Sobre tierra ganada al mar nació la Barceloneta

La Barceloneta nació en 1753 sobre tierra ganada al mar, para realojar a los habitantes del barrio de la Ribera cuyas casas fueron derribadas tras la Guerra de Sucesión para construir la Ciudadela militar de Felipe V. Poblada originalmente por pescadores y estibadores, hoy su playa urbana es una de las más concurridas de la ciudad, de acceso libre y gratuito.

Por

Ubicación
Barrio de la Barceloneta, frente al Mediterráneo
Piedra fundacional
3 de febrero de 1753
Origen del barrio
Realojo de vecinos tras la Guerra de Sucesión de 1714
Acceso
Libre y gratuito en todo momento

La Barceloneta es el barrio marinero de Barcelona, con la playa urbana más popular de la ciudad a sus pies.

La playa urbana de la Barceloneta en Barcelona.
DagafeSQV (CC BY-SA 3.0)

Un barrio nacido de una derrota militar

El origen del barrio se remonta a 1714, cuando tras la derrota austracista en la Guerra de Sucesión, Felipe V ordenó derribar las casas del barrio de la Ribera para construir la fortaleza de la Ciudadela.

Gran parte de los vecinos desplazados eran pescadores, marineros y artesanos, y se decidió realojarlos sobre una franja de tierra ganada al mar conocida entonces como la Isla de Maians.

La piedra fundacional del nuevo barrio, diseñado con trazado rectilíneo de estilo barroco civil por el ingeniero militar Juan Martín Cermeño, se colocó el 3 de febrero de 1753.

De barrio obrero a playa urbana de referencia

La convivencia de pescadores, estibadores del puerto y obreros industriales dio a la Barceloneta un carácter humilde y combativo, muy distinto al de la burguesa ampliación del Eixample construida décadas después.

Hoy sus calles estrechas conservan ese ambiente popular, mientras que su playa, remodelada de cara a los Juegos Olímpicos de 1992, se llenó de chiringuitos y es hoy una de las postales más reconocibles del frente marítimo de la ciudad.

Cómo es el barrio por dentro

El trazado de la Barceloneta se reconoce enseguida en el mapa: calles largas y paralelas, cruzadas por otras más cortas, que forman manzanas estrechas y alargadas. Las casas originales eran bajas, de una o dos plantas, para no entorpecer la línea de tiro de los cañones de la Ciudadela.

Con el crecimiento de la población en el siglo XIX se fueron añadiendo pisos y las viviendas se dividieron en apartamentos muy pequeños, los llamados quarts de casa, que todavía hoy definen la vida del barrio y explican la costumbre de hacer vida en la calle.

Paseando por su interior verás ropa tendida en los balcones, bares de toda la vida y pequeñas plazas donde se reúnen los vecinos.

En la plaza de la Barceloneta se levanta la iglesia de Sant Miquel del Port, del siglo XVIII, uno de los pocos edificios barrocos de este tipo que se conservan en la ciudad.

Muy cerca, el mercado del barrio fue renovado a comienzos de este siglo con una cubierta moderna, pero sigue siendo el lugar donde los vecinos hacen la compra diaria de pescado y verdura.

La playa y el frente marítimo

Durante buena parte del siglo XX, el litoral de la Barceloneta estaba ocupado por talleres, vías de tren, almacenes y los populares merenderos de madera construidos sobre la arena, donde se servía pescado y arroces. La ciudad vivía de espaldas al mar.

Con la preparación de los Juegos Olímpicos de 1992 se eliminaron las instalaciones industriales, se regeneró la arena y se construyó un paseo marítimo continuo que hoy une la Barceloneta con las playas de la Vila Olímpica y del Poblenou.

A lo largo del paseo hay varios puntos de referencia fáciles de identificar. Sobre la arena se levanta L'Estel Ferit, una escultura de Rebecca Horn formada por cubos de metal apilados que rinde homenaje a los antiguos chiringuitos de la playa.

En el extremo sur, el edificio en forma de vela del Hotel W, diseñado por Ricardo Bofill, marca el final del frente marítimo. Hacia el norte, el gran pez dorado de Frank Gehry, junto al Port Olímpic, brilla al sol y se ve desde muy lejos.

  • L'Estel Ferit, de Rebecca Horn, sobre la arena de la playa.

  • El paseo marítimo, ideal para caminar o ir en bicicleta.

  • La silueta del Hotel W, en el extremo sur de la playa.

  • El pez de Frank Gehry, junto al Port Olímpic.

Fíjate también en los espigones de piedra que se adentran en el mar cada cierto tramo. Sirven para frenar la erosión y retener la arena, que el mar tiende a arrastrar, sobre todo tras los temporales de otoño e invierno.

Por eso la forma y la anchura de la playa cambian de un año a otro y, de vez en cuando, la ciudad aporta arena nueva para recuperarla.

Los espigones separan además las distintas playas del litoral, cada una con su propio nombre y ambiente, desde la de Sant Sebastià, en el extremo sur, hasta la de Somorrostro.

Sabores y curiosidades del barrio

La Barceloneta ha sido tradicionalmente un lugar para comer pescado y arroces frente al mar, y conserva muchos locales donde probarlos.

Según la tradición local, en una taberna del barrio se inventó la bomba, una bola de patata rellena de carne, rebozada y frita, que se sirve con salsa picante y alioli, hoy una de las tapas más típicas de Barcelona.

Si buscas un ambiente más auténtico, aléjate un par de calles del paseo marítimo y busca bares con clientela del barrio.

Muy cerca de la playa se encontraba el Somorrostro, un antiguo asentamiento de barracas junto al mar donde nació la bailaora Carmen Amaya, una de las grandes figuras del flamenco.

El asentamiento desapareció en los años sesenta, y hoy la memoria de la artista se recuerda con una fuente que lleva su nombre en el propio barrio. El tramo de playa que ocupaba el antiguo asentamiento conserva el nombre de Somorrostro.

Consejos para la playa

En verano la playa se llena, especialmente los fines de semana y por la tarde, así que si buscas un buen sitio conviene llegar temprano. No dejes objetos de valor sin vigilancia en la toalla, porque los hurtos son frecuentes en esta zona.

Durante la temporada de baño hay servicio de socorrismo y un sistema de banderas que indica el estado del mar: respeta siempre sus indicaciones. Fuera de temporada, la playa se vuelve un paseo tranquilo, perfecto para caminar o tomar algo al sol.

Ten en cuenta que en Barcelona hay normas de convivencia en el barrio, como no pasear en bañador ni sin camiseta lejos de la playa, algo que los vecinos valoran especialmente.

Si quieres playas algo menos concurridas, sigue el paseo hacia el norte, donde se suceden otras playas urbanas con un ambiente más local. Los accesos, servicios y horarios de temporada pueden cambiar, así que conviene consultar la información en la web oficial del Ayuntamiento antes de ir.

Qué ver cerca

Desde la Barceloneta se llega a pie al Port Vell, donde el antiguo almacén del Palau de Mar alberga el Museu d'Història de Catalunya y una hilera de restaurantes con terraza.

En la Torre de Sant Sebastià, al final de la playa, sale el teleférico del puerto que cruza los muelles hasta Montjuïc, con amplias vistas.

Y cruzando la avenida hacia el interior, en pocos minutos estás en el Born, con Santa Maria del Mar, el Parc de la Ciutadella y el Museu Picasso.

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