Muros de un metro y pisos de barro en la Casa de Nacarello
La Casa de Nacarello es una auténtica vivienda colonial portuguesa del período portugués ubicada en la Calle del Comercio de Colonia del Sacramento. Conserva sus muros y pisos originales de piedra, y una cocina conservada con sus utensilios.
Por Enrique P. · Publicado el 11 de septiembre de 2026

La vida doméstica colonial en el siglo XVIII
A pocos metros de la Calle de los Suspiros, la Casa de Nacarello es uno de los testimonios mejor conservados de cómo vivían las familias coloniales comunes durante la época portuguesa en Colonia del Sacramento.
Su interior recrea la vida de una familia portuguesa, con una cocina conservada con sus utensilios, y muebles que son réplicas de estilo portugués de la época.
El circuito de museos municipales
Con el pase único de museos se accede tanto a la Casa de Nacarello como al Museo Portugués, el Museo Español, el Museo Municipal Dr. Bautista Rebuffo y el Museo del Azulejo, todos ubicados en el Barrio Histórico, a pocos minutos a pie del Portón de Campo.
Detalle de la construcción: Conviene fijarse en los gruesos muros de piedra y en la forma en que se distribuyen los espacios.
Una casa nacida en una ciudad en disputa
Para entender por qué la Casa de Nacarello tiene tanto valor hay que mirar la historia de Colonia del Sacramento. La ciudad fue fundada en 1680 por el portugués Manuel Lobo, justo enfrente de Buenos Aires, en una orilla que España consideraba suya.
Esa ubicación convirtió a Colonia en una pieza clave del contrabando y de la rivalidad entre las dos coronas ibéricas, y durante casi un siglo pasó de mano en mano entre sitios, tratados y devoluciones.
En medio de esos vaivenes, las familias que vivían dentro de las murallas levantaban casas sencillas, pensadas para resistir el clima del río y, llegado el caso, un asedio.
La Casa de Nacarello pertenece a ese período portugués y es uno de los pocos ejemplos que permiten ver cómo era una vivienda corriente, no un palacio ni un edificio oficial, sino el hogar de gente común que convivía con la incertidumbre de una frontera.
Cuando Colonia quedó en manos españolas de forma permanente a fines del siglo XVIII, muchas construcciones se reformaron o se perdieron.
Que esta casa haya llegado hasta hoy con su estructura reconocible es parte de lo que hizo que el Barrio Histórico fuera declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995.
Cómo reconocer una casa portuguesa en Colonia
Uno de los juegos más entretenidos del Barrio Histórico es aprender a distinguir las casas portuguesas de las españolas, y la Casa de Nacarello es el mejor punto de partida. Las viviendas lusitanas suelen ser bajas, de una sola planta, con techos a dos aguas cubiertos de tejas de barro.
Las españolas, en cambio, tienden a tener azoteas planas rodeadas por un pequeño pretil.
Fíjate también en los muros: gruesos, de piedra unida con barro o cal, encalados en blanco y con aberturas pequeñas. Esa combinación no era un capricho estético.
Las paredes anchas mantenían el interior fresco en verano y abrigado en invierno, y las ventanas reducidas protegían la intimidad de la casa y ofrecían menos puntos débiles en una ciudad que vivía en alerta.
Una vez que identificas estos rasgos en la Casa de Nacarello, empiezas a verlos por todo el casco antiguo.
Caminar después por la Calle de los Suspiros o por los alrededores de la Plaza Mayor con esa mirada convierte el paseo en una pequeña lectura de la historia de la ciudad.
Qué mirar con calma durante la visita
La casa es pequeña y se recorre rápido, así que vale la pena detenerse en los detalles. Estos son algunos elementos en los que conviene poner atención:
El espesor de los muros en los vanos de puertas y ventanas, donde se aprecia mejor la técnica constructiva.
Las alacenas empotradas en la pared, una solución práctica para ganar espacio en una vivienda reducida.
La cocina con su fogón, que ayuda a imaginar la rutina diaria de una familia del siglo XVIII.
Los pisos de piedra, gastados por el uso, y la estructura del techo vista desde el interior.
El patio y la distribución de los espacios de la casa.
Más que buscar objetos llamativos, la gracia está en la escala humana del lugar. Es fácil imaginar cuántas personas compartían esas pocas habitaciones, cómo se cocinaba con leña y cómo se organizaba la vida alrededor del patio, lejos del ruido de los cañones y del movimiento del puerto.
Curiosidades de la casa y su entorno
La Casa de Nacarello suele aparecer en las fotos más clásicas de Colonia, porque su fachada blanca y su techo de tejas resumen la imagen que muchos viajeros tienen de la ciudad.
Sin embargo, buena parte de los visitantes pasa por delante sin entrar, convencidos de que es una vivienda particular más. Vale la pena cruzar la puerta.
Otra curiosidad es la forma en que el museo convive con el barrio. A diferencia de los grandes museos de capital, aquí no hay salas monumentales ni vitrinas interminables: la casa misma es la pieza principal.
Esa sencillez encaja con el espíritu del circuito de museos municipales de Colonia, formado por edificios pequeños repartidos por el casco antiguo, cada uno dedicado a una época o a un tema concreto de la historia local.
Consejos para la visita
Calcula entre 15 y 30 minutos para recorrer la casa con tranquilidad. Si piensas visitar varios museos del circuito, lo práctico es organizarlos en una misma mañana o tarde, ya que están muy cerca unos de otros y se recorren a pie.
Los horarios y las condiciones del pase de museos pueden cambiar según la temporada, así que conviene consultarlos en la web oficial de la Intendencia de Colonia o en la oficina de turismo antes de ir.
Las primeras horas del día y el final de la tarde suelen ser los momentos más tranquilos, sobre todo los fines de semana, cuando llegan muchos visitantes desde Buenos Aires en ferry.
Lleva calzado cómodo, porque las calles empedradas del Barrio Histórico son irregulares, y ten en cuenta que el interior de una casa colonial puede ser algo oscuro para hacer fotos sin flash.
Qué ver cerca de la Casa de Nacarello
La casa está en pleno corazón del Barrio Histórico, así que es fácil combinarla con otros puntos de interés.
A pocos pasos se encuentra la Calle de los Suspiros, la postal más famosa de Colonia, y muy cerca se abre la Plaza Mayor 25 de Mayo, rodeada de casonas históricas.
Desde ahí puedes seguir hacia el Faro y las ruinas del convento de San Francisco, subir al mirador para ver el casco antiguo desde lo alto y continuar hasta la Basílica del Santísimo Sacramento.
Si te queda tiempo, el Portón de Campo y las murallas cierran muy bien el recorrido, porque permiten entender cómo estaba protegida la pequeña ciudad portuguesa a la que perteneció esta casa.
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