construyó a lo largo de varias décadas, interrumpidas y retomadas tras los terremotos que golpearon la ciudad.
En 1767 el rey Carlos III expulsó a los jesuitas de todos los territorios de la monarquía española, y sus bienes pasaron a otras manos. El templo continuó en uso como iglesia, mientras que el colegio y sus dependencias tuvieron distintos destinos con el paso de los siglos.
Esa historia explica por qué hoy los claustros se visitan como espacio comercial y cultural, separados de la vida religiosa del templo.
Cómo leer la portada principal
La portada que da a la calle es un auténtico libro de piedra, y merece que la mires por partes. Fíjate primero en la estructura: columnas, cornisas y hornacinas siguen el esquema de una fachada barroca europea.
Después acércate a los detalles y verás que la superficie está cubierta de una talla plana y muy densa, casi como un bordado, en la que los motivos cristianos conviven con elementos del entorno andino: flores, frutos, aves y rostros de rasgos locales.
Esa mezcla es lo que se conoce como barroco mestizo o arte mestizo, un estilo que floreció en el sur del Perú y en el altiplano entre los siglos XVII y XVIII.
Los canteros indígenas y mestizos que trabajaron en estas obras reinterpretaron los modelos que llegaban de Europa con su propio repertorio visual. Busca también las inscripciones con fechas talladas en la piedra, que ayudan a situar las distintas etapas de construcción del templo.
El interior del templo
Al entrar, el contraste entre el blanco del sillar y el dorado de los retablos es inmediato. La iglesia tiene planta de tres naves, cubiertas con bóvedas de piedra, y conserva varios retablos barrocos con esculturas y pinturas de temática religiosa.
El retablo mayor domina el fondo del templo y concentra la mayor riqueza decorativa, con columnas, nichos y relieves cubiertos de pan de oro.
Tómate un momento para observar las pinturas de los muros y los retablos laterales, muchas de ellas vinculadas a la escuela cusqueña y a la tradición pictórica virreinal del sur andino.
Como sigue siendo una iglesia en uso, recuerda moverte en silencio durante las misas y respetar las indicaciones sobre fotografías en el interior.
La capilla de San Ignacio de Loyola
La capilla de San Ignacio suele considerarse la joya escondida del conjunto. Lo más llamativo es la cúpula, cuyas pinturas representan una vegetación tropical exuberante, con flores, frutos y aves, junto a figuras de santos y elementos simbólicos.
Es interesante pensar que esta selva pintada se encuentra en una ciudad rodeada de desierto y volcanes: habla del imaginario de la época y de la amplitud del mundo que la orden jesuita conocía a través de sus misiones.
El acceso a la capilla suele ser independiente del templo y puede tener condiciones propias; conviene consultar horarios y precios actualizados en la parroquia o en fuentes oficiales antes de ir.
La visita es breve, pero vale la pena detenerse y mirar la cúpula desde distintos puntos para apreciar la composición.
Los claustros de la Compañía
Los antiguos claustros del colegio jesuita, a un costado del templo, se recorren libremente y son uno de los espacios más agradables del centro.
Merece la pena mirar con calma los pilares y las arquerías: sus superficies también están talladas con motivos vegetales y figuras, en la misma línea decorativa que la portada, aunque a una escala más cercana.
Al estar a la altura de los ojos, es un buen lugar para apreciar el detalle del trabajo en sillar. El patio principal y el segundo claustro, más recogido, tienen hoy tiendas de textiles, cafés y restaurantes, lo que les da mucha vida sin borrar su carácter histórico.
Consejos para la visita
Visita la fachada con la luz de la mañana o de media tarde, cuando el relieve del sillar se marca mejor con las sombras.
Calcula alrededor de una hora para el templo, la capilla y un paseo por los claustros.
Viste de forma respetuosa y evita entrar durante las ceremonias si solo quieres ver el edificio.
Los claustros son un buen lugar para descansar y tomar algo sin salir del centro histórico.
El barroco mestizo más allá de la Compañía
Si la portada de la Compañía te interesa, en Arequipa y sus alrededores puedes seguir la huella de este estilo.
En el distrito de Yanahuara, al otro lado del río Chili, la iglesia de San Juan Bautista muestra una fachada muy labrada en la misma tradición, y los templos coloniales del valle del Colca conservan portadas de piedra con motivos similares.
Más lejos, en la región de Puno, las iglesias del altiplano del Collao, como las de Juli o Pomata, son otros grandes ejemplos del arte mestizo andino.
Dentro del propio centro, la Catedral, que ocupa todo un lado de la Plaza de Armas, y el Monasterio de Santa Catalina, a pocas cuadras, completan el recorrido por la arquitectura de sillar.
Desde la Compañía puedes llegar a ambos caminando en pocos minutos, así que es fácil enlazarlos en una misma mañana.





