Rinocerontes negros sin vallas en el valle del río Huab

El Valle del Río Huab es uno de los corredores biológicos desérticos más vírgenes de Damaraland. Libre de vallas y límites artificiales, alberga una de las mayores poblaciones de rinocerontes negros adaptados al desierto (Diceros bicornis) que sobreviven en tierras comunales no cercadas, protegidos heroicamente por la organización Save the Rhino Trust y guías locales damaras.

Por

Área de conservación
Conservaciones comunitarias de Torra y Doro !Nawas
Especie protegida
Rinoceronte negro del desierto adaptado a la aridez
Método de rastreo
A pie siguiendo huellas frescas con guardas de Save the Rhino Trust
Vegetación de sustento
Arbusto tóxico Euphorbia damarana (que el rinoceronte digiere sin daño)

El Valle de Huab es el territorio más salvaje y sobrecogedor de Damaraland. Este cañón desértico flanqueado por mesetas de arenisca roja encarna el triunfo de la conservación comunitaria en Namibia.

Imponentes planicies y formaciones montañosas del valle de Huab, hogar de rinocerontes negros.
Lidine Mia (CC BY-SA 4.0)

Rastreo a pie con Save the Rhino Trust

Participar en una expedición de rastreo a pie permite seguir los pasos de los veteranos guardas damaras que patrullan diariamente estos riscos.

Cuando se localiza un ejemplar pastando en las laderas, se observa a una distancia prudencial de seguridad y con el viento en contra para no perturbar su conducta.

Sorprendentemente, estos rinocerontes se alimentan de la Euphorbia damarana, una planta crasa cuyo látex lechoso es letal para la mayoría de los mamíferos pero que ellos metabolizan sin contratiempos para obtener valiosa agua en los meses secos.

Una historia de conservación comunitaria

Durante las décadas de 1970 y 1980, la caza furtiva golpeó con dureza a la fauna del noroeste de Namibia.

Los rinocerontes y los elefantes del desierto llegaron a estar al borde de la desaparición en la región, víctimas del comercio ilegal de cuerno y marfil y de años de sequía.

En ese contexto surgió Save the Rhino Trust, una organización dedicada a proteger a los últimos rinocerontes negros que sobrevivían en libertad fuera de los parques nacionales, en tierras sin vallas compartidas con las comunidades locales.

La clave del cambio fue implicar a la población. Se crearon figuras de vigilantes comunitarios, personas de las propias aldeas que conocían el terreno y se encargaban de controlar la fauna y de informar de cualquier actividad sospechosa.

Más tarde, la legislación namibia permitió la creación de conservancies, áreas comunales en las que los habitantes gestionan la fauna y reciben parte de los ingresos del turismo. Torra fue una de las primeras, y su ejemplo se extendió por todo Damaraland y Kunene.

El rinoceronte del desierto y sus adaptaciones

El rinoceronte negro que habita el Huab pertenece a la misma especie que el de otras zonas de África, pero ha desarrollado una forma de vida adaptada a un entorno extremo.

Recorre territorios mucho más amplios que sus parientes de la sabana, porque el alimento y el agua están dispersos, y es capaz de pasar varios días sin beber obteniendo humedad de las plantas que consume.

Su dieta incluye especies que otros animales evitan, como la euforbia que ya se ha mencionado, además de arbustos y ramas de acacia.

Es un animal ramoneador, que se alimenta de hojas y brotes, a diferencia del rinoceronte blanco, que pasta hierba. Su labio superior es puntiagudo y prensil, perfecto para arrancar ramas entre las espinas.

Suele ser solitario, salvo las madres con sus crías, y tiene fama de temperamental: ve mal, pero su oído y su olfato son excelentes. Por eso los rastreadores insisten tanto en mantener el silencio y en acercarse siempre con el viento en contra.

Otros habitantes del valle

El Huab no es sólo territorio de rinocerontes. Por su cauce seco se desplazan también los elefantes del desierto, que siguen los antiguos caminos entre las pozas y los árboles del lecho del río.

En las llanuras cercanas es posible ver órices, springboks, kudús, avestruces y jirafas, y con mucha suerte algún león del desierto, aunque son escasos y muy esquivos. Las aves rapaces, como las águilas, completan un elenco sorprendente para un lugar tan árido.

El propio paisaje merece atención. El cauce del Huab, flanqueado por árboles que aprovechan la humedad subterránea, contrasta con las laderas pedregosas y las mesetas de arenisca roja que lo encajonan.

Hacia el oeste, el río continúa su camino hasta desembocar en el Atlántico, en la Costa de los Esqueletos, aunque su agua sólo corre en superficie durante breves periodos tras lluvias intensas en el interior.

Cómo es una jornada de rastreo

Las salidas de rastreo suelen empezar muy temprano. Un equipo de rastreadores parte antes que los visitantes para buscar huellas frescas y, cuando localiza un ejemplar, avisa por radio al resto del grupo.

Entonces comienza el trayecto en vehículo todoterreno y, en la parte final, la aproximación a pie, en silencio y en fila, siguiendo las indicaciones del guía.

El tiempo que se tarda en encontrar un rinoceronte varía mucho: a veces es cuestión de una hora y otras se necesita casi toda la mañana.

Durante el avistamiento, lo habitual es permanecer agachado o quieto, hablar en voz muy baja y no usar el flash. Los drones están desaconsejados y, en general, no se permiten.

Los guías no comparten la ubicación exacta de los animales ni en redes sociales ni con otros viajeros, y te pedirán que desactives la geolocalización de tus fotos, una medida pensada para no facilitar el trabajo de los furtivos. Es un gesto sencillo que forma parte del compromiso de quienes visitan la zona.

Consejos para la visita

La forma más habitual de hacer el rastreo es a través de los alojamientos de las conservancies de la zona, que lo organizan junto con los rastreadores locales. Infórmate con antelación de las condiciones, porque las plazas suelen ser limitadas y los precios varían según el operador.

La estación seca, de mayo a octubre, facilita el seguimiento de huellas y concentra a los animales cerca de las fuentes de agua, mientras que en el verano austral el calor hace más exigentes las caminatas.

Viste ropa de colores neutros, como caqui, beige o verde apagado, y lleva calzado cerrado, sombrero, protector solar y agua. Unos prismáticos son muy útiles, y para la fotografía conviene un teleobjetivo, ya que nunca te acercarás mucho a los animales.

Prepárate para pasar varias horas en un vehículo por pistas muy irregulares; el paisaje compensa con creces cada sacudida.

Qué ver cerca

Desde el valle del Huab es fácil llegar a los grabados de Twyfelfontein, la Montaña Quemada y los Organ Pipes, que se pueden visitar en una sola jornada.

Hacia el sur, el valle del Ugab es otro buen lugar para buscar elefantes del desierto, y más allá se alza el macizo de Brandberg.

Hacia el norte se abre la región de Kunene, con paisajes aún más remotos y aldeas himba, y hacia el oeste, la Costa de los Esqueletos.

Si tu ruta continúa hacia el este, Khorixas y el Bosque Petrificado quedan a medio camino de Vingerklip y del Parque Nacional Etosha.

Así, el rastreo de rinocerontes encaja bien como el momento más salvaje de un recorrido que combina arte rupestre, geología y fauna en libertad, y ayuda a entender por qué la conservación comunitaria se ha convertido en una de las señas de identidad de esta parte de Namibia.

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