Getsemaní, callejones y murales en el barrio histórico de Pedro Romero
Getsemaní es uno de los barrios más bohemios y vibrantes de Cartagena de Indias, cuna de la independencia popular liderada por Pedro Romero en 1811. Famoso por sus coloridas casonas republicanas, murales de arte urbano y la animada Plaza de la Trinidad.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

El alma rebelde y popular de Cartagena
Cruzando el Parque Centenario desde el Centro Histórico de Cartagena, el barrio de Getsemaní conserva el calor humano de los vecinos sentados en las puertas de sus casas jugando al dominó y conversando bajo la brisa caribeña.
Murales de grafiti y la noche en la Plaza de la Trinidad
Pasear por la Calle de la Sierpe y el Callejón Angosto (con retratos pintados en sus paredes) permite admirar monumentales murales de grafiti que rinden homenaje a la herencia afrocolombiana, a las palenqueras y a la fauna de la costa.
Al caer la noche, la Plaza de la Trinidad se llena de vida: viajeros y locales se congregan frente a la iglesia colonial para degustar arepas de huevo, hamburguesas gourmet y cócteles tropicales mientras bandas callejeras tocan cumbia, champeta y salsa en vivo.
Café Havana: En la esquina de la Calle de la Media Luna opera Café Havana, el mítico templo de la salsa y el son cubano con orquestas en vivo hasta la madrugada.
Historia de Getsemaní, el arrabal de los artesanos
Durante la Colonia, Getsemaní era el arrabal de Cartagena: el barrio que quedaba fuera del recinto principal, al otro lado de un brazo de agua que lo separaba del centro.
Mientras en el corazón amurallado vivían los comerciantes ricos, los funcionarios y el clero, en Getsemaní se instalaron artesanos, carpinteros, herreros, pescadores, trabajadores del puerto y una población muy mezclada en la que tenían un gran peso las personas libres de origen africano. Esa composición social marcó para siempre el carácter popular del barrio.
Getsemaní no quedó desprotegido: también tuvo su propio tramo de murallas, y el acceso por tierra a la ciudad pasaba por aquí.
La antigua puerta de la Media Luna, que daba entrada desde el camino del interior, fue derribada a finales del siglo XIX, como otros tramos de muralla que se consideraban un obstáculo para la modernización.
Hoy la calle que lleva su nombre recuerda ese paso, que durante siglos fue la puerta terrestre de Cartagena.
El episodio más recordado ocurrió el 11 de noviembre de 1811. Los lanceros de Getsemaní, encabezados por el artesano Pedro Romero, se movilizaron hacia el centro para presionar a la junta de gobierno y exigir la independencia absoluta de Cartagena respecto de España.
Por eso el barrio se considera la cuna del movimiento independentista popular de la ciudad, y cada noviembre las fiestas de la independencia mantienen viva esa memoria.
Un paseo por sus calles y plazas
La mejor manera de conocer Getsemaní es caminar sin un rumbo fijo y dejarse llevar por sus calles estrechas. Las casas son en su mayoría de una o dos plantas, con fachadas pintadas de colores vivos, ventanas con rejas de madera o hierro, puertas antiguas y balcones cubiertos de buganvilias.
Muchas de ellas han pasado de vivienda familiar a hostal, café o pequeño hotel, pero todavía se respira vida de barrio, con niños jugando en la calle y vecinos que conversan al fresco al caer la tarde.
Entre las calles que más llaman la atención están la Calle de la Sierpe, la Calle del Pozo, la Calle Larga, la Calle de las Palmas y la curiosa Calle Tripita y Media, uno de esos nombres coloniales que despiertan la curiosidad del visitante.
Busca también la pequeña Plaza del Pozo, un rincón tranquilo donde se reúne la gente del barrio. Si te fijas en los detalles, verás placas, murales, frases pintadas y altarcitos que cuentan la historia de quienes viven aquí.
La Plaza de la Trinidad es el centro de la vida social. La preside la iglesia de la Santísima Trinidad, un templo colonial de fachada sencilla que es uno de los edificios religiosos más antiguos del barrio.
De día la plaza es tranquila y está llena de sombra; por la tarde se van sumando vendedores, músicos, artistas callejeros y familias, hasta convertirse en uno de los puntos de encuentro más animados de toda la ciudad.
Arte urbano con identidad propia
Los murales de Getsemaní no son simple decoración. Muchos nacieron de la iniciativa de artistas locales y de los propios vecinos como una forma de afirmar la identidad del barrio frente a los cambios que trajo el turismo.
Por eso abundan las imágenes de palenqueras, pescadores, músicos, ancianos del barrio, animales del Caribe y referencias a la herencia africana, junto con mensajes sobre la memoria y el derecho a seguir viviendo en el lugar.
En la ciudad se organizan recorridos guiados de arte urbano que explican quién pintó cada obra y qué significa, algo que añade mucho contexto al paseo.
Si prefieres ir por tu cuenta, recorre con calma las calles interiores y no solo las más transitadas: algunos de los murales más interesantes aparecen en paredes laterales o en rincones que se descubren al girar una esquina.
Pide permiso antes de fotografiar a las personas, sobre todo a los vecinos sentados en sus puertas.
Consejos para visitar Getsemaní
Getsemaní tiene dos caras y vale la pena conocer ambas. Por la mañana, con menos gente y una luz más suave, es el mejor momento para fotografiar fachadas y murales. A partir del atardecer el barrio se llena de vida, con bares, restaurantes y música en la calle.
Si puedes, visítalo dos veces: una de día para pasear y otra de noche para cenar y ver el ambiente de la Plaza de la Trinidad.
El calor de Cartagena es intenso casi todo el año, así que lleva agua, ropa ligera y protector solar, y haz pausas en algún café con sombra. Por la noche, como en cualquier zona muy concurrida, cuida tus pertenencias y mantente en las calles con movimiento.
Recuerda que es un barrio residencial: modera el volumen al volver tarde y respeta la tranquilidad de los vecinos, que son quienes mantienen viva su esencia.
Qué ver cerca del barrio
Desde Getsemaní, el Centro Histórico queda a pocos minutos a pie cruzando el Parque Centenario y el Camellón de los Mártires, hasta llegar a la Torre del Reloj, la entrada principal a la ciudad amurallada.
En el camino está el antiguo conjunto de San Francisco, uno de los primeros establecimientos religiosos de la ciudad, y muy cerca se encuentran el Centro de Convenciones y el Muelle de los Pegasos, en la zona del puerto turístico desde donde salen muchas excursiones a las islas.
En dirección contraria, el Castillo de San Felipe de Barajas se alcanza en un paseo corto o en un trayecto breve en taxi, así que es fácil combinar ambas visitas en una misma jornada: la fortaleza por la mañana temprano y Getsemaní por la tarde, cuando refresca y el barrio empieza a animarse.
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