El Palacio Real de Casablanca y su explanada en el barrio de Habous
El Palacio Real de Casablanca es la residencia oficial del monarca marroquí en la capital económica del país, ubicado junto al barrio de Habous. Construido en la década de 1920 con jardines diseñados por Jean-Claude Nicolas Forestier, destaca por sus monumentales puertas ceremoniales metálicas y mosaicos.
Por Daniel · Publicado el 11 de septiembre de 2026
- Ubicación
- Barrio de Habous (Sureste de Casablanca)
- Acceso interior
- Cerrado al público (residencia real en activo)
- Construcción
- Años veinte por arquitectos franceses y maestros artesanos marroquíes
- Uso institucional
- Cumbres internacionales y recepciones de jefes de Estado
Símbolo de la soberanía alauí en la metrópoli moderna de Casablanca, el Palacio Real de Casablanca es una de las sedes palaciegas más suntuosas de Marruecos, habiendo acogido cumbres internacionales y visitas históricas de jefes de Estado y líderes religiosos.

Una fachada de refinamiento andalusí
Aunque el interior y sus fastuosos salones de banquetes no están abiertos al turismo por estrictos motivos de protocolo y seguridad, la plaza exterior permite contemplar la monumental entrada principal.
Los pórticos de arcos polilobulados están enmarcados por miles de piezas de azulejo zellige verde y dorado, custodiados con marcialidad por miembros de la Guardia Real marroquí.
Los jardines de Forestier
Los recintos palaciegos albergan jardines privados diseñados por el paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, que forman parte del recinto y no están abiertos al público.
Fotografías exteriores: Está permitido fotografiar la fachada monumental y las puertas desde la explanada pública, pero mantén siempre una distancia respetuosa respecto a los puestos de guardia militar.
Un palacio dentro de una red de residencias reales
Para entender qué estás viendo conviene saber que la monarquía marroquí no tiene una única residencia. El rey dispone de palacios en varias ciudades del país, entre ellas Rabat, Fez, Marrakech, Meknes o Tánger, y se desplaza entre ellos según la agenda oficial.
Cada uno de estos recintos, conocidos tradicionalmente como Dar al-Majzén, la casa del poder, cumple a la vez funciones residenciales, ceremoniales y administrativas, y todos comparten un lenguaje arquitectónico reconocible.
El de Casablanca refleja el peso que la ciudad adquirió durante el siglo XX.
Casablanca pasó en pocas décadas de ser un puerto modesto a convertirse en la capital económica de Marruecos, y era lógico que la monarquía contara allí con una sede propia para recibir visitas, celebrar encuentros y mantener presencia en el principal centro financiero e industrial del país.
Su función sigue siendo institucional, de modo que el interés del visitante se concentra en el exterior y en el barrio que lo rodea.
El barrio de Habous, el entorno del palacio
El palacio está pegado al barrio de Habous, también llamado Nueva Medina, una pieza urbana muy particular.
Se construyó durante el protectorado francés como un barrio de nueva planta que reinterpretaba la medina tradicional: calles peatonales, arcos, soportales, pequeñas plazas y casas encaladas, pero trazadas con un orden y una regularidad propios del urbanismo moderno.
El resultado es un conjunto armonioso, mucho más tranquilo que la antigua medina y muy agradable para pasear.
Habous y el palacio forman un mismo paisaje: las murallas y puertas del recinto real cierran uno de los lados del barrio y marcan el tono de toda la zona.
Por eso la mejor manera de visitar el palacio es integrarlo en un paseo más amplio, recorriendo primero las calles comerciales de Habous y acercándote después a la explanada para contemplar la fachada principal, en lugar de ir sólo a hacer una foto rápida de la puerta y marcharte.
Qué mirar desde la explanada
Lo más llamativo son las puertas monumentales, que siguen el modelo de las grandes puertas palaciegas marroquíes: hojas metálicas trabajadas con motivos geométricos, enmarcadas por arcos y por paneles de zellige y estuco tallado, bajo aleros de tejas verdes.
El verde es el color asociado tradicionalmente a la dinastía y al islam en Marruecos, y su presencia en las cubiertas de los edificios oficiales no es casual. Tómate tu tiempo para observar la geometría de los mosaicos y la simetría del conjunto.
También forma parte de la estampa la guardia que custodia los accesos, con sus uniformes de gala. Recuerda que no es un decorado sino un servicio de seguridad real, así que observa con discreción.
La explanada permite apreciar la escala del recinto y la extensión de sus muros, que dejan adivinar la presencia de jardines y patios interiores a los que el público no tiene acceso.
Las puertas metálicas trabajadas con motivos geométricos
Los marcos de zellige y estuco tallado
Las cubiertas de tejas verdes
La relación entre las murallas del palacio y las calles de Habous
Normas y protocolo frente al palacio
Al tratarse de una residencia real en uso, las normas son estrictas y conviene respetarlas. Fotografiar la fachada desde la zona pública suele estar permitido, pero evita acercarte demasiado a los accesos, no enfoques directamente a los guardias de forma insistente y no intentes posar junto a ellos.
Si alguien de seguridad te indica que te apartes o que guardes la cámara, hazlo sin discutir. Volar drones en las inmediaciones está fuera de lugar: en Marruecos su uso está muy restringido.
Cuando hay una visita oficial o el monarca se encuentra en la ciudad, el entorno puede cerrarse al tránsito o reforzarse la vigilancia, y entonces lo más prudente es dejar la visita para otro momento.
Vestir de forma sencilla y comportarse con discreción es suficiente; no hace falta ningún trámite para pasar por la explanada, simplemente sentido común y respeto por una institución que en Marruecos tiene un peso simbólico muy grande.
Consejos para la visita
La visita exterior del palacio es breve, de modo que lo ideal es combinarla con el barrio de Habous en una misma mañana o tarde. Las primeras horas del día son más tranquilas y la luz suave favorece las fotografías de la fachada.
Lleva calzado cómodo, porque lo mejor de la zona se descubre a pie, y algo de efectivo si piensas comprar en las tiendas del barrio. Para llegar, lo habitual es tomar un petit taxi desde el centro.
Qué ver cerca
En Habous merecen una parada el mercado de aceitunas y especias, las tiendas de artesanía y las librerías especializadas en libros religiosos y de cultura árabe, además de las pastelerías tradicionales que llenan el aire de olor a almendra y miel.
El edificio de la Mahkama del Pachá, antigua sede judicial y administrativa decorada con abundante trabajo artesanal, es otro de los puntos destacados del barrio, aunque su acceso no siempre está abierto al público.
Desde la zona puedes continuar en taxi hacia el centro moderno para ver la plaza Mohammed V y la arquitectura de los años veinte y treinta, o hacia el barrio de Oasis, donde se encuentra el Museo del Judaísmo Marroquí.
Si prefieres terminar el día junto al mar, la Mezquita Hassan II y el paseo de la Corniche quedan a un trayecto razonable en taxi, ideal para cerrar la jornada con el atardecer sobre el Atlántico.
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