Miles de lobos marinos en libertad al pie del faro de Cabo Polonio
La Lobería de Cabo Polonio es uno de los mayores santuarios de fauna marina de Sudamérica, ubicada en los roquedales al pie del faro y en las Islas de Torres. Alberga de forma permanente a miles de lobos marinos de dos pelos y leones marinos en libertad absoluta.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El espectáculo natural de la fauna atlántica
A escasos metros de la base del Faro de Cabo Polonio, los peñascos basálticos azuzados por el oleaje conforman un escenario salvaje donde habitan colonias masivas de pinnípedos.
Los viajeros pueden acercarse por pasarelas naturales de roca y contemplar cómo las madres amamantan a los cachorros y los grandes machos defienden sus territorios con rugidos guturales.
Las Islas de Torres y conservación del SNAP
Frente al cabo emergen tres pequeños islotes rocosos denominados Islas de Torres (Isla Rasa, Isla Encantada e Islote), dentro del Parque Nacional Cabo Polonio, donde descansan y se reproducen grandes colonias.
Regla de avistamiento: Está estrictamente prohibido arrojar comida a los animales, descender a las rompientes húmedas o intentar tocarlos; se debe mantener una distancia prudente.
Avistamiento de ballenas en temporada
Entre julio y octubre, las aguas que rodean la lobería sirven de paso migratorio para las ballenas francas australes, que a veces se acercan bastante a la costa.
Lobos finos y leones marinos: cómo distinguirlos
En las rocas de Cabo Polonio conviven dos especies de otáridos, la familia de los pinnípedos con orejas pequeñas visibles y aletas delanteras grandes que les permiten apoyarse y caminar en tierra.
Aunque a primera vista parezcan iguales, con un poco de atención se distinguen bastante bien, y aprender a reconocerlas hace la visita mucho más entretenida.
El lobo fino sudamericano, al que en Uruguay se llama lobo de dos pelos, es el más pequeño. Tiene el hocico más fino y puntiagudo, orejas algo más largas y un pelaje doble muy denso, con una capa interna que lo aísla del agua fría.
Fue precisamente esa piel la que lo convirtió durante siglos en objeto de caza. Suele verse en grupos numerosos, muy juntos sobre las rocas, moviéndose con bastante agilidad.
El león marino sudamericano, o lobo de un pelo, es más corpulento y tiene el hocico ancho y chato.
Los machos adultos son inconfundibles: mucho más grandes que las hembras, con el cuello y la cabeza cubiertos por una melena que recuerda a la de un león, de donde viene su nombre. Las hembras son más esbeltas y de color más claro.
Si ves un animal enorme de pecho ancho dominando una roca, casi seguro es un macho de esta especie.
Una historia de caza y recuperación
La relación entre Cabo Polonio y los lobos marinos viene de lejos. Desde la época colonial se cazaban por su piel y su grasa, y durante buena parte del siglo XX la faena se mantuvo como una actividad regulada por el Estado uruguayo, con instalaciones en esta zona.
De hecho, parte de los primeros pobladores estables de la aldea estaban vinculados a ese trabajo.
La caza comercial se abandonó a fines del siglo XX y, con la creación del Parque Nacional y la protección de las islas, la lobería se convirtió en lo que es hoy: un lugar de observación y conservación.
Las poblaciones de ambas especies están sujetas a muchos factores, como la disponibilidad de alimento, la pesca o las enfermedades, por lo que el seguimiento científico de las colonias sigue siendo importante.
El ciclo del año en la lobería
La actividad cambia con las estaciones. En verano, la temporada de reproducción, se concentran muchos animales en las islas: los machos establecen territorios, nacen las crías y las hembras se reparten entre la tierra y el mar para alimentarse.
En esa época es frecuente oír rugidos, ver peleas entre machos y observar a los cachorros, oscuros y torpes, buscando a sus madres.
Durante el resto del año la colonia sigue presente, aunque los movimientos son distintos y muchos animales pasan largos períodos en el mar. En las rocas al pie del faro casi siempre hay ejemplares descansando, sobre todo con buen tiempo, cuando salen a tomar sol.
De vez en cuando aparecen también otros visitantes marinos, como algún pingüino de paso durante el invierno.
Qué escuchar, oler y mirar
La lobería no se disfruta solo con la vista. Lo primero que suele llegar es el sonido, una mezcla de gruñidos, bramidos y llamadas entre madres y crías, y después el olor intenso, inconfundible, de la colonia.
Tómate tu tiempo: si te quedas un rato quieto en un buen punto de observación, empezarás a notar comportamientos que al principio pasan inadvertidos, como los animales que se rascan con las aletas, los que se lanzan al agua desde las rocas o los juegos de los jóvenes en las pozas.
Mira también hacia arriba y hacia el mar. Las rocas atraen gaviotas, cormoranes y otras aves marinas, y en los meses de invierno y primavera, con algo de suerte, puedes ver el soplido o la cola de una ballena franca no muy lejos de la costa.
Consejos para observar sin molestar
Lleva prismáticos o una cámara con zoom: te permiten ver detalles sin necesidad de acercarte.
No uses flash ni hagas ruidos para llamar la atención de los animales.
Si encuentras un cachorro solo en la playa, no lo toques ni intentes devolverlo al agua: muchas veces la madre está alimentándose en el mar y regresará; si parece herido, avisa a los guardaparques.
No subas a las rocas mojadas: son muy resbaladizas y las olas pueden sorprenderte.
Si viajas con perro, mantenlo lejos de la zona; los lobos pueden reaccionar de forma agresiva y transmitir enfermedades.
Calcula al menos media hora para disfrutar la lobería con calma, aunque es fácil quedarse más. La luz de la mañana temprano o del final de la tarde es la más agradable para las fotos y suele coincidir con menos gente en los miradores.
Qué ver cerca
La lobería está a los pies del faro, así que lo natural es combinar ambas visitas: desde lo alto de la torre se ve muy bien la distribución de los animales sobre las rocas y la posición de las Islas de Torres.
Después puedes caminar por la Playa Sur o la Playa de la Calavera y terminar el día en la aldea, o reservar una mañana para la caminata hasta el Cerro de la Buena Vista.
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