¿Páramo y selva en una tarde? En el Jardín Botánico de Bogotá

El Jardín Botánico José Celestino Mutis es uno de los centros de conservación e investigación vegetal más importantes de Colombia, ubicado en Bogotá. Con cerca de 20 hectáreas, destaca por su bosque andino de niebla, jardín de orquídeas y su Tropicario con invernaderos de selva y páramo.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Moderno Tropicario de cristal del Jardín Botánico de Bogotá entre la vegetación de orquídeas y palmas
Jardín Botánico José Celestino Mutis, Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

El santuario verde de la Megadiversidad colombiana

Dedicado a la memoria del sabio director de la Real Expedición Botánica de 1783, el Jardín Botánico de Bogotá es un remanso natural de biodiversidad y ciencia en medio del área urbana.

El Tropicario y ecosistemas en miniatura

Su joya contemporánea es el Tropicario, una obra de arquitectura bioclimática que recrea en varios módulos de vidrio los grandes biomas de Colombia: Bosque Húmedo Tropical (Chocó y Amazonía), Bosque Seco, Plantas Útiles, Colecciones Especializadas y Páramo.

El parque cuenta con un sendero de frailejones de alta montaña, una colección de orquídeas nativas y lagunas con plantas acuáticas gigantes como la Victoria amazónica.

Luces de Navidad: En diciembre el jardín organiza exposiciones nocturnas de luces temáticas sobre la fauna y flora colombiana con recorridos guiados.

Quién fue José Celestino Mutis

El nombre del jardín rinde homenaje a José Celestino Mutis, sacerdote, médico y naturalista nacido en Cádiz que llegó a la Nueva Granada a mediados del siglo XVIII como médico del virrey.

Se quedó el resto de su vida en estas tierras y se convirtió en una de las figuras científicas más influyentes de la época colonial.

Además de la botánica, se interesó por la astronomía, la medicina y la enseñanza de las matemáticas, y promovió el estudio de la quina, la corteza de la que se obtenía el remedio contra la malaria.

Desde 1783 dirigió la Real Expedición Botánica del Nuevo Reino de Granada, un proyecto de décadas que recorrió el territorio para describir su flora.

Uno de sus grandes legados son miles de láminas de plantas pintadas por un taller de artistas locales con gran detalle, que hoy se conservan en el Real Jardín Botánico de Madrid.

Por la expedición pasaron también jóvenes criollos como Francisco José de Caldas, que más tarde tendrían un papel destacado en la independencia.

El jardín bogotano que lleva su nombre nació a mediados del siglo XX por iniciativa del sacerdote y botánico Enrique Pérez Arbeláez, que quiso dar a la capital un centro dedicado a estudiar y conservar las plantas del país.

Hoy depende de la Alcaldía de Bogotá y, además de recibir visitantes, trabaja en investigación, en la recuperación de especies amenazadas y en programas de arbolado urbano para toda la ciudad.

Un recorrido por las colecciones al aire libre

Más allá del Tropicario, buena parte de la visita transcurre por senderos al aire libre que reproducen los paisajes andinos que rodean a Bogotá.

El tramo de bosque andino, con árboles cubiertos de musgos, líquenes y bromelias, da una idea de cómo eran las laderas de la sabana antes de la expansión urbana.

Muy cerca aparecen los robles andinos, una especie que llegó a ser abundante en las montañas colombianas y que hoy se protege por la tala que sufrió durante siglos.

Otro punto que conviene buscar es la colección de palmas de cera, el árbol nacional de Colombia, que en su hábitat natural del Quindío y el Tolima puede superar con holgura la altura de un edificio de varios pisos.

En el jardín se ven ejemplares jóvenes que permiten apreciar sus troncos lisos y blanquecinos. La zona de páramo, con frailejones de hojas peludas y plateadas, explica por qué estos ecosistemas de alta montaña son tan importantes para el agua que bebe la ciudad.

Completan el paseo la rosaleda, el jardín de plantas aromáticas y medicinales, con especies que se usan desde hace generaciones en la cocina y los remedios caseros colombianos, y los espejos de agua con plantas acuáticas.

Los carteles junto a cada colección ayudan a entender lo que se ve sin necesidad de guía, aunque el jardín también organiza recorridos guiados y talleres, sobre todo los fines de semana.

  • Bosque andino y robledal.

  • Colección de palmas de cera.

  • Sendero de páramo con frailejones.

  • Rosaleda y jardín de aromáticas.

  • Lagos y plantas acuáticas.

Curiosidades del jardín

Colombia es uno de los países con más especies de orquídeas del mundo, y una de ellas, la Cattleya trianae, es su flor nacional. En el jardín es habitual encontrarla en las colecciones especializadas, junto a otras orquídeas diminutas que pasan desapercibidas si no te acercas a mirarlas con calma.

Vale la pena detenerse en las vitrinas y en los troncos de los árboles, donde muchas crecen como epífitas, es decir, apoyadas sobre otras plantas sin parasitarlas.

El jardín también es un buen lugar para observar aves en plena ciudad. Entre los árboles es fácil ver copetones, la mirla de patas amarillas tan típica de Bogotá y varias especies de colibríes que visitan las flores.

Si te interesa la fotografía de naturaleza, las primeras horas de la mañana suelen ser las más tranquilas y con más movimiento de pájaros.

Por su labor científica, el jardín mantiene un herbario y bancos de semillas, y participa en la producción de buena parte de los árboles que se plantan en calles y parques de la capital. Es decir, muchas especies que ves en la visita acaban luego en los barrios de Bogotá.

Consejos para la visita

Bogotá está a unos 2.600 metros de altitud y el tiempo cambia rápido: una mañana soleada puede terminar con lluvia en pocos minutos. Lleva una chaqueta ligera, un impermeable o paraguas y protector solar, porque el sol de altura quema aunque la temperatura sea fresca.

El calzado cómodo es muy recomendable, ya que los senderos son largos y algunos tramos pueden estar húmedos o con barro tras la lluvia.

Para recorrer con calma las colecciones exteriores y el Tropicario conviene reservar al menos media jornada. Entre semana suele haber menos gente que los domingos y festivos, cuando muchas familias bogotanas eligen el jardín para pasear.

Las condiciones de acceso, los horarios y las tarifas del Tropicario pueden cambiar, así que lo mejor es consultarlos en la web oficial del jardín antes de ir.

Si viajas con niños, el jardín es una opción excelente: los espacios abiertos, los lagos y los invernaderos permiten combinar juego y aprendizaje. Lleva agua y algo de comer, o revisa con antelación qué servicios de cafetería están abiertos ese día.

Qué ver cerca

El jardín se encuentra en el occidente de la ciudad, junto al Parque Metropolitano Simón Bolívar, uno de los grandes pulmones verdes de Bogotá, con un lago, senderos y escenarios donde se celebran conciertos y festivales al aire libre.

Combinar ambos espacios en un mismo día es una buena manera de conocer la Bogotá más verde y relajada, lejos del ajetreo del centro.

A poca distancia está la Biblioteca Virgilio Barco, obra del arquitecto Rogelio Salmona, con sus rampas, espejos de agua y ladrillo característico, que merece una visita aunque no vayas a leer.

También en la zona de Ciudad Salitre queda Maloka, un museo interactivo de ciencia pensado para todas las edades, que encaja bien con el espíritu divulgativo del jardín.

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