Cedro tallado en un caravasar: el Museo Nejjarine de Fez

El Museo Nejjarine de Artes y Oficios de la Madera ocupa un espléndido fondouk (caravasar de mercaderes) del siglo XVIII en la plaza Nejjarine de Fez. Situado en la medina de Fez, Patrimonio de la Humanidad, alberga tres plantas de galerías de madera de cedro con muebles ceremoniales, aperos, instrumentos y una terraza mirador.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Edificio
Antiguo caravasar de mercaderes (Fondouk) de 1711
Ubicación
Plaza Nejjarine, zoco de los ebanistas, Fez

En la animada plaza de los carpinteros de Fez, el Museo Nejjarine es un edificio histórico de la arquitectura civil de Marruecos. Su patio de tres alturas servía de posada y almacén para los comerciantes y sus caravanas.

Fuente monumental de azulejos zellige y alero de madera de cedro tallada en la plaza del Museo Nejjarine de Fez.
Josep Renalias (CC BY-SA 3.0)

La arquitectura del fondouk y la fuente

Frente al portalón de entrada del museo se encuentra la Fuente Nejjarine, una de las más conocidas de la ciudad imperial, decorada con mosaicos geométricos zellige y un gran alero de madera de cedro esculpida.

En el interior del edificio, las robustas balaustradas y columnas de cedro despiden un inconfundible aroma a resina natural.

Colecciones y azotea con cafetería

Las salas exhiben una colección variada de cunas tradicionales de recién nacido primorosamente pintadas, tronos nupciales (amarias), cerraduras de madera bereberes y tablas coránicas caligrafiadas. En la azotea superior funciona una tranquila tetería con vistas sobre los minaretes y las colinas que abrazan la medina.

Artesanos en directo: A la salida del museo, recorre los callejones del zoco Nejjarine para ver trabajar en directo a los maestros ebanistas torneando piezas de cedro aromático del Atlas con tornos tradicionales.

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Qué es un fondouk y por qué este es especial

La palabra fondouk designa a la posada urbana del mundo árabe, un edificio pensado para que el comerciante que llegaba con su recua pudiera dormir, guardar la mercancía y cerrar tratos sin salir de un mismo recinto.

En la planta baja se alojaban los animales y se almacenaban los fardos, mientras que las galerías de los pisos superiores daban acceso a las habitaciones de los viajeros.

Todo se organizaba en torno a un patio central, que hacía de lugar de carga, de descanso y de punto de encuentro entre gentes de procedencias muy distintas.

Fez conoció muchos edificios de este tipo, pero pocos han llegado hasta hoy tan completos como el de Nejjarine. El nombre procede de la palabra árabe que significa carpintero, y recuerda que este rincón de la medina ha estado vinculado desde antiguo a los oficios de la madera.

Cuando entres al patio, fíjate en cómo las galerías se superponen y se asoman al vacío central: la distribución es la misma que tendría en sus tiempos de posada, y ayuda a entender cómo funcionaba el comercio caravanero que unía Fez con el sur y con otras ciudades marroquíes.

La madera en el centro de la vida marroquí

Antes de recorrer las salas conviene tener presente que en la sociedad tradicional de Fez la carpintería no era un oficio menor.

Con madera se construían los techos artesonados de las casas, las puertas y celosías de las fachadas, los muebles de los acontecimientos familiares, las ruedas hidráulicas, las herramientas del campo y los instrumentos del trabajo diario.

Cada pieza se hacía a mano y a menudo con una función simbólica además de práctica, de modo que una cuna o un cofre de novia podían transmitir de una generación a otra la posición de una familia.

Cómo recorrer las salas

Lo más recomendable es seguir el edificio de abajo arriba, de manera que la visita termine en la terraza.

En las galerías encontrarás piezas de la vida doméstica, instrumentos de oficios artesanales y objetos de uso ceremonial, ordenados de modo que se aprecie la variedad de acabados: madera al natural, tallada, pintada, incrustada o combinada con metal.

Las cartelas ayudan a identificar cada objeto, aunque no siempre están en el idioma que esperas, por lo que no está de más llevar el traductor del móvil a mano.

La terraza merece una pausa. Desde allí se abre una vista de los tejados de la medina, con las antenas, las terrazas y los minaretes superpuestos, que ayuda a comprender la escala de una ciudad pensada para recorrerse a pie.

Es un buen sitio para situarte en el mapa antes de volver al laberinto de callejones y para identificar, a distancia, algunos de los edificios que quizá visites después.

La plaza y la fuente de Nejjarine

El museo no se entiende del todo sin la plaza que lo rodea. Es un espacio pequeño, con árboles, un ambiente de barrio y una fuente cubierta de cerámica que destaca por su revestimiento de azulejos y su alero de madera.

Las fuentes públicas cumplían en la medina una función muy concreta, pues abastecían de agua a los vecinos y eran un punto de reunión cotidiano, y esta es una de las más fotografiadas de Fez.

Consejos para disfrutar la visita

El museo es pequeño en comparación con otros de la ciudad, por lo que encaja bien en una mañana de paseo por la medina, combinado con otros puntos cercanos.

Si te interesa la artesanía, dedícale un rato largo a mirar los detalles de cada pieza en lugar de recorrerlo con prisa.

Antes de ir, consulta los horarios y los precios en la web oficial o en información local actualizada, porque cambian con facilidad y no se mantienen en una guía.