Veleros y atardecer en el Puerto Viejo de Colonia del Sacramento

El Muelle de Yates o Puerto Viejo de Colonia del Sacramento es un pintoresco embarcadero náutico sobre la ribera oeste del casco histórico. Ofrece un apacible paseo sobre pasarelas de madera entre veleros anclados y una de las mejores puestas de sol de Uruguay.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Imagen del muelle de madera de Colonia del Sacramento. Foto del 27 de noviembre de 2005. en colonia-del-sacramento
No machine-readable author provided. Patricio.lorente assumed (based on copyright claims)., Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.5)

El refugio náutico del Río de la Plata

Ubicado en el resguardo natural de la bahía colonial de Colonia del Sacramento, el Puerto Viejo es el punto de amarre predilecto para navegantes deportivos que cruzan en veleros y yates desde Buenos Aires y el delta del Paraná.

El histórico muelle de tablas de madera se interna en las tranquilas aguas rioplatenses, ofreciendo un paseo romántico y sosegado amenizado por el balanceo rítmico de los mástiles y el graznido de las gaviotas.

Un mirador abierto hacia el horizonte

Sentarse al extremo del muelle con el mate en mano para contemplar la puesta del sol es un ritual muy habitual. En este punto la inmensidad del Río de la Plata parece un mar abierto, tiñéndose de tonalidades anaranjadas y púrpuras al ocultarse el sol tras las islas costeras.

Gastronomía en la ribera: A lo largo de la rambla que bordea el puerto se ubican acogedores bistrós con terrazas al aire libre donde degustar pescados de río, pastas caseras y tablas de quesos artesanales colonienses.

Cómo conectar la caminata

Desde el muelle se llega en pocos minutos a pie al Bastión del Carmen y al Centro Cultural municipal.

Un puerto con siglos de historia

El puerto fue la razón de ser de Colonia del Sacramento. Cuando los portugueses fundaron la ciudad en 1680, lo hicieron en este punto porque la península ofrecía una bahía protegida, frente a Buenos Aires y en plena ruta del Río de la Plata.

Desde aquí se movían mercaderías, soldados y también buena parte del contrabando que tanto preocupaba a las autoridades españolas de la otra orilla.

Con el paso de los siglos, el movimiento comercial se desplazó a instalaciones más modernas, y hoy los ferris que cruzan desde Buenos Aires llegan a una terminal distinta. La zona del Puerto Viejo, en cambio, quedó dedicada a la náutica deportiva y al paseo.

Eso le dio un ritmo pausado que contrasta con su pasado agitado: donde antes había barcos de carga y vigilancia militar, ahora hay veleros que se mecen y gente que camina sin prisa.

Al recorrer el muelle vale la pena recordar ese origen. La misma bahía que hoy sirve de refugio a embarcaciones de recreo fue durante mucho tiempo un punto estratégico disputado entre Portugal y España, y en buena medida explica por qué Colonia existe.

Qué ver en el paseo del muelle

El paseo es sencillo y se disfruta mejor sin un plan rígido. Lo interesante está en los detalles y en el ambiente que se crea entre el agua, los barcos y el casco antiguo. Estos son algunos puntos que no conviene pasar por alto:

  • Las embarcaciones amarradas, muchas con banderas de Uruguay, Argentina y otros países, que cuentan quién llega navegando hasta Colonia.

  • La vista del Barrio Histórico desde el agua, con el faro asomando por encima de los techos.

  • Las islas que se recortan en el horizonte, frente a la costa de la ciudad.

  • El color del río, que cambia con la luz y suele tener ese tono terroso típico del Río de la Plata.

Si te detienes un rato en el extremo del muelle, notarás cómo cambia el ambiente a lo largo del día.

Por la mañana predominan los navegantes preparando sus barcos y algún pescador; a media tarde llegan las familias y los grupos de amigos, y hacia el atardecer el lugar se llena de gente que busca el mejor ángulo para ver caer el sol sobre el agua.

Curiosidades del Puerto Viejo

Una de las cosas que más sorprende a quienes llegan por primera vez es la sensación de estar frente al mar.

El Río de la Plata es tan ancho que la otra orilla no se ve a simple vista desde Colonia, salvo en días muy claros, cuando a veces se distingue la silueta lejana de Buenos Aires.

Sin embargo, es un río: frente a Colonia el agua es dulce, y la influencia del mar se siente recién mucho más al este, hacia Montevideo y Punta del Este.

También es curioso ver cómo el puerto conecta a Colonia con el delta del Paraná y con la costa argentina.

Para muchos navegantes de la región, cruzar el río y amarrar aquí es una escapada clásica de fin de semana, de modo que el muelle funciona casi como una puerta de entrada alternativa a la ciudad, distinta de la terminal de ferris.

Por último, el muelle es uno de los mejores lugares para observar aves. Las gaviotas son las protagonistas, pero con un poco de atención también puedes ver otras aves acuáticas que se acercan a la costa, sobre todo en los momentos más tranquilos del día.

Consejos para disfrutar del muelle

El momento más buscado es el atardecer, y con razón: el sol se pone sobre el río, del lado oeste, y la luz tiñe de naranja los mástiles y el agua.

Si quieres un buen lugar para sentarte, llega con algo de tiempo, sobre todo los fines de semana y en verano, cuando el muelle y la rambla cercana se llenan de visitantes.

Lleva un abrigo liviano aunque el día sea templado, porque el viento del río puede refrescar mucho al caer la tarde. En verano, en cambio, conviene protegerse del sol: hay pocos lugares con sombra a lo largo del paseo.

Si viajas con niños, ten en cuenta que el muelle está junto al agua y conviene no perderlos de vista en los bordes.

Si te interesa navegar, pregunta en la zona por salidas en barco o paseos por la bahía. La oferta depende de la temporada y del tiempo, y los precios y horarios cambian, así que conviene consultarlos directamente con los operadores o en la oficina de turismo antes de organizarte.

Cómo combinar el muelle con el resto de Colonia

El Muelle de Yates encaja muy bien al final de un día de recorrido por el Barrio Histórico.

Una ruta cómoda es empezar por el Portón de Campo, cruzar el casco antiguo pasando por la Calle de los Suspiros y la Plaza Mayor, subir al faro y bajar luego hacia la costa para terminar en el muelle con la puesta de sol.

Muy cerca también tienes el Centro Cultural Bastión del Carmen, que ocupa una antigua instalación industrial junto a los restos de la fortificación, con su característica chimenea de ladrillo.

Desde allí puedes seguir caminando por la costa hacia el norte, por la rambla, si te quedan ganas de pasear un rato más junto al río.

Y si buscas dónde comer o tomar algo después, las calles que bajan hacia el puerto concentran varios restaurantes y cafés con terraza. Es una buena forma de cerrar la jornada sin alejarte del agua y mientras se encienden las luces del casco antiguo.

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