¿Quién es Gertrudis, la vecina de bronce de la Plaza de Santo Domingo?

La Plaza de Santo Domingo es uno de los rincones más animados y románticos de la Ciudad Amurallada de Cartagena. Presidida por 'Gertrudis', la célebre escultura de bronce de Fernando Botero, alberga la histórica Iglesia de Santo Domingo, cuya construcción comenzó en el siglo XVI y concurridas terrazas de restaurantes.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Escultura en bronce de Fernando Botero y mesas al aire libre frente a la iglesia en la Plaza Santo Domingo
Edgar from Ibagué, Colombia, Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)

El corazón romántico y bohemio de la ciudad amurallada

En el centro monumental de Cartagena, la Plaza de Santo Domingo es el epicentro de la vida social vespertina y nocturna. Rodeada de casonas virreinales de dos plantas con balcones de madera tallada cubiertos de buganvilias, sus mesas al aire libre se llenan de velas al caer la noche.

La leyenda de Gertrudis y el templo dominicano

En medio de la plaza reposa 'Gertrudis', una monumental figura femenina recostada de bronce donada por el maestro Fernando Botero en el año 2000. Los viajeros cumplen con el ritual de frotar sus curvas pulidas con la creencia popular de que así volverán algún día a la ciudad.

Frente a ella se alza la Iglesia de Santo Domingo, con su torre inclinada y su portada renacentista de piedra. La leyenda local asegura que el diablo intentó derribar la torre al ver la devoción de los fieles, dejándola torcida para siempre.

Cena bajo las estrellas: Disfruta de una cazuela de mariscos al coco o un arroz con camarones en las terrazas de la plaza mientras los tríos de serenata tocan boleros y vallenatos acústicos.

Los dominicos y el origen de la plaza

La orden de Santo Domingo fue una de las primeras comunidades religiosas en establecerse en Cartagena, pocos años después de la fundación de la ciudad por Pedro de Heredia en 1533.

Los frailes levantaron al principio una iglesia modesta de materiales ligeros, como tantas construcciones de aquella Cartagena temprana, y un incendio que arrasó buena parte del caserío llevó a reconstruirla en piedra. Así nació el templo que hoy domina la plaza, considerado uno de los más antiguos de la ciudad.

La plaza se formó como el espacio abierto frente a la iglesia y el convento, y durante siglos fue un lugar de paso y de vida religiosa más que de ocio.

Su transformación en el punto de encuentro que conoces hoy es mucho más reciente: llegó con la recuperación del centro histórico, la declaración del puerto, las fortalezas y el conjunto monumental de Cartagena como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1984 y la llegada del turismo internacional a la ciudad amurallada.

Qué mirar en la iglesia de Santo Domingo

Fíjate primero en la fachada: es sobria, de piedra coralina, con una portada de líneas clásicas y muy poca decoración, muy distinta del barroco recargado que se ve en otros templos del continente. A los lados destacan los enormes contrafuertes que sostienen los muros.

La tradición local cuenta que se añadieron porque la cubierta pesaba más de lo previsto y las paredes empezaron a ceder, una historia que se repite a menudo en las visitas guiadas por el centro.

En el interior, la nave es amplia y fresca, un alivio después del calor de la calle. Lo más venerado es un Cristo crucificado tallado en madera, objeto de gran devoción entre los cartageneros, y un altar mayor que contrasta por su riqueza con la austeridad exterior.

La iglesia sigue abierta al culto, así que entra con ropa respetuosa, en silencio y evitando los momentos de misa si sólo vas a mirar.

Curiosidades de la plaza

Además de la leyenda del diablo y la torre torcida, la plaza guarda otros detalles curiosos.

Gertrudis, la figura de Botero, se ha convertido en una especie de mascota de la ciudad: tiene la superficie gastada y brillante justo en las zonas que los visitantes tocan para pedir volver a Cartagena, mientras el resto conserva la pátina oscura del bronce.

Es fácil distinguirlo si te fijas en la escultura con la luz de la mañana.

Junto a la iglesia se conserva el antiguo claustro del convento, un patio porticado de dos niveles que hoy acoge un centro de formación de la Cooperación Española y que a menudo programa exposiciones, conferencias y actividades culturales abiertas al público.

Muchos viajeros pasan por la plaza sin saber que, a pocos pasos, hay uno de los patios coloniales más bonitos y tranquilos de la ciudad. Si encuentras la puerta abierta, vale la pena asomarse.

Consejos para disfrutar la plaza

La plaza tiene dos caras muy distintas. A primera hora de la mañana está casi vacía, con la luz suave sobre la fachada de la iglesia y Gertrudis sin colas de turistas para la foto: es el mejor momento si te interesa la arquitectura o la fotografía.

Por la noche, en cambio, se llena de mesas, músicos, vendedores ambulantes y bailarines callejeros, y el ambiente es festivo y bullicioso.

  • Si cenas en una terraza, pide la carta con precios y revisa la cuenta: los locales de la plaza no suelen ser los más económicos del centro.

  • Los músicos que se acercan a las mesas esperan una propina si aceptas que toquen; si no te interesa, basta con decirlo con amabilidad.

  • El mediodía es la hora más calurosa y con menos sombra: aprovéchala para entrar en la iglesia o en algún museo cercano.

  • Lleva agua y protector solar aunque sólo vayas a pasear por el centro.

Para la plaza en sí basta con media hora, pero si sumas la iglesia, el claustro y una cena tranquila puedes dedicarle fácilmente una tarde entera sin moverte del barrio.

Qué ver cerca

Santo Domingo está en pleno corazón de la Ciudad Amurallada, así que todo queda a un paseo.

En pocos minutos llegas a la Plaza de Bolívar, con su parque arbolado y el Palacio de la Inquisición, y a la Catedral de Santa Catalina de Alejandría, cuya torre se ve desde muchos rincones del centro.

Las calles que salen de la plaza, con sus balcones floridos y sus nombres coloniales, son perfectas para perderse sin rumbo.

Si sigues hacia el norte, alcanzas el barrio de San Diego, más tranquilo y residencial, y la muralla con el baluarte donde se encuentran Las Bóvedas, antiguos almacenes militares convertidos en tiendas de artesanía.

Hacia el oeste, en cambio, la muralla mira al mar Caribe y es un lugar estupendo para ver la puesta de sol antes de volver a la plaza a cenar.

Un recorrido sencillo para una primera tarde en el centro puede empezar en la Torre del Reloj, seguir por la Plaza de los Coches y la Plaza de la Aduana, desviarse hasta la Plaza de Bolívar y terminar en Santo Domingo justo cuando se encienden las luces de las terrazas.

Así ves en pocas horas los principales espacios públicos de la ciudad colonial y llegas a la plaza en su momento más animado.

Para saber más