La catedral del Sagrado Corazón, gótico y art déco en hormigón blanco
La Catedral del Sagrado Corazón (Église du Sacré-Cœur) es una monumental basílica desconsagrada erigida entre 1930 y 1953 por el arquitecto Paul Tournon en el Parque de la Liga Árabe de Casablanca. Combina elementos del gótico tradicional con la vanguardia del Art Déco y hormigón armado blanco.
Por Daniel · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Construcción
- 1930-1953, del arquitecto Paul Tournon
- Estilo
- Neogótico monumental con estética Art Déco en hormigón blanco
- Uso actual
- Centro cultural municipal para exposiciones y conciertos
- Ubicación
- Bulevar Rachdi, junto al Parque de la Liga Árabe
Al borde del frondoso Parque de la Liga Árabe en Casablanca, la imponente silueta de la Catedral del Sagrado Corazón destaca como un faro de hormigón blanco inmaculado. Es un testimonio extraordinario del patrimonio arquitectónico de principios del siglo XX en Marruecos.

Hormigón blanco y estética gótica
El templo fue concebido para la numerosa comunidad católica europea afincada en la ciudad durante el Protectorado Francés.
Sus dos estilizadas torres gemelas de 33 metros de altura recuerdan tanto a los campanarios de las catedrales europeas como a la estructura vertical de los minaretes almohades, decoradas con celosías caladas en hormigón que tamizan la intensa luz del Atlántico.
Rehabilitación como centro cultural
Tras la independencia del país y el fin de su uso como lugar de culto, la nave diáfana fue restaurada por el municipio como espacio polivalente. Hoy alberga ferias del libro, desfiles de moda de vanguardia, bienales de arte contemporáneo y conciertos acústicos gracias a su extraordinaria reverberación sonora.
Paseo por el parque: Tras visitar la catedral, camina por la avenida central del Parque de la Liga Árabe, bordeada por hileras monumentales de palmeras canarias centenarias.
Una iglesia que tardó décadas en completarse
Aunque todo el mundo la llama catedral, el Sagrado Corazón fue en realidad una gran iglesia parroquial pensada para la población católica de Casablanca, que crecía al mismo ritmo vertiginoso que la ciudad durante el Protectorado.
El proyecto de Paul Tournon arrancó a comienzos de los años treinta, pero las obras avanzaron con lentitud por razones económicas y por la interrupción que supuso la Segunda Guerra Mundial, de modo que el edificio no quedó terminado hasta bastantes años después.
Esa larga construcción explica en parte su carácter singular: es un templo levantado cuando el hormigón armado ya permitía soluciones nuevas, y su arquitecto aprovechó el material para reinterpretar las formas de las catedrales góticas sin recurrir a la piedra.
Con la independencia de Marruecos y la marcha de buena parte de la comunidad europea, el edificio perdió su función religiosa y pasó a manos públicas, abriendo una nueva etapa como espacio cultural.
Qué mirar en la fachada y el interior
Empieza por la fachada principal, que es lo que más impresiona. Las dos torres se elevan como agujas sobre la entrada y están perforadas por un entramado geométrico de huecos que, a contraluz, parece un encaje.
Si te alejas unos metros hacia el parque, verás cómo la silueta vertical y las líneas escalonadas típicas del art déco se combinan con detalles que recuerdan la decoración geométrica del arte marroquí.
Si tienes la suerte de encontrarla abierta por una exposición o un evento, entra a ver la nave.
El espacio interior es alto y despejado, sin capillas laterales que lo compartimenten, y la luz entra filtrada por los vanos y las vidrieras, creando un ambiente muy distinto del de las iglesias de piedra europeas.
El paso del tiempo y los años de abandono han dejado huella en algunos elementos, lo que le da un aire melancólico que muchos fotógrafos buscan a propósito.
Casablanca, laboratorio del art déco
El Sagrado Corazón es una de las piezas más vistosas de un patrimonio que hace única a Casablanca: durante la primera mitad del siglo XX, la ciudad se convirtió en un campo de pruebas para arquitectos que mezclaban el art déco, el modernismo europeo y la tradición decorativa marroquí.
El resultado son bulevares enteros de edificios con balcones curvos, relieves en yeso, rejerías de hierro forjado y frisos de cerámica que todavía hoy definen el paisaje del centro.
Durante años buena parte de ese legado estuvo en peligro, y fueron asociaciones locales de defensa del patrimonio las que impulsaron su reconocimiento con rutas guiadas, jornadas de puertas abiertas y campañas de restauración.
Si te interesa el tema, visitar la iglesia y luego recorrer las calles del centro con la mirada puesta en las fachadas es una de las mejores formas de entender la historia moderna de la ciudad.
Curiosidades del edificio
El nombre puede despistar a quien conoce París: comparte advocación con la célebre basílica de Montmartre, pero no se le parece en nada.
Mientras la parisina es una mole de piedra con cúpulas de inspiración romano-bizantina, la de Casablanca es vertical, blanca y geométrica, hija de su época y de su material.
Otra curiosidad es que, pese a haber dejado de ser un lugar de culto hace décadas, sigue figurando como catedral en mapas, carteles y en el habla de los propios casablanqueses, que la consideran uno de los grandes iconos de la ciudad junto a la Mezquita Hassan II.
Consejos para la visita
Ten en cuenta que el edificio no funciona como un monumento con horario fijo de visita: su interior suele abrirse con motivo de exposiciones, ferias, conciertos u otros eventos, y en algunas épocas ha estado cerrado por obras de restauración.
Antes de ir, conviene consultar la programación cultural de la ciudad o preguntar en tu alojamiento si hay alguna actividad prevista.
Aunque no puedas entrar, la fachada y el entorno merecen la visita por sí solos.
La luz de la mañana y la de última hora de la tarde realzan el blanco del hormigón y los calados de las torres.
Para fotografiar el conjunto completo, aléjate hacia el parque y usa un objetivo angular si lo tienes.
Calcula unos treinta minutos para el exterior y algo más si coincides con una exposición.
La zona es tranquila y fácil de recorrer a pie desde el centro, y el tranvía pasa a poca distancia, lo que la convierte en una parada cómoda dentro de un paseo por la Ville Nouvelle.
Qué ver cerca
Lo más inmediato es el Parque de la Liga Árabe, el gran jardín urbano de Casablanca, perfecto para descansar a la sombra de sus palmeras después de la visita.
En sus alrededores se concentran cafés y algunos espacios dedicados al arte, y es habitual ver a familias y estudiantes pasando la tarde en sus avenidas.
Desde allí, en un paseo corto llegas a la Plaza Mohammed V, rodeada de edificios administrativos de estilo neomarroquí, y al bulevar del mismo nombre, donde se alinean muchas de las fachadas art déco más llamativas de la ciudad.
El Mercado Central queda en ese mismo eje, así que puedes terminar la mañana con un almuerzo de pescado. Si prefieres seguir con la arquitectura religiosa, la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, más moderna y conocida por sus grandes vidrieras, queda también relativamente cerca.
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