La Mezquita Española, la colina para ver Chefchaouen al atardecer

La Mezquita Española (Bouzaafar) es un templo encalado construido en la década de 1920 por las tropas españolas en una colina al este de Chefchaouen. Aunque se usó muy poco para el culto, su explanada es el mirador más popular para contemplar la panorámica completa de la ciudad azul al atardecer.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Tiempo de caminata
20 a 30 minutos a pie desde el manantial Ras El-Maa
Dificultad
Baja (sendero empedrado con escalones suaves)

Subir a la colina de la Mezquita Española (Bouzaafar) es una experiencia obligatoria para todo viajero que visita Chefchaouen. Es la estampa panorámica más sobrecogedora del norte de Marruecos.

Sol poniente sobre la colina de la Mezquita Española con vistas a la silueta azul del pueblo de Chefchaouen.
Vesperal.vertigo (CC0)

Historia de un templo sin rezos

Edificada durante la época del Protectorado Español, en la década de 1920, con la intención de atraer a las comunidades locales, la mezquita no fue bien acogida por la población local al haber sido promovida por una potencia colonial europea.

Como consecuencia, el edificio permaneció desierto y hoy se conserva como un icono arquitectónico solitario sobre el valle.

El espectáculo cromático de la puesta de sol

A medida que el sol desciende tras las montañas del Rif, los tonos azules de la ciudad mudan del cobalto al añil oscuro, mientras las farolas amarillas de los callejones comienzan a encenderse una a una.

En ese instante preciso, los almuédanos entonan la llamada a la oración desde los distintos minaretes, inundando la cuenca con un conmovedor sonido estéreo.

Recomendación para el descenso: Lleva una pequeña linterna o la luz del teléfono móvil cargada para bajar por el sendero empedrado tras el anochecer hasta el manantial de Ras El-Maa.

El contexto: Chefchaouen en el Protectorado

Para entender la Mezquita Española hay que situarse en las primeras décadas del siglo XX. Chefchaouen, una ciudad que durante siglos había permanecido casi cerrada a los forasteros, quedó dentro de la zona del norte de Marruecos administrada por España.

Fue un periodo convulso, marcado por la guerra del Rif, en el que la ciudad cambió de manos y la población local vivió con desconfianza la presencia de las tropas y de la administración colonial.

En ese contexto, las autoridades españolas impulsaron obras públicas y edificios con los que buscaban ganarse a la población, y la mezquita de la colina fue uno de ellos.

El resultado fue el contrario al esperado: un templo levantado por una potencia extranjera difícilmente podía convertirse en lugar de oración para una comunidad tan apegada a su tradición religiosa como la de Chefchaouen.

Con el tiempo el edificio quedó abandonado, y solo décadas después se recuperó como mirador y referencia del paisaje.

La subida desde Ras El-Maa

El camino empieza junto al manantial de Ras El-Maa, en el extremo este de la medina. Tras cruzar el arroyo, un sendero empedrado y con escalones sube en zigzag por la ladera, entre olivos, matorral y algunas parcelas cultivadas.

La pendiente es constante pero corta, y a mitad de camino ya empiezas a ver la medina desde arriba, así que la subida se hace con muchas paradas para mirar atrás.

Por el camino es habitual cruzarte con vecinos que suben y bajan de las huertas, con cabras y, a veces, con jóvenes que venden bebidas o recuerdos. También puede que alguien se ofrezca a acompañarte; no hace falta, porque el sendero es evidente y difícil de perder.

Si caminar cuesta arriba no es lo tuyo, tómatelo con calma: no hay prisa, y cada recodo del sendero ofrece una vista algo distinta de los tejados azules y de las huertas que rodean la ciudad.

El edificio y qué ver desde la explanada

La mezquita es un edificio sencillo, blanco y de dimensiones modestas, con un minarete de planta cuadrada que se ve desde buena parte de la ciudad.

Su arquitectura sigue el estilo tradicional del norte de Marruecos, con muros encalados, arcos y tejado de teja, de modo que encaja en el paisaje de la montaña sin llamar demasiado la atención.

Lo más interesante, sin embargo, está fuera: la explanada que la rodea funciona como un balcón natural sobre el valle.

Desde allí puedes reconocer los principales puntos de la ciudad. Busca el ocre rojizo de la Kasbah en medio del azul, el minarete octogonal de la Gran Mezquita junto a la plaza Uta el-Hammam y la línea del arroyo que baja desde Ras El-Maa.

Detrás, las montañas del Rif cierran el horizonte, con las cumbres que dan nombre a la ciudad y las laderas que se adentran en el Parque Nacional de Talassemtane.

  • La Kasbah, fácil de distinguir por su color tierra.

  • La Gran Mezquita y su minarete octogonal.

  • Los barrios que trepan por la ladera hacia el este.

  • Las montañas del Rif que rodean el valle.

Curiosidades de la mezquita

Aunque se la conoce como Mezquita Española, entre los vecinos también se la conoce como mezquita de Bouzaafar.

Es una de las pocas construcciones de Chefchaouen que no está pintada de azul, y ese blanco es precisamente lo que la hace visible desde la medina, como un punto de referencia en lo alto.

Su historia de templo apenas usado la ha convertido en una especie de símbolo de la relación complicada entre la ciudad y el periodo colonial.

Hoy el lugar tiene una vida muy distinta. Al atardecer se reúnen en la explanada viajeros de muchos países, pero también familias y grupos de jóvenes de Chefchaouen que suben a pasar la tarde.

El ambiente es relajado y sociable, y es uno de los mejores momentos para charlar con gente local.

Consejos para la visita

Calcula una hora y media o dos para subir, disfrutar del mirador sin prisas y bajar. Si vas a ver la puesta de sol, sube con algo de antelación para encontrar sitio, porque la explanada se llena.

En verano evita las horas centrales del día, ya que el sendero está muy expuesto al sol y hay poca sombra. Lleva agua, calzado con buena suela y una prenda de abrigo ligera, porque al caer el sol refresca enseguida en la montaña.

El interior del edificio suele estar cerrado, así que la visita se centra en el exterior y en las vistas. Si subes por la mañana temprano encontrarás el lugar casi vacío y una luz suave sobre la medina, una alternativa tranquila para quienes prefieren evitar el ambiente concurrido del atardecer.

Qué ver cerca

La visita se combina de forma natural con el manantial de Ras El-Maa, donde empieza y termina el sendero: al bajar puedes sentarte en una de sus terrazas junto al agua.

Desde allí, en pocos minutos entras en la medina por el barrio de Souika, pasas por la plaza El Haouta y llegas a la plaza Uta el-Hammam, con la Kasbah, para cenar tras la caminata.