En Sade, quince generaciones de sasak viven bajo techos de alang-alang

Sade es una aldea tradicional conservada del pueblo indígena Sasak, situada en el centro de Lombok. Con más de 15 generaciones viviendo en el mismo asentamiento, conserva sus casas vernáculas de bambú y barro (Bale Tani) con techos de paja de alang-alang y sus famosos tejidos Songket.

Por · Publicado el 11 de septiembre de 2026

Ubicación
Rembitan, Pujut, Lombok Central (en la carretera principal al aeropuerto)
Población
Unas 700 personas pertenecientes a unas 150 familias Sasak emparentadas
Tradición artesanal
Tejido manual en telar de cintura de telas Songket e Ikat por las mujeres del pueblo

El guardián de las costumbres ancestrales Sasak

Habitada ininterrumpidamente desde hace siglos, la aldea de Sade permite conocer de cerca el modo de vida comunal de la etnia autóctona mayoritaria de Lombok en Indonesia.

Viviendas tradicionales de la etnia Sasak con techos cónicos de paja y paredes de bambú tejido en Sade, Lombok.
Midori, Wikimedia Commons (CC BY 3.0)

Arquitectura vernácula Bale Tani y graneros Lumbung

Las viviendas tradicionales 'Bale Tani' están construidas con entramados de bambú trenzado, vigas de madera noble y techos empinados de paja seca de alang-alang. Los suelos se elaboran con una mezcla tradicional de arcilla, paja y estiércol de búfalo que se pule periódicamente para mantener el interior impermeable y fresco.

En las plazas destacan los graneros elevados 'Lumbung' apoyados sobre cuatro postes con discos de madera para evitar la entrada de roedores al arroz cosechado.

El arte del tejido Songket y rituales matrimoniales

En los porches de las casas, las mujeres sasak tejen con paciencia en telares de madera antiguos magníficos sarongs 'Songket' con hilos de algodón teñidos con tintes vegetales naturales.

La visita a Sade es una parada ideal de camino hacia Kuta Lombok o Selong Belanak.

Quiénes son los sasak

Los sasak son el grupo étnico mayoritario de Lombok, con su propia lengua, sus tradiciones y una organización social basada en la familia extensa y la comunidad. Aunque hoy la mayoría de la población profesa el islam, en sus costumbres se mezclan creencias anteriores y rituales heredados de generaciones.

Sade, en el pueblo de Rembitan, se ha convertido en una de las ventanas más accesibles a ese mundo: una aldea compacta donde las casas se agrupan alrededor de pequeñas plazas y donde la vida cotidiana se desarrolla a la vista del visitante.

Conviene recordar que Sade no es un museo al aire libre, sino un lugar donde vive gente. Los vecinos cultivan, tejen, crían animales y reciben visitas como parte de su sustento.

Por eso es buena idea comportarse con discreción, pedir permiso antes de fotografiar a las personas o el interior de las casas y mostrar curiosidad sincera.

Muchas veces la visita se hace acompañada por un guía de la propia comunidad, que explica el significado de cada elemento y responde a tus preguntas.

Qué mirar durante el recorrido

Empieza fijándote en las cubiertas de paja, muy inclinadas y bajas, que dan a la aldea su silueta inconfundible. Dentro, las casas son oscuras y sencillas, con espacios separados para dormir, cocinar y recibir.

Los suelos se limpian con una mezcla que incluye estiércol de búfalo, una costumbre que sorprende a muchos viajeros pero que forma parte de la tradición local. Las paredes de bambú trenzado dejan pasar el aire, algo útil en un clima cálido y húmedo.

Los graneros elevados, llamados lumbung, son otra de las imágenes más reconocibles. Se levantan sobre postes y llevan discos de madera para dificultar el paso de los roedores, y la forma de su techo recuerda la de las viviendas.

Antes eran el verdadero tesoro de la comunidad, ya que guardaban la cosecha de arroz. Observa también cómo la disposición de las casas respeta jerarquías y relaciones familiares, un orden que no siempre se aprecia a simple vista.

Tejidos, costumbres y matrimonio

El tejido ocupa un lugar central en la identidad de Sade. En los porches verás a mujeres trabajando con telares de cintura, un oficio que se transmite de madres a hijas desde niñas.

Según la tradición, una joven debía saber tejer antes de casarse, y esa idea sigue muy presente en el discurso de la aldea. Los motivos geométricos y los colores de cada pieza tienen su propia lectura, y preguntar por ellos suele abrir conversaciones interesantes.

Si compras algún tejido, hazlo con calma y teniendo presente que cada pieza lleva muchas horas de trabajo.

Pregunta por los materiales y por el tiempo que ha costado hacerla, y no te sientas obligado a comprar: charlar con las tejedoras y mirar su trabajo también forma parte de la experiencia, y es una forma respetuosa de acercarte a sus costumbres.

Consejos y cómo combinar la visita

Sade queda cerca del aeropuerto internacional de Lombok y de la costa sur, de modo que encaja bien como primera o última parada del viaje. Desde allí puedes seguir hacia las playas de la zona, como Tanjung Aan o Selong Belanak, o hacia los miradores de las colinas del sur.

Evita las horas de más calor y, si puedes, ve temprano, cuando la luz es más suave y hay menos grupos. Lleva ropa discreta y calzado fácil de quitar, por si te piden descalzarte en alguna estancia.