Sube a Montjuïc en teleférico y espera de noche a la Font Màgica

Montjuïc, la montaña que domina el puerto de Barcelona, reúne un castillo militar reconstruido a partir de 1751, un teleférico de unos 750 metros con vistas panorámicas, y la Fuente Mágica, un espectáculo nocturno de agua, luz y música. El teleférico tiene tarifa propia y la Fuente Mágica es gratuita; consulta las condiciones de entrada del castillo en la web oficial.

Por

Ubicación
Montaña de Montjuïc, sobre el puerto de Barcelona
Castillo
Reconstrucción militar desde 1751
Teleférico
Unos 750 metros de recorrido, pocos minutos
Fuente Mágica
Espectáculo nocturno gratuito, horario según temporada

Montjuïc es la montaña que vigila el puerto de Barcelona, con vistas privilegiadas sobre toda la ciudad y el Mediterráneo.

Vistas desde el teleférico de la montaña de Montjuïc en Barcelona.
Mummelgrummel (CC BY-SA 4.0)

Una fortaleza militar con vistas privilegiadas

El castillo actual es el resultado de la remodelación de una fortificación anterior del siglo XVII, llevada a cabo a partir de 1751 por el ingeniero militar Juan Martín Cermeño, el mismo que diseñó la Barceloneta.

Usado durante siglos con fines militares e incluso como prisión política, hoy es un espacio municipal con miradores sobre el puerto y la ciudad; consulta las condiciones de entrada en la web oficial.

El teleférico y el espectáculo de la Fuente Mágica

El teleférico de Montjuïc recorre unos 750 metros en pocos minutos, ofreciendo vistas aéreas sobre la montaña antes de llegar al castillo.

En la ladera opuesta, frente al Palau Nacional, la Fuente Mágica combina agua, luz y música en un espectáculo nocturno gratuito de agua, luz y música, con sesiones que varían de horario según la temporada del año.

El origen de la montaña y de su nombre

Montjuïc es una colina de poco menos de doscientos metros que se levanta al sur del centro, entre el puerto y el barrio de Poble-sec. Su piedra se extrajo durante siglos en canteras que abastecieron buena parte de las construcciones de la ciudad, desde edificios medievales hasta obras más recientes.

Sobre el origen del nombre circulan dos explicaciones: una lo relaciona con el Mons Iovis de época romana, el monte de Júpiter, y otra con la necrópolis judía medieval que existió en sus laderas, documentada por la arqueología.

Su posición, dominando el mar y la ciudad, la convirtió en un punto estratégico. Desde lo alto se vigilaba la costa y, con el tiempo, la fortaleza también sirvió para controlar a la propia Barcelona.

En el siglo XIX los cañones del castillo llegaron a disparar contra la ciudad durante episodios de revuelta, y en el siglo XX fue escenario de fusilamientos, entre ellos el del presidente de la Generalitat Lluís Companys en 1940.

Por eso, para muchos barceloneses, el castillo tiene una carga simbólica que va más allá de sus vistas.

Las dos grandes transformaciones: 1929 y 1992

La imagen actual de Montjuïc se debe sobre todo a la Exposición Internacional de 1929.

Para aquella cita se urbanizó la ladera que baja hacia la Plaça d'Espanya, con sus dos torres de inspiración veneciana, la gran avenida de la Reina Maria Cristina, el Palau Nacional, el Poble Espanyol y la propia Fuente Mágica, obra del ingeniero Carles Buïgas.

También se construyó el pabellón alemán de Mies van der Rohe, una pieza clave de la arquitectura moderna que se desmontó al terminar la exposición y se reconstruyó en los años ochenta en su emplazamiento original.

La segunda gran transformación llegó con los Juegos Olímpicos de 1992.

En la llamada Anella Olímpica se renovó el estadio de 1929, hoy Estadi Olímpic Lluís Companys, y se levantaron el Palau Sant Jordi, del arquitecto japonés Arata Isozaki, y la torre de telecomunicaciones de Santiago Calatrava, de silueta inclinada y muy reconocible desde la ciudad.

Quien haya visto imágenes de aquellos Juegos recordará las competiciones de saltos en la piscina municipal de Montjuïc, con la ciudad de fondo, una de las postales deportivas más famosas de Barcelona.

Qué ver en Montjuïc

La montaña concentra una cantidad de museos poco habitual para un parque urbano. En el Palau Nacional está el Museu Nacional d'Art de Catalunya, conocido por su colección de pintura mural románica procedente de iglesias del Pirineo.

Más arriba, la Fundació Joan Miró ocupa un edificio blanco de Josep Lluís Sert pensado para mostrar la obra del artista con luz natural.

Junto a la Plaça d'Espanya, el CaixaForum se instaló en una antigua fábrica textil modernista de Josep Puig i Cadafalch, y el Poble Espanyol reproduce calles y edificios de distintas regiones de España.

Montjuïc también es un buen lugar para caminar entre jardines.

Los de Mossèn Costa i Llobera, en la ladera que mira al puerto, están dedicados a cactus y plantas suculentas; los de Laribal bajan en terrazas con fuentes y escalinatas; y el Jardí Botànic reúne flora de regiones de clima mediterráneo de distintos continentes.

En la vertiente sur, menos visitada, se extiende el cementerio de Montjuïc, con panteones y esculturas funerarias de interés artístico que miran directamente al mar.

  • Museu Nacional d'Art de Catalunya, en el Palau Nacional.

  • Fundació Joan Miró, en un edificio de Josep Lluís Sert.

  • Pabellón Mies van der Rohe, reconstruido en su lugar original.

  • Anella Olímpica, con el estadio y el Palau Sant Jordi.

  • Jardines de Mossèn Costa i Llobera y de Laribal.

Cómo subir y cómo organizar la visita

Hay varias formas de llegar arriba y combinarlas es parte de la gracia. Desde la estación de metro de Paral·lel sale un funicular que te deja en la zona media de la montaña, desde donde continúa el teleférico hacia el castillo.

Desde la Barceloneta, el teleférico del puerto cruza sobre los muelles y termina en la zona de Miramar. Y desde la Plaça d'Espanya puedes subir a pie por la avenida hasta el Palau Nacional, con tramos de escaleras mecánicas que ahorran buena parte de la cuesta.

Montjuïc es demasiado grande para verlo entero en una mañana, así que conviene elegir. Una opción es dedicar la mañana a un museo y la tarde a los jardines y al castillo, bajando al anochecer hacia la Fuente Mágica.

Lleva agua y calzado cómodo, porque las distancias entre puntos son mayores de lo que parece en el mapa y hay bastante desnivel. Los horarios de museos, funicular, teleférico y espectáculos cambian según la temporada, así que conviene consultarlos en la web oficial antes de ir.

Qué ver cerca

A los pies de la montaña, el barrio de Poble-sec es una buena parada para comer o tomar algo, sobre todo en la calle Blai, conocida por sus bares de pinchos.

Hacia el puerto, el Mirador de Colom y el Port Vell quedan a poca distancia si bajas por la zona de Miramar.

Y desde la Plaça d'Espanya se llega en pocos minutos al antiguo recinto de la plaza de toros de Las Arenas, reconvertida en centro comercial con una terraza en la cubierta desde la que se ve la avenida que sube hacia el Palau Nacional.

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