¿Cómo sobrevive un elefante tres días sin beber en el valle del Ugab?

Los elefantes adaptados al desierto que habitan los valles fluviales secos de Ugab y Huab en Damaraland constituyen una población zoológica excepcional de Loxodonta africana. Con patas más anchas para no hundirse en la arena suelta, una talla algo menor y una notable capacidad para pasar hasta tres días sin beber agua, son el mayor icono salvaje de la región.

Por

Hábitat
Cauces secos arenosos de los ríos efímeros Ugab, Huab y Aba-Huab
Población estimada
Unos pocos cientos de ejemplares adaptados al desierto en el noroeste de Namibia
Régimen hídrico
Excavan pozos en la arena seca de los cauces para llegar al agua subterránea
Modo de visita
Safari guiado en 4x4 con rastreadores locales experimentados

Encontrar una manada de elefantes del desierto caminando en fila india sobre los lechos de arena dorada de Damaraland es uno de los momentos cumbres de todo safari en Namibia.

Elefantes adaptados al desierto avanzando entre la vegetación y arena seca del valle del río Ugab.
Giles Laurent (CC BY-SA 4.0)

Una adaptación fisiológica y conductual portentosa

Aunque no constituyen una subespecie genética separada, estos elefantes han desarrollado adaptaciones morfológicas y conductuales únicas transmitidas de madres a hijas a lo largo de generaciones. Pueden recorrer hasta setenta kilómetros en una sola noche entre fuentes de alimento y conocen de memoria la localización de pozas subterráneas excavadas en el lecho fluvial.

A diferencia de los elefantes de sabana que derriban árboles con violencia, los elefantes de Damaraland comen con extrema delicadeza las vainas de acacia nutritivas sin desgajar las ramas principales, preservando el frágil equilibrio de su propio ecosistema.

Dónde y cuándo buscarlos

Los elefantes adaptados al desierto se mueven por los cauces de los ríos efímeros que atraviesan Damaraland y la región vecina del Kaokoveld, como el Ugab, el Huab, el Aba-Huab y, más al norte, el Hoanib.

Estos ríos sólo llevan agua en superficie durante breves periodos tras las lluvias, pero conservan humedad bajo la arena, lo que permite el crecimiento de árboles como las acacias y los mopanes, que son su principal fuente de alimento y sombra.

Su presencia en un tramo concreto nunca está asegurada, porque recorren grandes distancias y cambian de zona según la disponibilidad de agua y forraje. En la estación seca tienden a concentrarse cerca de los pocos puntos de agua y en los cauces con vegetación, lo que facilita encontrarlos.

Tras las lluvias, en cambio, se dispersan por un territorio más amplio. Por eso, en lugar de un lugar fijo, lo que se hace es seguir su rastro: huellas en la arena, excrementos frescos y ramas recién comidas.

El papel de la matriarca

Como en otras poblaciones de elefantes africanos, las manadas están formadas por hembras emparentadas y sus crías, guiadas por una hembra de mayor edad.

En un medio tan imprevisible, su experiencia es decisiva: recuerda dónde hubo agua en años de sequía, qué rutas son seguras y qué árboles dan fruto en cada momento. Los machos adultos, en cambio, suelen moverse solos o en pequeños grupos y se unen a las manadas de forma temporal.

Si durante la salida ves una manada en marcha, fíjate en quién va al frente y en cómo el resto ajusta su ritmo al de las crías.

En cuanto a la época del año, la estación seca, que coincide aproximadamente con el invierno austral, es la que ofrece más posibilidades de encuentro y temperaturas más llevaderas durante el día.

En los meses de lluvias el paisaje reverdece y resulta muy fotogénico, pero los animales están más dispersos y algunos cauces pueden volverse intransitables tras una tormenta.

Elefantes y comunidades: una convivencia difícil

En Damaraland los elefantes comparten territorio con comunidades de pastores y agricultores, y la convivencia no siempre es sencilla. En busca de agua, pueden dañar bombas, depósitos y tuberías, o entrar en huertos y corrales.

Para reducir esos conflictos, organizaciones locales y comunidades han construido muros de piedra alrededor de los pozos y puntos de agua, de modo que el ganado y las personas sigan teniendo acceso mientras los elefantes beben en abrevaderos alternativos.

Namibia desarrolló desde la década de 1990 un sistema de áreas de conservación comunitaria, conocidas como conservancies, que permite a las comunidades gestionar la fauna de sus tierras y beneficiarse del turismo.

Buena parte de los alojamientos y excursiones de Damaraland funcionan bajo este modelo, de manera que una parte de lo que pagas por un safari llega a la población local y refuerza el interés por proteger a los animales.

Cómo observarlos con respeto

Ver elefantes en libertad, sin vallas ni carreteras asfaltadas, es una experiencia intensa, y también una responsabilidad. Lo recomendable es hacerlo con un guía experimentado, que conozca a las manadas y sepa interpretar su comportamiento.

Si un elefante sacude las orejas, levanta la trompa hacia ti o da pasos hacia el vehículo, es señal de que te has acercado demasiado y hay que retirarse con calma.

  • Mantén siempre la distancia y deja que sean los animales quienes decidan si se acercan.

  • Permanece dentro del vehículo y habla en voz baja; nunca te acerques a pie.

  • Ten especial cuidado con las hembras que van con crías, que son las más protectoras.

  • No bloquees su camino ni los separes del resto de la manada, y evita rodearlos con varios vehículos.

  • No conduzcas por tu cuenta por los cauces arenosos sin experiencia: es fácil quedarse atascado y molestar a la fauna.

Otros animales del desierto

Las salidas en busca de elefantes suelen deparar otros encuentros. En las llanuras y colinas de Damaraland es habitual ver órices, con sus largos cuernos rectos, springboks, kudúes y jirafas que se alimentan de las acacias de los cauces.

Con suerte y buenos guías, en determinadas zonas de la región de Kunene pueden encontrarse también rinocerontes negros adaptados a estas condiciones, objeto de programas de protección muy estrictos.

Más al norte, en el valle del Hoanib y la Costa de los Esqueletos, viven leones que también han aprendido a sobrevivir en el desierto, aunque son mucho más difíciles de observar.

Entre las aves, los cauces con árboles concentran buena parte de la vida, así que lleva prismáticos aunque tu objetivo principal sean los elefantes.

Consejos para la visita

La forma más habitual de buscarlos es una salida en 4x4 desde alguno de los alojamientos situados cerca de los ríos Ugab, Huab o Aba-Huab, ya sea de medio día o de jornada completa.

Lleva agua, sombrero, protector solar y algo de abrigo para las primeras horas, porque las mañanas pueden ser frescas incluso en zonas tan áridas. Un teleobjetivo y una funda para proteger la cámara del polvo te serán muy útiles.

Para conocer precios, duración y disponibilidad, consulta directamente con los alojamientos o los operadores locales.

Qué ver cerca

El valle del Ugab marca aproximadamente el límite sur de Damaraland y está muy cerca del macizo del Brandberg, la montaña más alta de Namibia, famoso por sus pinturas rupestres, entre ellas la conocida como la Dama Blanca.

Hacia el norte, la zona de Twyfelfontein reúne los grabados rupestres declarados Patrimonio Mundial por la UNESCO, los Organ Pipes, la Montaña Quemada y el Damara Living Museum, mientras que el Bosque Petrificado queda en la carretera hacia Khorixas.

Combinar todo ello en dos o tres días permite ver la cara más completa de la región.

Planifica tu viaje por Damaraland y Namibia:

• Guía de Damaraland

• Valle de Huab

• Parque Nacional Etosha