La Candelaria guarda la Bogotá colonial entre casonas y murales
La Candelaria es el corazón colonial, cultural y fundacional de Bogotá. Con sus estrechas calles empedradas, casonas virreinales de aleros de teja y coloridas fachadas republicanas, alberga los principales museos del país, teatros históricos y vibrantes murales de arte urbano.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La huella colonial y bohemia de Bogotá
Pasear por las cuestas empinadas de La Candelaria en Bogotá es realizar un viaje sensorial por cuatro siglos de historia colombiana.
Entre sus muros de adobe y piedra se gestó la independencia nacional y floreció la tertulia literaria y política que le valió a la ciudad el título de la 'Atenas Sudamericana'.
Muralismo contemporáneo y cafés de especialidad
El barrio combina con naturalidad su patrimonio monumental con una escena cosmopolita de galerías de arte, librerías independientes y muralismo callejero de vanguardia internacional, visible en rincones como el Callejón del Embudo.
En sus patios interiores coloniales floridos operan cafés de especialidad donde degustar cosechas de cafés de origen de Huila, Nariño y Quindío preparados por baristas expertos.
Recorrido peatonal: Camina por las calles empedradas del barrio para fijarte en los portones tallados y los aldabones de las casas coloniales.
De Santafé a capital de la república
La historia de Bogotá empieza en las laderas de La Candelaria. En 1538, Gonzalo Jiménez de Quesada fundó aquí el asentamiento español que recibiría el nombre de Santafé, sobre tierras que antes habían pertenecido a los muiscas, el pueblo indígena que dominaba la sabana.
Desde ese primer núcleo, al pie de los cerros orientales, la ciudad fue creciendo con el trazado en cuadrícula típico de las fundaciones españolas, con iglesias, conventos y casas de dos plantas organizadas alrededor de patios.
Durante la colonia, Santafé fue la capital del Nuevo Reino de Granada y luego del Virreinato, lo que la llenó de instituciones religiosas, educativas y administrativas.
Muchas de ellas siguen funcionando en el barrio, como el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, fundado en el siglo XVII, que hoy es una universidad. Esa concentración de colegios, imprentas y tertulias explica la fama intelectual que la ciudad tuvo en el siglo XIX.
El 20 de julio de 1810, un incidente en torno a un florero en la entonces Plaza Mayor desencadenó la revuelta que llevó al proceso de independencia.
La casa donde ocurrió, en una esquina de la actual Plaza de Bolívar, es hoy el Museo de la Independencia, conocido popularmente como Casa del Florero.
Siglo y medio después, el 9 de abril de 1948, el asesinato del líder político Jorge Eliécer Gaitán provocó el Bogotazo, unos disturbios que destruyeron numerosos edificios del centro y marcaron la historia del país.
Un recorrido por lo más destacado del barrio
La puerta de entrada natural es la Plaza de Bolívar, el gran espacio cívico de Colombia. A su alrededor se reúnen el Capitolio Nacional, sede del Congreso; la Catedral Primada, de fachada neoclásica; el Palacio Liévano, sede de la Alcaldía; y el Palacio de Justicia.
Detrás del Capitolio, a pocas cuadras, se encuentra la Casa de Nariño, residencia presidencial, custodiada por la guardia.
Desde la plaza, las calles suben hacia los cerros y concentran buena parte de los museos más importantes del país.
El complejo cultural del Banco de la República reúne el Museo Botero, con obras del artista colombiano y su colección de arte internacional, la Casa de Moneda y la Biblioteca Luis Ángel Arango, una de las bibliotecas públicas más importantes del país.
Muy cerca está el Teatro Colón, inaugurado a finales del siglo XIX, con una sala de estilo italiano que merece la pena ver por dentro.
Plaza de Bolívar y Catedral Primada.
Museo Botero y Casa de Moneda.
Teatro Colón.
Iglesia Museo de Santa Clara, con su interior barroco cubierto de pinturas.
Chorro de Quevedo y Callejón del Embudo.
A poca distancia, ya en el barrio vecino de Santa Fe, quedan el Museo del Oro, con su extraordinaria colección de orfebrería prehispánica, y la Iglesia de San Francisco, uno de los templos más antiguos de la ciudad, con un retablo dorado espectacular.
Junto a ellos, el Eje Ambiental de la avenida Jiménez recupera el recorrido del río San Francisco con canales de agua a cielo abierto.
Arquitectura y detalles para mirar
Lo que da carácter a La Candelaria es la convivencia de estilos. Las casas coloniales, de muros gruesos de tapia y adobe, tejados de barro y balcones de madera, conviven con fachadas republicanas del siglo XIX de inspiración europea, con molduras, rejas de hierro y colores más vivos.
Si entras en algún patio abierto al público, verás la organización típica de la casa colonial: un patio central con galerías, a menudo con plantas y una fuente.
Fíjate también en las placas de cerámica que indican los antiguos nombres de algunas calles. Antes de la numeración moderna, las calles de Santafé se conocían por nombres populares ligados a anécdotas, oficios o leyendas, y esas placas son una forma curiosa de leer la ciudad.
Los murales y el grafiti, por su parte, se han convertido en una seña de identidad: hay recorridos guiados de arte urbano que explican las obras y a sus autores.
Sabores santafereños
La Candelaria es un buen lugar para probar la cocina tradicional de Bogotá.
El plato más emblemático es el ajiaco santafereño, una sopa espesa de pollo con varios tipos de papa, mazorca y guascas, una hierba aromática que le da su sabor característico, que se sirve con alcaparras, crema de leche y aguacate.
Otro clásico es el chocolate santafereño, acompañado de queso que se sumerge en la taza caliente, junto a almojábanas, pan de yuca o tamales.
En las calles del barrio encontrarás desde locales tradicionales con décadas de historia hasta restaurantes y cafés más modernos, frecuentados por estudiantes universitarios.
Al atardecer, cuando baja la temperatura, una taza de chocolate caliente o un canelazo, una bebida caliente de aguardiente con canela y panela, son un buen plan para entrar en calor.
Consejos para recorrer La Candelaria
El barrio está a unos 2.600 metros de altitud y sus calles son empinadas, así que tómalo con calma si acabas de llegar a Bogotá: camina despacio, bebe agua y no programes demasiadas subidas el primer día.
El clima es fresco y cambiante, con mañanas soleadas que pueden terminar en lluvia por la tarde, por lo que conviene llevar una chaqueta y un paraguas o impermeable.
Lo ideal es recorrerlo de día, cuando los museos están abiertos y hay más movimiento. Como en cualquier centro histórico concurrido, mantén tus pertenencias a la vista, evita mostrar objetos de valor y, por la noche, muévete por calles concurridas o en taxi pedido por aplicación.
Muchos museos cierran un día a la semana y algunos tienen entrada libre ciertos días, así que conviene consultar horarios y precios en las webs oficiales antes de organizar la jornada. Para ver lo esencial sin prisa, reserva al menos un día completo.
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