Bajar 180 metros hasta la Catedral de Sal de Zipaquirá

La Catedral de Sal de Zipaquirá es una monumental joya de la arquitectura y la ingeniería subterránea, excavada a 180 metros bajo tierra dentro de una mina de halita en Cundinamarca, cerca de Bogotá. Declarada la 'Primera Maravilla de Colombia', cuenta con catorce estaciones del Vía Crucis.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Gran cruz monumental iluminada en la nave central subterránea de la Catedral de Sal de Zipaquirá
Novoaparra, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

Un templo subterráneo esculpido en roca de sal

Principal excursión de un día desde Bogotá, la Catedral de Sal de Zipaquirá es un santuario excavado en los túneles salinos explotados desde tiempos de los indígenas muiscas.

El Vía Crucis minero y la nave central monumental

El recorrido desciende a través de catorce cámaras subterráneas donde cruces y altares tallados en roca de sal halita representan las estaciones del Vía Crucis, iluminadas con efectos lumínicos de fibra óptica azul y violeta.

La nave principal deslumbra por una colosal cruz de sal tallada en bajo relieve de 16 metros de altura, columnas cilíndricas gigantescas y un coro labrado en la roca viva.

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De mina muisca a santuario minero

La sal de Zipaquirá tiene una historia mucho más antigua que la catedral.

Mucho antes de la llegada de los españoles, los muiscas explotaban los manantiales salinos de la zona y producían panes de sal que intercambiaban con otros pueblos, lo que convirtió a la región en un importante centro comercial.

Tras la conquista, la explotación continuó y, con el tiempo, se pasó a extraer la roca de sal mediante túneles excavados en el interior de la montaña.

Los mineros, que trabajaban en condiciones duras y peligrosas, tenían la costumbre de reservar pequeños espacios dentro de la mina para rezar antes de empezar la jornada. Allí veneraban a la Virgen del Rosario de Guasá, considerada la patrona de los mineros.

De esa devoción nació la idea de construir un templo subterráneo, y a mediados del siglo XX se inauguró una primera catedral de sal, aprovechando galerías excavadas por la explotación minera.

Con los años, aquel primer templo presentó problemas estructurales y tuvo que cerrarse por motivos de seguridad. En su lugar se construyó la catedral actual, situada a mayor profundidad y diseñada por el arquitecto Roswell Garavito Pearl, que se inauguró en la década de 1990.

Más tarde, la catedral fue elegida mediante votación popular como la primera maravilla de Colombia, un título que hoy forma parte de su identidad turística.

Cómo es el recorrido bajo tierra

La visita empieza en la entrada de la mina, en lo alto del Parque de la Sal, y continúa por un túnel que desciende poco a poco hacia el interior de la montaña.

A lo largo de esa bajada se suceden las estaciones del Vía Crucis, cada una con una cruz tallada en la roca y un espacio para la oración. La iluminación de colores cambia el ambiente de cada sala y resalta las vetas y texturas de la sal.

Tras las estaciones se llega a la zona de la cúpula y después a las naves de la catedral. Las tres naves principales se asocian a momentos de la vida de Jesús, desde el nacimiento hasta la muerte, y en la nave central se encuentra la gran cruz tallada.

Desde el balcón del coro se obtiene una de las vistas más completas del conjunto, con la cruz iluminada al fondo y la escala del espacio subterráneo en toda su dimensión.

  • El espejo de agua, una piscina de salmuera tan quieta que refleja el techo como si fuera un abismo.

  • Las esculturas talladas en sal y mármol repartidas por las naves.

  • Los restos de las antiguas galerías mineras, que recuerdan el origen industrial del lugar.

Curiosidades de la catedral

Aunque se la llama catedral, no es la sede de ningún obispo: el nombre responde a su tamaño y a su función como templo.

Aun así, en su interior se celebran misas, sobre todo los domingos, y es habitual ver a fieles rezando en las estaciones mientras los turistas recorren el resto del circuito. Es un lugar religioso, por lo que conviene mantener un tono de voz moderado.

Otra curiosidad es que la mina sigue siendo una mina. La explotación de sal continúa en otros sectores del yacimiento, y parte de la experiencia turística se dedica precisamente a explicar el trabajo de los mineros.

Además del recorrido principal, el complejo suele ofrecer actividades complementarias, como rutas que recrean la labor minera con casco y linterna, espectáculos audiovisuales y un museo sobre la sal y la geología de la zona.

La roca que ves en las paredes tampoco se parece a la sal de mesa. La halita de Zipaquirá tiene tonos grises y oscuros por los minerales e impurezas que la acompañan, y sólo en algunos puntos, con la luz adecuada, muestra brillos cristalinos.

Estos depósitos se formaron hace millones de años, cuando la zona estaba cubierta por aguas que se fueron evaporando, y los movimientos que levantaron la cordillera de los Andes los llevaron hasta la altura en la que hoy se encuentran.

Consejos para la excursión desde Bogotá

Zipaquirá se encuentra al norte de Bogotá, en la sabana, y la excursión suele ocupar medio día largo o una jornada completa si añades la visita al pueblo.

Puedes llegar en transporte público, en tour organizado o en coche, y los fines de semana el viaje se alarga por el tráfico de salida de la ciudad.

Los horarios, las tarifas de los distintos recorridos y las opciones de transporte cambian con frecuencia, así que conviene consultarlos en la web oficial antes de ir.

Dentro de la mina la temperatura es fresca y bastante estable, y el suelo puede estar húmedo en algunos tramos, por lo que lo mejor es llevar calzado cómodo con buen agarre y una chaqueta ligera.

Calcula entre una hora y media y dos horas para el recorrido principal. Si quieres evitar las aglomeraciones, intenta llegar temprano un día laborable; los domingos y festivos suelen ser los días de más afluencia.

Zipaquirá, más allá de la mina

Merece la pena reservar un rato para el centro histórico de Zipaquirá, uno de los más agradables de la sabana. La plaza principal, rodeada de casas coloniales con balcones de madera, está presidida por la catedral diocesana, una gran iglesia de piedra que contrasta con el templo subterráneo.

Alrededor encontrarás cafés, panaderías y restaurantes de comida típica donde probar platos de la región.

El pueblo también tiene un vínculo literario: Gabriel García Márquez terminó sus estudios de bachillerato en Zipaquirá, y la ciudad recuerda esa etapa de su juventud.

Si te sobra tiempo, puedes combinar la excursión con otros pueblos de la sabana, como Nemocón, que también tiene una mina de sal visitable, o regresar a Bogotá por la tarde para terminar la jornada en el norte de la ciudad.

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