Los 132 escalones del faro de Cabo Polonio y lo que se ve arriba

El Faro de Cabo Polonio es un monumento histórico erigido en 1881 sobre el promontorio rocoso oriental del parque. Con una altura focal de 39 metros sobre el Atlántico, su ascenso por 132 escalones de caracol brinda una amplia panorámica sobre las playas, la aldea y la lobería.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

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Javier da Silveira, Wikimedia Commons (CC BY-SA 3.0)

El histórico Centinela de los naufragios oceánicos

Emplazado en el punto más escarpado y agreste de la costa de Rocha en Cabo Polonio, este imponente faro fue construido para reducir los constantes naufragios provocados por los arrecifes y bancos de arena traicioneros del Atlántico Sur.

Su nombre suele asociarse a un naufragio ocurrido frente a estas costas en el siglo XVIII.

La torre, de piedra de sillería, emite un destello blanco cada 12 segundos, visible a decenas de kilómetros en alta mar.

Vistas panorámicas desde la linterna superior

Subir hasta la plataforma superior de la linterna recompensa con una de las panorámicas más completas de la costa uruguaya.

Hacia el norte se divisa la Playa de la Calavera y el colosal mar de dunas doradas del Cerro de la Buena Vista; hacia el sur, la inmensidad de la Playa Sur y, a los pies de la torre, los miles de lobos marinos descansando en las piedras.

Momento óptimo: Se recomienda subir en el primer turno matutino para evitar las ráfagas intensas de viento del sudoeste que suelen soplar por la tarde.

Una costa peligrosa y una red de faros

En el siglo XIX, la costa atlántica de Uruguay era el paso obligado de los barcos que entraban y salían del Río de la Plata, rumbo a Montevideo y Buenos Aires.

Era también un tramo temido: bancos de arena, puntas rocosas, islotes poco visibles y temporales repentinos provocaron numerosos naufragios frente a Rocha. Los restos de algunos de esos barcos todavía aparecen de vez en cuando en las playas o descansan bajo el agua cerca de la costa.

Para reducir ese riesgo, el país fue levantando a lo largo del litoral una cadena de faros que permitiera a los navegantes saber siempre dónde estaban. El de Cabo Polonio forma parte de esa red, junto a otros como los de La Paloma, José Ignacio o Punta del Este.

Cada uno tiene una señal luminosa propia, con un ritmo de destellos distinto, para que desde el mar se pueda reconocer cuál es cuál.

El de Cabo Polonio se ubicó sobre la punta rocosa que da nombre al lugar, la parte más saliente de este tramo de costa, desde donde su luz puede verse tanto por los barcos que vienen del norte como por los que llegan desde el sur.

Hoy sigue en funcionamiento como ayuda a la navegación y depende de la Armada Nacional.

La vida de los fareros

Durante décadas, mantener encendida la luz fue un trabajo que exigía presencia constante. Los fareros vivían junto a la torre con sus familias, en un lugar sin caminos ni servicios, y se encargaban de cuidar la lámpara, limpiar los cristales y vigilar que la señal no se interrumpiera nunca.

Las casas bajas que rodean el faro recuerdan esa época en que el puesto funcionaba casi como un pequeño pueblo dentro del pueblo.

Con la modernización de los sistemas de iluminación, el trabajo cambió y ya no requiere la misma dedicación permanente, pero el faro sigue siendo el centro simbólico de Cabo Polonio.

Para muchos vecinos fue durante años la principal referencia de la aldea, y su luz forma parte de la memoria de quienes crecieron en la zona.

Cómo es la subida

Cuando el faro está abierto al público, se sube por una escalera de caracol estrecha que gira por el interior de la torre. El ascenso no es largo, pero requiere ir con calma, sobre todo si coinciden personas que suben y bajan.

Arriba, la plataforma exterior que rodea la linterna está muy expuesta al viento, así que sujeta bien gorros, gafas y teléfonos, y ten cuidado si sufres vértigo.

Desde lo alto se entiende de un vistazo la geografía de Cabo Polonio: la aldea desordenada sobre la arena, las dos playas a cada lado de la punta, las rocas de la lobería justo debajo y, mar adentro, las Islas de Torres.

Con buena visibilidad, el campo de dunas se extiende hacia el norte hasta perderse de vista. Es el mejor lugar para entender por qué esta punta fue tan importante para la navegación.

Curiosidades del faro

  • Su señal es un destello blanco que se repite cada doce segundos; ese ritmo inspiró al músico uruguayo Jorge Drexler el título de su disco 12 segundos de oscuridad.

  • Por las noches, el haz que gira sobre el pueblo es la única luz potente de la aldea y se convierte en un reloj visual para quienes caminan por la playa.

  • El color de la torre no es solo una cuestión estética: los faros se pintan con colores y dibujos distintos para que también puedan reconocerse de día desde el mar.

  • Junto a la torre se conservan construcciones que formaron parte del complejo del faro y que ayudan a imaginar cómo era el lugar en sus primeros tiempos.

Consejos para la visita

Los horarios de apertura y el precio de la entrada pueden cambiar según la temporada y el estado del tiempo, y con viento muy fuerte la subida puede suspenderse, así que conviene consultar en la aldea o en la web oficial antes de ir.

En temporada alta se forman filas en las horas centrales del día; si llegas temprano o a última hora de la tarde la espera suele ser menor y la luz es más bonita para las fotos.

Calcula entre media hora y una hora para la visita, contando la espera, la subida y el rato en la plataforma.

Lleva calzado cerrado, porque el camino hasta la torre cruza rocas y arena, y algo de abrigo aunque el día sea cálido: arriba el viento se nota mucho más que en la playa.

Qué ver cerca del faro

Al bajar, basta con caminar unos pasos para asomarse a la lobería, en las rocas que rodean la punta; desde los miradores naturales puedes ver a los lobos marinos sin acercarte demasiado.

Después puedes elegir entre la Playa Sur, larga y abierta, para un paseo junto al oleaje, o la Playa de la Calavera, donde se encuentran las barcas de pesca y varios restaurantes para probar los buñuelos de alga.

Y si te quedas a dormir en la aldea, vuelve a mirar el faro cuando caiga la noche. Ver su haz girando sobre las casas a oscuras, con el cielo lleno de estrellas detrás, es probablemente la imagen que mejor resume Cabo Polonio.

Para saber más