La confitería giratoria del cerro Otto y su mirador en Bariloche

El Cerro Otto (1.405 msnm) es un mirador montañoso situado a solo 5 km del centro de Bariloche, célebre por su teleférico de góndolas rojas y su famosa confitería giratoria en la cumbre, que gira 360 grados mientras los comensales disfrutan de vistas panorámicas.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Góndolas rojas del teleférico del Cerro Otto ascendiendo sobre las laderas boscosas de Bariloche.
Dario Alpern, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El balcón urbano y giratorio de Bariloche

Ubicado en el faldeo sur de la ciudad, el Complejo Teleférico Cerro Otto fue creado por el filántropo Boris Furman con el fin de donar sus beneficios a entidades de bien público.

El ascenso en sus góndolas rojas sobrevolando el bosque de lengas y cipreses es una de las atracciones más populares para familias y visitantes de todas las edades.

El cerro domina la bahía urbana de Bariloche, conformando un clásico del turismo patagónico en Argentina.

La experiencia gastronómica en 360 grados

La confitería giratoria en la cumbre permite contemplar la totalidad del entorno geográfico sin levantarse de la mesa: la ciudad de Bariloche, el lago Nahuel Huapi, el lago Gutiérrez, el cerro Catedral, el cerro Campanario y la cordillera chilena van desfilando suavemente ante los ventanales mientras se degusta una merienda tradicional o un almuerzo de trucha andina.

En el mismo edificio se ubica la Galería de Arte, que exhibe calcos oficiales en tamaño real de las tres esculturas cumbres de Miguel Ángel Buonarroti, certificadas por el gobierno italiano.

Actividades en la naturaleza y Piedra de Habsburgo

En verano se realizan caminatas guiadas hacia el mirador natural de la Piedra de Habsburgo o descensos en tirolesa. En invierno sus pistas de trineo son pura diversión para los más pequeños.

Puedes combinar esta visita con una tarde en el Centro Cívico de Bariloche o una excursión gastronómica a Colonia Suiza.

Traslado gratuito incluido:

El complejo ofrece autobuses gratuitos de ida y vuelta desde el centro de la ciudad hasta la estación inferior del teleférico.

Un cerro pegado a la ciudad

A diferencia de otros miradores de Bariloche, el Cerro Otto se levanta prácticamente sobre la trama urbana. Sus laderas bajas están ocupadas por barrios residenciales y, a medida que se sube, el paisaje cambia a un bosque cerrado de coihues, cipreses y lengas.

Esa cercanía hace que sea una de las excursiones más fáciles de organizar: no hace falta dedicarle un día entero y se puede encajar en una mañana o una tarde libre entre otras actividades.

El cerro tuvo un papel importante en los comienzos del esquí y el andinismo en la región.

Antes de que el Cerro Catedral concentrara la actividad invernal, sus laderas se usaban para practicar esquí y hacer excursiones, y en la zona alta se conserva el Refugio Berghof, vinculado a Otto Meiling, uno de los pioneros de la montaña en Bariloche.

Recorrer el cerro es, en parte, recorrer esa historia de inmigrantes que convirtieron la nieve y los senderos en parte de la identidad de la ciudad.

Qué ver en la cumbre

Una vez arriba, lo primero es asomarse a los miradores exteriores antes de entrar en la confitería.

Desde la cumbre se ve con claridad cómo Bariloche se extiende a lo largo de la costa del Nahuel Huapi, con la isla Huemul frente a la ciudad y la península de San Pedro hacia el oeste.

Hacia el sur aparecen el lago Gutiérrez y las agujas del Catedral, y en días despejados el Tronador asoma con sus glaciares en el horizonte.

La galería de arte con las réplicas de Miguel Ángel suele sorprender a quienes no saben que existe. Encontrar copias a escala real de obras como el David o la Piedad en lo alto de un cerro patagónico es una de esas rarezas que hacen memorable la visita.

Vale la pena dedicarle unos minutos con calma, porque ver las esculturas de cerca, sin las multitudes de los museos italianos, permite apreciar detalles que suelen pasar desapercibidos.

Alrededor de la cumbre hay senderos cortos que llevan a distintos puntos panorámicos y zonas de bosque. No son exigentes y permiten alejarse un poco del movimiento de la estación superior, algo muy recomendable en temporada alta.

Si subes con niños, estos paseos cortos son una buena manera de combinar vistas y naturaleza sin caminatas largas.

Piedras Blancas y la nieve en el Otto

En la ladera del cerro funciona Piedras Blancas, un parque de montaña muy conocido entre las familias de Bariloche. En invierno se convierte en una zona de juegos en la nieve, con pistas de trineo y actividades pensadas para quienes no esquían.

En los meses cálidos ofrece otras propuestas al aire libre, entre ellas un tobogán de montaña que baja entre los árboles. Es una alternativa práctica para quienes viajan con niños y quieren un contacto con la nieve sin la logística de un centro de esquí grande.

El cerro también tiene tradición de esquí nórdico, la modalidad de fondo que se practica sobre terrenos más suaves. Cuando la nieve acompaña, las zonas altas y más planas del Otto permiten recorridos tranquilos por el bosque, muy distintos de la experiencia de las pistas alpinas.

Conviene consultar antes qué actividades están disponibles cada temporada, porque dependen mucho de la cantidad de nieve caída.

Consejos para subir al Cerro Otto

Hay varias formas de llegar a la cumbre. La más cómoda es el teleférico, pero también se puede subir en auto o bicicleta por un camino de montaña de ripio, o a pie por senderos que parten desde la zona baja del cerro.

La caminata lleva varias horas de subida constante y es una buena opción para quienes quieren ganarse la vista. Si decides hacerla, lleva agua, calzado firme y ropa de abrigo, porque en la cumbre suele hacer bastante más frío y viento que en la ciudad.

El mejor momento para subir es un día despejado, idealmente por la mañana o a última hora de la tarde, cuando la luz resalta los relieves de los lagos y las montañas.

Si el pronóstico anuncia nubes bajas, es mejor dejar la excursión para otro día: la cumbre puede quedar dentro de la niebla y la gracia del lugar son las vistas.

Para horarios del teleférico, tarifas y funcionamiento del transporte hasta la base, lo mejor es consultar la web oficial del complejo antes de ir, porque cambian según la temporada.

En cuanto al tiempo, con dos o tres horas alcanza para subir, recorrer los miradores, tomar algo en la confitería y bajar sin prisa. Si además quieres caminar por los senderos o pasar por Piedras Blancas, reserva media jornada.

Una combinación que funciona bien es visitar el Cerro Otto por la mañana y dedicar la tarde al centro de la ciudad, que queda muy cerca.

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